La falta de accesibilidad en los edificios residenciales se consolida como uno de los grandes retos estructurales en Baleares. Según el primer Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios, apenas el 2% de los inmuebles del archipiélago está completamente adaptado para personas con movilidad reducida, lo que evidencia el amplio margen de mejora en el parque inmobiliario.
El informe pone cifras a una realidad cotidiana: el 98% de los edificios presenta al menos una barrera arquitectónica que dificulta el acceso desde la calle hasta la vivienda. Escalones en la entrada (48%), portales poco funcionales o ascensores no adaptados son algunos de los obstáculos más frecuentes.
Uno de los principales frenos para avanzar en esta adaptación es económico. El 84% de las comunidades de propietarios considera difícil asumir el coste de las reformas necesarias, lo que explica que el 84% de los edificios no haya realizado mejoras en los últimos dos años y que el 70% tampoco prevea hacerlo a corto plazo.
El problema no se limita a la ausencia de ascensores —inexistentes en el 24% de las fincas—, sino también a su falta de adaptación. Incluso cuando existen, siete de cada diez no garantizan un acceso adecuado a la vivienda. Factores como puertas pesadas (87%), botones a una altura inadecuada (85%), falta de espacio (78%) o tiempos de cierre insuficientes (83%) convierten el uso cotidiano en una carrera de obstáculos.
Las dificultades comienzan incluso antes de entrar al edificio. El 79% de los accesos desde la calle no es plenamente accesible, y en muchos casos una simple barrera como un escalón impide el paso. Además, cuando hay rampas, un 40% carece de elementos básicos como barandillas.
Dentro de los portales, casi la mitad de las fincas (47%) presenta problemas de accesibilidad. Aunque las puertas suelen ser anchas, en muchos casos resultan pesadas o no se mantienen abiertas el tiempo suficiente. A ello se suma que solo el 42% de los porteros automáticos está a una altura adecuada para personas en silla de ruedas y que tres de cada cinco buzones son inaccesibles.
El estudio también revela una brecha en la percepción social del problema. Mientras quienes no tienen dificultades de movilidad valoran la accesibilidad de sus edificios con un 6,2, esta nota desciende a un 4,7 entre quienes sí las padecen.
Desde la Fundación Mutua de Propietarios advierten de que, en un contexto de envejecimiento poblacional, la accesibilidad no debe verse como un coste, sino como una inversión estratégica. La falta de adaptación no solo limita la autonomía personal, sino que también condiciona el valor y la funcionalidad futura del parque residencial.
