martes. 29.11.2022

Pedro Sánchez suspendió la asignatura de Matemáticas

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Desconozco si Pedro Sánchez era o no buen estudiante durante sus años en el colegio o el Instituto, pero, desde luego, de lo que no me cabe ninguna duda es de que la asignatura de matemáticas no era precisamente su fuerte.

 

Es difícil pensar otra cosa de quien se empeñó, hace tan solo algunos meses, tras las elecciones del 20 de diciembre, en hacernos creer que dos más dos suman seis, y escenificó un ‘paripé’ de opereta tratando de alcanzar una investidura para la que, como resultaba obvio desde el primer momento, carecía de los apoyos parlamentarios suficientes.

 

 Insisto: dos y dos suman cuatro, por mucho que el señor Sánchez, y su compañero de fatigas postelectorales, el señor Rivera, anhelaran otro tipo de ecuación.

 

Sin embargo, ni la nefasta experiencia de la investidura fallida, ni el ridículo supino que hizo entonces el candidato socialista, han servido para deponer su actitud. Pedro  Sánchez continúa extendiendo sus líneas de color rojo anaranjado en forma de ‘cordón sanitario’ contra el PP, sin darse cuenta de que con su obcecada actitud podría estar condenando a los electores españoles a una tercera cita con las urnas en menos de un año.

 

Dado que dos y dos suman cuatro, debería el señor Sánchez explicar cómo piensa hacerlo para llegar a la Moncloa marginando de entrada a la principal formación política de España. Como el mal alumno que se ve obligado a acudir a los exámenes de septiembre y de nuevo vuelve a suspender, el líder del PSOE parece irremisiblemente destinado a hacernos vivir otro ‘día de la marmota’, con escena del sofá al lado del señor Rivera, incluida.

 

Eso, salvo que las elecciones le permitan cruzar determinadas fronteras y acepte pulpo no ya como animal de compañía, sino incluso como agente inmobiliario. Por ejemplo, ¿Es consciente el señor Sánchez de que un pacto con Podemos y aledaños implicará la convocatoria de un referéndum independentista en Cataluña?

 

De las declaraciones del señor Sánchez a este medio digital, así como de otras muchas manifestaciones que le hemos podido escuchar en las últimas semanas, salta a la vista que su inquina hacia el PP no solo no ha menguado desde el pasado diciembre, sino que se ha acrecentado.

 

Nos acusa de recortar derechos sociales, de dejar al paire a quienes han sufrido la crisis económica en mayor medida, de desmontar el Estado del Bienestar del que los socialistas acostumbran a erigirse en fundadores y paladines.

 

La realidad, sin embargo, es muy distinta. El PP, con sus políticas serias y rigurosas, fiables y efectivas, ha conseguido que ese Estado del Bienestar que tan vehemente reivindica Sánchez, no sea hoy, en el caso de España, un recuerdo del pasado.

 

Porque sin las medidas llevadas a cabo por el gobierno de Mariano Rajoy, ciertamente impopulares a veces pero absolutamente necesarias de cara al interés general, ni la sanidad universal y gratuita, ni la educación pública, ni el resto de servicios y prestaciones puestos a disposición de los ciudadanos hubieran sobrevivido a la hecatombe a la que les condujo los infaustos años de Rodríguez Zapatero en la Moncloa.

 

Ahora, el PSOE ofrece a los ciudadanos las mismas recetas caducadas, pero con un chorro generoso de cianuro corrosivo.

 

Porque si Sánchez llega a ser presidente del Gobierno lo será con el apoyo de los sectores más extremistas, doctrinarios e intolerantes de la izquierda, y ni siquiera la aportación de una pequeña ración de edulcorante de color anaranjado hará desaparecer el regusto de una gestión que, sin duda alguna, equiparará a España no a los países avanzados y prósperos de Europa, sino a otros territorios que, con estas mismas recetas, se hallan abocados a la más devastadora ruina económica y social.

Pedro Sánchez suspendió la asignatura de Matemáticas
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