Mallorca quiere cambiar la forma en la que se mueve. La isla, que cada verano multiplica su población y su parque móvil, ha decidido actuar. El Consell insular está trabajando en una nueva Ley de Movilidad Sostenible que, si se aprueba, limitará a un solo vehículo por vivienda en el caso de los propietarios no residentes. Una medida con la que se busca recuperar aire, espacio y tiempo.
Carreteras saturadas y veranos colapsados
Quien haya intentado cruzar la isla en julio o agosto sabe que ya no hay horas valle. La congestión del tráfico se ha convertido en una realidad diaria, especialmente en los accesos a playas y zonas turísticas. Según los últimos datos, en 2023 llegaron a Mallorca por vía marítima más de 400.000 vehículos, el doble que hace apenas seis años.
Ante esta situación, el Consell ha decidido actuar. El borrador de la ley, que se presentará este mismo año, propone limitar la entrada de vehículos mediante varias fórmulas: topes anuales, tasas disuasorias para quienes no tributan en Baleares, y una de las medidas más llamativas: solo un coche por vivienda para no residentes. Es decir, quienes tengan una segunda residencia en la isla, solo podrán circular con un único vehículo fiscalmente domiciliado allí.
La intención es clara: reducir la presión del turismo motorizado, especialmente de quienes llegan en sus propios coches o alquilan varios durante sus estancias. Se quiere, también, dar aire al sistema viario y fomentar otros modos de transporte menos invasivos.
Entre quienes pasan temporadas largas en la isla —ya sea por trabajo, familia o vacaciones—, se empieza a notar un cambio de mentalidad. Muchos buscan vehículos sencillos y funcionales, sin excesos. En ese contexto, cada vez más personas valoran opciones como los Dacia de segunda mano en BYmyCAR.es: prácticos, económicos y sin complicaciones, tanto para moverse por Palma como para llegar a una cala sin dejarse el sueldo en gasolina.
Un transporte público que no termina de arrancar
El coche ha sido durante décadas el rey en Mallorca. Y eso se nota. Según la plataforma Mobilitat de Mallorca, la red pública de transporte está desfasada: fue diseñada en otra época, con otras prioridades. Hoy, en muchas zonas, sigue sin haber alternativas reales al coche privado.
Desde esta asociación ciudadana se plantean propuestas concretas: más trenes, mejores conexiones de bus, un metro de Palma rediseñado y servicios nocturnos que funcionen todo el año. En definitiva, un transporte público que no sea solo para quien no puede elegir, sino para quien sí quiere elegir.
Reacciones políticas y calendario
La propuesta de ley está impulsada por el Partido Popular, que gobierna el Consell con el apoyo de Vox. El objetivo es que se apruebe en el Parlament balear antes de que acabe 2025, para que entre en vigor en verano de 2026.
Eso sí, habrá excepciones: los residentes podrán tener más de un vehículo, al igual que los servicios de emergencia, las personas con movilidad reducida, los repartidores y quienes usen coches eléctricos. La norma no busca castigar, sino cambiar hábitos.
El mercado de segunda mano sigue creciendo
Mientras tanto, hay otro fenómeno que no pasa desapercibido: el auge del coche de ocasión. En un contexto de inflación, incertidumbre económica y escasez de vehículos nuevos, cada vez más personas optan por comprar un coche usado. En Mallorca, las ventas han crecido más de un 12 %, y modelos compactos y de bajo consumo están entre los más buscados.
La mayoría de las operaciones se centran en coches de menos de cinco años, aunque siguen dominando los vehículos con más de una década. El mercado de nuevos, por su parte, ha caído un 7 %, lo que refuerza aún más la tendencia hacia lo práctico, lo asequible y lo inmediato.
¿Puede exportarse este modelo a otras zonas?
Algunos se preguntan si esta medida de “un coche por vivienda” podría aplicarse en otras regiones. Por ahora, no hay movimientos en esa dirección fuera de Baleares. Eso sí, ciudades como Barcelona o Madrid ya han aplicado restricciones de acceso según la etiqueta ambiental, aunque sin llegar a limitar el número total de vehículos.
Mallorca podría convertirse, así, en un laboratorio de prueba para una política que busca algo más profundo: replantear la relación entre turismo y movilidad.
Cambiar el chip, más allá del volante
Esta nueva ley no es solo una norma de tráfico. Es una invitación a repensar cómo nos movemos y cómo vivimos la isla. A quienes la habitan todo el año y a quienes la visitan cada verano. Porque el tiempo que perdemos en atascos, el aire que respiramos y el espacio que ocupamos importan.
