Quizás sea imaginación mía, pero cuando alguien fallece emergen las palabras bonitas, los homenajes, los reconocimientos y de pronto, quienes le rodeaban recuerdan su generosidad, su esfuerzo, la huella que dejó, etcétera.
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué esperamos a que alguien no esté para decirle lo que valía?
De verdad que no lo digo como crítica, lo digo porque yo mismo lo viví. La noche que acosté a mi padre por última vez, algo dentro de mí supo lo que iba a ocurrir, era una de esas certezas que uno preferiría no tener nunca. Llegué a casa, me senté junto a mi esposa y le dije: "No creo que mañana despierte mi padre” y mientras pronunciaba esas palabras, no lloraba solo por lo que iba a perder, lloraba por todo lo que nunca le había dicho
Mi padre no despertó y es que el tiempo no firma contratos con nadie. Desde entonces lo pienso mucho, en lo sencillo que es asumir que siempre habrá una próxima conversación, una próxima visita, un momento más adecuado para decir lo importante que ha sido esa pesona en nuestra vida.
Se suele decir que más vale tarde que nunca y es verdad, un homenaje sincero siempre tiene valor, aunque llegue con retraso, pero no debería convertirse en un argumento para seguir posponiéndolo. Porque el mejor homenaje no es el que se pronuncia cuando alguien ya no está, el mejor homenaje es el que recibe una persona mientras todavía puede emocionarse al escucharlo, mientras todavía puede sonreír, mientras todavía puede saber que su esfuerzo, su cariño o su ejemplo han tenido sentido.
Esto lo viví cuando la Asociación de Amigos de los Molinos hizo su comida de Navidad y le entregaron a mi madre una pequeña placa en homenaje a mi padre fellecido 10 meses atrás. Un homenaje que hubiese podido recibir mi padre en vida durante los más de 20 años que estuvo en la asociación de forma altruista.
Yo cometí el error de no decirle a mi padre lo agradecido que estaba por todas sus enseñanzas y oportunidades que me brindó en vida, pero quizá tú todavía puedas decírselo al tuyo o a tu madre o a ese amigo que estuvo cuando nadie más estaba o a esa persona que cambió algo en ti y probablemente ni siquiera lo sabe.
Tal vez hoy sea un buen momento para llamar, para escribir un mensaje, para decir "Te admiro." o simplemente "Qué suerte tuve de conocerte"
Puede parecer un gesto pequeño, pero para quien lo recibe, puede ser de esos momentos que no se olvidan. Pues es una realidad que lo único que realmente nos llevamos con nosotros, son las emociones compartidas y las palabras que tuvimos el valor de decir a tiempo.
