martes. 29.11.2022

Ostracismo social

¿Te has vacunado ya? Esa es la pregunta con la cual te dan la bienvenida por doquier hoy en día. Según la respuesta que das, se te condena al más absoluto ostracismo social. Atrás han quedado los tiempos cuando uno preguntaba: ¿Cómo estás?, ¿Cómo te encuentras? Ahora, la mayoría se arroga a ser juez del bien y del mal de toda la sociedad en función de unos parámetros sanitarios que se les escapan a quien te juzga (y al juzgado también, dicho de paso).

 

El ostracismo es, en la Antigua Grecia, el destierro, la exclusión a la que se condenaba a los ciudadanos que se consideraban malos para la soberanía popular. Esta exclusión social ha tenido flores tan extremos como los que conocemos de la persecución de los hugonotes bajo el reino de Louis XV o de los judíos y muchas otras minorías durante la inquisición o el III Reich.

 

Hoy día, los que se permiten seguir cuestionando la doctrina sanitaria actual, se exponen a un nuevo ostracismo del sigo XXI, a pesar de que esta y cualquier otra doctrina, sanitaria o no, ha de poder ser cuestionada. ¿Se adecuará la ley para que solo los buenos ciudadanos, los que han seguido la doctrina, puedan entrar en restaurantes y discotecas? ¿Se permitirá solo a aquellos buenos ciudadanos que hayan hecho su sacrificio para la sociedad en forma de haberse vacunado, a viajar por el mundo? ¿A los demás se les discriminará en forma de ostracismo, de aislamiento social, en forma de limitaciones a sus movimientos? ¿Realmente un régimen democrático puede llegar a estos extremos?

 

No solo hay que cuestionar los motivos de tan masificada campaña de vacunación. También hay que cuestionar la ética que mueve el destino geográfico de las vacunas, ya que el único criterio que parece mover al mundo sanitario es el económico, cuando lo que debería de prevalecer es el supuesto criterio sanitario.

 

Pero no solo tengo el dilema con el efecto borrego de los que siguen ciegamente el mandamiento de la inoculación y del aberrante desequilibrio en la tasa de vacunación entre el primero y tercer mundo. No menor es mi dilema con el abismo social que se está abriendo ante nuestros ojos. Familias, amigos, equipos de trabajo se están dividiendo por no querer aceptar posturas contrarias al “mainstream” en lo que a la vacunación se refiere.

 

Donde no se permite cuestionar, donde no se permite una opinión aunque ligeramente distinta a la impuesta por un gobierno que va a palos de ciegos, y esto va para la mayoría de los gobiernos, más necesidad de cuestionamiento hay. No podemos ni debemos aceptar imposiciones de tal calibre. No podemos ni debemos arrogarnos a juzgar a personas cuyos valores les obliga a escudriñar en lugar de simplemente obedecer.

 

Es nuestro deber estar abiertos a opiniones diversas, a escuchar y tomarnos en serio los que cuestionan, no a condenarlos al ostracismo por sus puntos de vista divergentes. Solo así hemos sido capaces, a lo largo de los siglos de avanzar como raza humana.

Ostracismo social
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