Por primera vez, las bicicletas públicas de Palma llegan a los senderos universitarios. La Universitat de les Illes Balears (UIB) ya forma parte del mapa urbano de BiciPalma, ese entramado de estaciones que crece al ritmo de una ciudad que busca reconciliarse con su entorno y sus ritmos.
El alcalde, Jaime Martínez Llabrés, acompañado del rector Jaume Carot y otras autoridades, ha presentado la nueva red de estaciones en el corazón del campus, consolidando un avance que trasciende lo logístico para convertirse en símbolo de cohesión.
Seis estaciones ancladas directamente en la UIB y otras tres repartidas entre la carretera de Valldemossa y el barrio de Son Sardina abren nuevas rutas entre el conocimiento y la vida cotidiana. Por fin, los estudiantes podrán desplazarse desde el centro de Ciutat hasta sus aulas pedaleando entre árboles y aceras, sin depender del transporte público ni del vehículo privado. No es solo una mejora técnica: es una declaración de principios sobre el futuro de la movilidad en Palma.
Durante la presentación, el alcalde subrayó que esta ampliación del servicio es mucho más que un añadido logístico. “Este es un paso más dentro del modelo de ciudad que queremos, donde cada barrio, incluido el universitario, esté integrado en un tejido social y territorial compartido”. Un discurso que enlaza directamente con otras iniciativas ya en marcha, como la electrificación de la flota de la EMT o el proyecto de distrito de innovación en Nou Llevant, donde también llegarán las bicicletas públicas.
El gesto político y técnico es también una respuesta a una demanda que venía gestándose desde hace tiempo. La Vicerrectoría del Campus i Universitat Saludable, junto al Ajuntament, venía impulsando la necesidad de ofrecer alternativas sostenibles para una comunidad universitaria que se mueve —y mucho— cada día.
A partir de ahora, los desplazamientos entre facultades o hasta la estación de metro podrán hacerse de forma rápida y sin emisiones, conectando puntos clave como Son Lledó, las instalaciones deportivas o el edificio Arxiduc Lluis Salvador.
La tercera fase de BiciPalma no solo ha traído estas nueve nuevas estaciones a la zona universitaria; ha sumado, además, 150 bicicletas eléctricas a una red que ya cuenta con más de mil unidades, de las cuales casi la mitad son eléctricas. Con esta expansión, la flota alcanza los 1.080 vehículos, reflejando una clara apuesta por la transformación urbana a través de la movilidad sostenible.
Y no se detiene aquí. La cuarta fase ya asoma en el horizonte: 2026 verá cómo el litoral de Platja de Palma y el Passeig Marítim se visten de estaciones nuevas, con 18 puntos adicionales y 170 bicicletas más. La ambición del proyecto es clara: llevar la bicicleta pública a cada rincón estratégico, desde los barrios hasta las zonas turísticas, dibujando una ciudad conectada por pedales.
El servicio también ha evolucionado en sus funciones. Ahora puede ser utilizado por cualquier residente de Mallorca mayor de 16 años, más allá de los empadronados en Palma. A esto se suma la posibilidad de reservar bicicletas y el sistema overflow, que permite devolverlas aunque no haya anclajes disponibles en una estación concreta. Todo diseñado para facilitar el uso y adaptarse a la demanda creciente.
Los datos no dejan lugar a dudas. En los dos primeros meses del año, BiciPalma registró más de 2.200 nuevas solicitudes de alta, de las que casi 2.000 proceden de residentes. El número total de usuarios supera ya los 33.000, con más de 20.000 activos.
Palma avanza sobre dos ruedas hacia una ciudad más sostenible, más conectada y más humana. Y la UIB, ese pulmón de ideas en la falda de la Serra, se une ahora al latido urbano de la bicicleta pública. Una pequeña revolución que arranca en silencio, con el suave clic de un pedal.
