El mercado del alquiler continúa tensionándose en Baleares y, de forma especial, en Palma. El precio de los arrendamientos en España cerró 2025 con un incremento interanual del 8,5 %, hasta situarse en una media de 14,7 euros por metro cuadrado, según los datos difundidos por el portal inmobiliario Idealista. En este contexto, Palma se consolida como la tercera capital de provincia más cara del país para alquilar una vivienda.
A cierre de diciembre de 2025, el coste medio del alquiler en Palma alcanzó los 18,3 euros por metro cuadrado, solo por detrás de Barcelona (23,8 euros/m²) y Madrid (22,7 euros/m²). La capital balear supera así a ciudades como San Sebastián (17,9 euros), Valencia (15,9 euros) o Málaga (15,8 euros), confirmando la fuerte presión del mercado residencial en la isla.
Además del elevado nivel de precios, Palma también registró una subida significativa a lo largo del año. El alquiler se encareció un 6,4% en 2025, una evolución similar a la de Valencia y por encima de otras grandes capitales como Málaga (4,7%), Bilbao (3,1%) o Barcelona (1,9%).
La tensión no se limita a la capital. Baleares se sitúa como la segunda comunidad autónoma con el alquiler más caro de España, con un precio medio de 19,1 euros por metro cuadrado, únicamente superada por la Comunidad de Madrid (20,8 euros). Por detrás quedan Cataluña (18,6 euros) y Canarias (15,3 euros).
En términos provinciales, Baleares figura también entre las zonas más caras del país, junto a Madrid y Barcelona, consolidando una tendencia que se mantiene en los últimos años y que dificulta el acceso a la vivienda en alquiler para amplias capas de la población.
Desde Idealista advierten de que el principal problema del mercado del alquiler es la escasez de oferta disponible. Según el portal, la competencia entre inquilinos es “terrible”, lo que provoca que muchas familias, aun pudiendo asumir el precio del alquiler, queden excluidas frente a perfiles considerados de menor riesgo por los propietarios. Una situación que en Palma y el conjunto de Baleares se traduce en precios elevados y un acceso cada vez más complicado a la vivienda.
