Más de 400 estudiantes mallorquines participaron en la segunda edición de The Wave Generation, el programa educativo impulsado por la Fundación Iberostar para fomentar la conciencia ambiental entre los jóvenes. Su director, Alejandro Borrás, defiende que las nuevas generaciones están preparadas para liderar el cambio hacia un modelo más sostenible y reivindica la colaboración entre empresas, administraciones, ciencia y ciudadanía para proteger el futuro de Baleares.
-Tras celebrar este II Congreso The Wave Generation con más de 400 alumnos de Mallorca, ¿qué sensación le deja el encuentro? ¿Percibe un interés real de los jóvenes por liderar el cambio ambiental?
-Me voy con una sensación muy buena, muy esperanzadora. Cuando ves a más de 400 alumnos hablando de medio ambiente, presentando sus proyectos y defendiendo ideas que han trabajado durante todo el curso, te das cuenta de que hay una generación que no está mirando hacia otro lado.
A veces pensamos que a los jóvenes les cuesta implicarse, pero lo que hemos visto hoy demuestra justo lo contrario. Necesitan espacios, herramientas y confianza. Cuando se les da la oportunidad de observar su entorno, entender los problemas, conocer de primera mano a expertos en la materia y sentirse parte de la solución, responden con muchísima energía. Y eso, para nosotros, es lo más valioso de The Wave Generation.
"Lo que le ocurre al entorno natural acaba afectando también a nuestra forma de vivir y a nuestro modelo económico"
-Durante la jornada se habló mucho de sostenibilidad, biodiversidad y conservación marina. ¿Cuál cree que es hoy el principal desafío medioambiental al que se enfrenta Baleares?
-El gran desafío es entender que todo está conectado. El mar, la costa, el agua, la biodiversidad, el territorio y la calidad de vida de las personas forman parte del mismo equilibrio. En Baleares vivimos muy cerca de esa realidad: lo que le ocurre al entorno natural acaba afectando también a nuestra forma de vivir y a nuestro modelo económico.
Si tuviera que resumirlo, diría que el reto es cuidar mejor lo que nos hace únicos. No podemos dar por hecho que el mar o los ecosistemas que tenemos hoy estarán siempre ahí si no los protegemos activamente.
-Muchos expertos aseguran que el turismo del futuro deberá ser más limitado, más sostenible y más experiencial. ¿Comparte esa visión? ¿Está preparado el sector turístico balear para ese cambio?
-Es preciso apostar por un modelo de turismo positivo, consciente y muy conectado con la realidad de cada territorio. Baleares tiene mucho conocimiento turístico y una gran capacidad para liderar ese cambio positivo. El sector tiene que seguir evolucionando hacia un modelo en el que la calidad, la convivencia con la comunidad local y el cuidado del entorno estén en el centro.
-Iberostar lleva años posicionándose en sostenibilidad y turismo responsable. ¿Qué iniciativas concretas están teniendo un impacto real y medible dentro de la compañía?
-Lo importante para nosotros es que la sostenibilidad no se quede en una declaración de intenciones, sino que se traduzca en cambios reales dentro de los hoteles y también en los destinos. En Iberostar trabajamos para impulsar un modelo de turismo responsable. Nuestro movimiento Iberostar Wave of Change se articula en siete áreas de actuación: cuidado de las personas, compromiso con las comunidades locales, protección de la naturaleza, fomento de un consumo responsable de pescado y marisco, acción climática, avance hacia una experiencia más circular y crecimiento responsable.
Hay ejemplos muy concretos de nuestro compromiso. En acción climática, Iberostar cuenta con una hoja de ruta de descarbonización con objetivos validados por SBTi y trabaja para alcanzar la neutralidad de carbono en 2030. En esa línea, estamos incorporando soluciones como BRAIAN, un sistema de inteligencia artificial para optimizar el consumo energético de los hoteles sin comprometer el confort de los huéspedes.
También trabajamos en la restauración y protección de ecosistemas costeros. En el Caribe, por ejemplo, impulsamos un programa de restauración de arrecifes con viveros de coral y, en República Dominicana, hemos plantado más de 19.000 manglares. En el Mediterráneo, colaboramos con el IMEDEA en proyectos vinculados a la protección de la posidonia y al análisis de los efectos del cambio climático en la costa.
Y hay una tercera línea que me parece clave: la gestión responsable de los destinos. No se trata solo de mejorar lo que ocurre dentro del hotel, sino de colaborar con el territorio. Aquí es donde la Fundación Iberostar forma parte de esa visión, impulsando iniciativas como The Wave Generation, que nos conecta con las nuevas generaciones, escuchando sus inquietudes y ayudándoles a entender que el cuidado del entorno también se construye desde la educación, la ciencia y la participación local.
