lunes. 03.10.2022

Los expertos

En este nuevo orden mundial en el que nos hemos visto inmersos de un día para otro ha surgido una nueva clase dirigente: los expertos. Los expertos que hacen a Pedro Sánchez primero negar el cierre total de actividad económica cuando se lo piden otros; luego imponerla él a los tres días; y luego volver a levantarla a partir del próximo jueves.

 

He hecho la prueba de poner en Google la expresión "Los expertos recomiendan", y he visto que hay un experto para todo. Hay expertos que recomiendan no pasar el día en pijama, depositar en el suelo los paquetes, planificar el ocio familiar en Semana Santa, dar a los niños responsabilidades y juegos, medidas “urgentes” para evitar la “quiebra” de muchos negocios, llevar mascarilla, no llevar mascarilla, incrementar la ciberseguridad en el teletrabajo, una dieta de fruta y verdura en el confinamiento, o mantener precios y flexibilizar cancelaciones ante el COVID-19.

 

Estos son mis expertos. Si no le gustan, tengo otros.

 

Esos expertos, esos seres etéreos, que recomiendan u ordenan, no lo tenemos muy claro, como tampoco tenemos claro quiénes son -y deberíamos tenerlo, pues hay que determinar en la cuenta de quién caen los errores que, sí, se están cometiendo-, ni a qué se dedican cuando no susurran en el oído de nuestras autoridades.

 

Creo que convendría saber quiénes son esos expertos, que les pongamos nombre o cara; pues parece que el Ejecutivo les ha subcontratado la acción de gobierno.

 

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Me llama un amigo, pequeño empresario de la hostelería, que da trabajo a siete u ocho personas. Está que trina con el Gobierno, o, mejor dicho, con los gobiernos. Dice que está siguiendo la prensa como nunca, escuchando cada comparecencia de los responsables nacionales y autonómicos en busca de alguna noticia que le dé esperanza. "Tanta palabrería y ni un euro de ayudas". Y, por supuesto, las cuotas cobradas puntualmente el día 1 como si aquí no pasara nada.

 

Este viejo amigo lamenta que todo lo que las autoridades ofrecen a las pymes y autónomos como él son préstamos. A bajo interés y con avales, sí, pero dinero prestado que más tarde o más temprano habrá que devolver. Ninguna ayuda. “Están aplazando el problema”, lamenta. Asegura que no está dispuesto a seguir con esta situación mucho más tiempo, porque cada mes que tiene el restaurante cerrado le cuesta varios miles de euros que salen directamente de los ahorros logrados varios años trabajando siete días a la semana, 50 semanas al año. “Si en un mes el Gobierno no anuncia cosas distintas yo lo tengo claro: cierro definitivamente, liquido a todos los trabajadores, y dentro de seis u ocho meses (porque la normalidad no llegará antes) ya veré si monto otra cosa. Y muchos empresarios piensan como yo". Mi amigo da gracias al cielo porque justo cuando se decretó el estado de alarma tenía dos negociaciones abiertas: una para adquirir la propiedad del local que tiene alquilado y otra para para pagar un traspaso para abrir un segundo restaurante.

 

Mi amigo es una ‘rara avis’ dentro de la hostelería, pues lleva sus cuentas "al pelo", como él dice. “El día 31 ya estaba ingresando el alquiler. Yo soy una excepción, porque la mayoría de los hosteleros que conozco están ‘empuados’ hasta las cejas. Pagan el alquiler de aquella manera y siempre llevan en danza a los proveedores, cogiendo material fiado que pagan cuando lo venden. Yo conozco a muchos que se han quedado con las cámaras llenas de producto que se les va a echar a perder y que aún no habían pagado”. Eso es una ‘trampa’ de muchos miles de euros, apunta.

 

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Semana 3 de confinamiento. No sé ustedes, yo empiezo a llevarlo regular. Llevo unos días sin salir a la ventana a aplaudir y la vecina que pone canciones ya no me hace tanta gracia. Ya no me interesan tanto las comparecencias de Pedro Sánchez y su pasarela de ministros, y tengo la sensación de que ya sé lo que van a decir: interminables argumentarios intentando explicar lo inexplicable, como hizo el otro día Yolanda Díaz, responsable de Trabajo, tratando de convencernos de que los que están en un ERTE no están en el paro.

 

Llamemos a las cosas por su nombre. Lo que se ha hecho con los despidos no ha sido prohibirlos, ha sido encarecerlos, lo cual significa castigar a las empresas. No se ha protegido a los que estaban en trabajo temporal, como demuestra el hecho de que, de los 800.000 puestos de trabajos destruidos que se anunciaron el otro día, dos de cada tres eran contratos temporales, y los datos de desempleo, siendo malos, no son ni la sombra de lo que vendrá el mes que viene. Veremos cómo es la pirueta ministerial entonces.

 

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Héroes. Sin duda nuestros sanitarios y cuidadores lo son. Estos días trabajan sin mirar el reloj ni el calendario, hace tiempo que se hicieron a la idea de que este año no tendrían vacaciones de Semana Santa o Fiestas de Primavera y se exponen cada día a un contagio en unas condiciones vergonzosas. También lo son nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, nuestros policías, nuestros transportistas, nuestros agricultores y ganaderos, los dependientes del supermercado y todos aquellos profesionales que estos días nos están ayudando a hacer la Renta o a tramitar los ERTE. Y los pacientes, que luchan por salir adelante ya sea en las camas de los hospitales o aislados en sus propias casas. Y permítanme aquí una pequeña licencia personal, para reconocer a Alicia, que lleva quince días aislada en una habitación, echándole todo el ánimo que puede, unas cantidades de paciencia sobrehumanas, e incluso animando al que debería animarla a ella. Ya queda menos. Exactamente, un día menos.

 

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