La entrada en vigor de la Ley de Movilidad Sostenible marca un punto de inflexión para el tejido empresarial español. La norma, diseñada para avanzar hacia la neutralidad climática en 2050, incorpora obligaciones directas para las empresas que deberán adaptarse en los próximos dos años.
El cambio más relevante es la obligación de que todas las compañías con centros de trabajo de más de 200 empleados —o 100 por turno— elaboren e implementen planes de movilidad sostenible. Estas estrategias deberán reorganizar los desplazamientos laborales, promover el uso del transporte público o compartido, y reducir la dependencia del vehículo privado. Para muchas organizaciones supondrá revisar turnos, rutas, aparcamientos, teletrabajo y acuerdos con operadores de movilidad.
Además de esta obligación general, las empresas podrían enfrentar nuevos costes asociados a la movilidad en función de las decisiones de los ayuntamientos. La ley habilita a los municipios a establecer tasas para los vehículos que superen los límites de emisiones en zonas de bajas emisiones, lo que puede impactar en flotas corporativas, servicios de reparto y transporte de personal.
El impulso gubernamental al uso de la bicicleta también se traducirá en ajustes logísticos: se prevé promover su utilización en el último tramo de distribución de mercancías, lo que obligará a algunas compañías a estudiar alternativas sostenibles de micro-logística urbana.
La norma incorpora, además, cambios que afectarán indirectamente a la planificación empresarial ligada al transporte. El Ministerio de Transportes evaluará la reducción de vuelos domésticos en rutas con alternativa ferroviaria inferior a dos horas y media, con posibles repercusiones en los viajes corporativos y en la movilidad de empleados entre sedes.
Por último, se restablecen los compromisos de puntualidad e indemnización de Renfe previos a julio de 2024, lo que mejora la previsibilidad y protección del viajero empresarial: retrasos de 15 y 30 minutos volverán a suponer reembolsos del 50 % y 100 % del billete en alta velocidad y larga distancia.
Con estos cambios, la movilidad corporativa se convierte en un eje estratégico de gestión. Para las empresas, adaptarse no solo será obligatorio, sino clave para mantener competitividad, eficiencia operativa y alineamiento con las políticas climáticas que marcarán la economía de los próximos años.