-La palabra sostenibilidad está hoy presente en cualquier estrategia empresarial. ¿Le preocupa que el exceso de discurso termine generando desconfianza entre ciudadanos y consumidores?
-Los clientes, los empleados y la sociedad en general son cada vez más expertos y conscientes de la necesidad de actuar de manera responsable. No basta con decirlo; es necesario tomar decisiones que impliquen planes de acción con impacto real.
Para nosotros es importante comunicar desde la transparencia, pero siempre respaldados por objetivos concretos, midiendo el impacto y reconociendo también que nuestra apuesta por un modelo de turismo responsable es un camino. La confianza se construye siendo coherente: explicando los avances, compartiendo los datos disponibles y colaborando con otros actores. El reto no es hablar menos de sostenibilidad, sino hablar mejor.
Después de escuchar a estudiantes y entidades ambientales durante el congreso, ¿qué le preocupa más del futuro que heredarán las nuevas generaciones en Mallorca?
Después de escucharles, me quedo con una idea muy clara: las nuevas generaciones tienen una enorme capacidad para mirar el territorio con sensibilidad, curiosidad y sentido de la responsabilidad. Hemos visto a jóvenes que entienden que Mallorca no es solo el lugar donde viven, sino un entorno que merece ser cuidado, conocido y protegido.
Creo que su futuro dependerá mucho de nuestra capacidad para acompañar esa mirada. Si les damos herramientas, conocimiento y espacios para participar, pueden convertirse en una generación muy preparada para impulsar soluciones. The Wave Generation nace precisamente con esa intención: ayudarles a conectar con su entorno y a sentirse parte activa del futuro de la isla.
"Lo bonito de la educación ambiental es que tiene un efecto multiplicador"
-La Fundación Iberostar trabaja mucho la educación ambiental. ¿Cree que el verdadero cambio frente al cambio climático se combate más desde las aulas que desde los despachos políticos?
-La clave está en que este reto se trabaje desde todos los ámbitos. Las aulas son fundamentales porque ahí se despiertan la curiosidad, la conciencia y la capacidad de mirar el entorno de otra manera. Pero también hacen falta decisiones públicas, compromiso empresarial, ciencia, innovación y participación ciudadana.
Lo bonito de la educación ambiental es que tiene un efecto multiplicador. Cuando un alumno entiende por qué es importante la posidonia, cómo funciona un ecosistema o qué papel tiene la biodiversidad en el equilibrio de una isla como Mallorca, empieza a relacionarse con su entorno de forma distinta.
Desde la Fundación Iberostar creemos mucho en esa combinación de aprendizaje, experiencia y emoción. Por eso The Wave Generation no se queda solo en el aula: incluye salidas a la naturaleza, talleres y proyectos que los estudiantes realizan mensualmente a lo largo del curso escolar, generando seguimiento, acompañamiento y espacios donde los jóvenes pueden expresar sus ideas.
-¿Cuál sería hoy su mensaje para el sector hotelero, las administraciones públicas y los agentes de cambio?
-Mi mensaje sería que tenemos una oportunidad enorme para trabajar juntos por el futuro de los destinos. El sector hotelero, las administraciones, la comunidad científica, las entidades sociales y la ciudadanía compartimos un mismo territorio y, por tanto, una misma responsabilidad.
Las empresas podemos aportar capacidad de gestión, innovación y recursos; las administraciones, planificación y visión pública; la ciencia, conocimiento; y la sociedad civil, conexión directa con la realidad del territorio. Cuando todo eso se une, las soluciones son más sólidas y tienen más recorrido.
En Iberostar creemos que el turismo puede ser una fuerza positiva si se construye desde la colaboración, la escucha y la visión de largo plazo. Y ese es el camino que tenemos que seguir reforzando.
-¿Qué le gustaría que aprendieran los jóvenes que participaron en The Wave Generation cuando recuerden esta experiencia dentro de unos años?
-Me gustaría que recuerden que su voz importa y que sus ideas pueden tener impacto. Que aquel proyecto que presentaron, aquella salida a la naturaleza o aquel taller no fueron solo una actividad realizada con el colegio, sino una forma de descubrir que también pueden formar parte de las soluciones. Para mí, uno de los mayores éxitos de este programa es que inspire a los estudiantes a orientar sus estudios hacia carreras científicas, especialmente las ciencias ambientales.
También me gustaría que se quedaran con una idea sencilla: cuidar Mallorca es una tarea compartida. Empieza en cada persona, pero se hace más fuerte cuando colaboramos. Si dentro de unos años recuerdan The Wave Generation como una experiencia que les ayudó a mirar su isla con más conciencia, más cariño y más ganas de actuar, para nosotros habrá cumplido su propósito.
