En Mallorca hay un plato que, pese a su aparente sencillez, encierra toda una filosofía gastronómica: el variat mallorquín. Una combinación improvisada de tapas servidas en un mismo plato, que ha pasado de ser una solución práctica en bares y colmados a convertirse en un emblema de la cocina popular. Ahora, este icono culinario tendrá su propia celebración con la I Fira del Variat Mallorquí, que se celebrará el 27 y 28 de septiembre en la plaza de Pere Garau.
La cita no es solo una excusa para degustar este “batiburrillo exquisito”, como lo define Paquita Bonnín, presidenta del Mercat de Pere Garau, sino también un proyecto que persigue objetivos más amplios: dinamizar el barrio, impulsar el comercio de proximidad, reforzar el consumo de producto local y consolidar a Pere Garau como referente cultural y gastronómico de Palma.
El escenario elegido no es casual. Pere Garau se ha convertido en uno de los espacios más vivos de la ciudad: un mercado con fuerte arraigo en la venta de producto fresco y de proximidad, pero también un punto de convivencia multicultural. La fira pretende aprovechar esa vitalidad para ofrecer algo más que gastronomía: un espacio de encuentro social y cultural.
“Queremos atraer a la gente joven, que el nombre del Mercat de Pere Garau se escuche en toda Palma”, afirma Bonnín. Y el variat, en su diversidad de sabores, parece la mejor metáfora de lo que es hoy este barrio: mezcla, tradición y comunidad.
En su apartado culinario, la fira reunirá ocho casetas con nombres reconocidos de la restauración mallorquina —como La Llubinense, Bar Mónaco o Ca Na Martina—, además de foodtrucks y puestos de dulces. Más allá del disfrute gastronómico, esto significa también apoyo directo a bares y restaurantes locales que basan su propuesta en el producto de la isla.
Desde el Ajuntament de Palma y el Consell de Mallorca, impulsores del proyecto junto a la Agrupación de Vendedores de la Plaça de Pere Garau, la apuesta es clara: vincular la celebración gastronómica con el tejido económico del barrio y con la promoción del producto mallorquín como seña de identidad.
La programación refuerza esta visión de encuentro ciudadano: verbena, conciertos, gegants i xeremies, talleres infantiles, ball de bot, contacuentos y actividades culturales que acompañarán a las propuestas gastronómicas. Desde la sesión de DJ que abrirá la fiesta hasta los conciertos del domingo por la noche, el variat se convierte en el hilo conductor de una auténtica celebración popular.
Con esta primera edición, Palma incorpora una cita que aspira a repetirse cada año y que une tres dimensiones inseparables: gastronomía, cultura y economía local. El variat mallorquín se reivindica así no solo como un plato icónico de la isla, sino como parte de su identidad y como motor para dinamizar un barrio que quiere consolidarse como uno de los epicentros culturales y gastronómicos de la ciudad.
