El próximo 28 de mayo se cumple un mes del mayor apagón eléctrico que ha vivido la península ibérica en décadas. Millones de ciudadanos de España y Portugal quedaron durante horas sin suministro, en un episodio que ha dejado tras de sí una maraña de interrogantes y apenas unas certezas. Lo que sí se sabe con seguridad es que fue un colapso sin precedentes... del que aún nadie puede explicar el origen.
Lo primero que ha quedado claro tras semanas de investigaciones es que no se trató de un único fallo, sino de una cadena de eventos que terminó por derribar el sistema. Lo segundo, según el Gobierno, es que no se debió a problemas estructurales del sistema eléctrico: ni falta de cobertura, ni de reserva, ni debilidades en el mallado de redes. Y lo tercero, también descartado, es el temido ciberataque. Pese a que esa posibilidad se deslizó en los primeros momentos del apagón, no hay evidencia alguna de intrusión digital ni en Red Eléctrica ni en los centros de control regionales.
Una desconexión en cadena que arrasó con todo
Los detalles técnicos, aunque complejos, revelan una secuencia crítica. Según la cronología presentada por la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, a las 12:30 de aquel lunes, el sistema peninsular registraba una demanda razonable: poco más de 25.000 megavatios. Apenas unos minutos después, tres eventos casi simultáneos en Granada, Badajoz y Sevilla dispararon una pérdida de generación de 2,2 gigavatios en solo 20 segundos.
Esta abrupta caída desencadenó un proceso en cascada, desconectando zonas enteras por sobretensión. El sistema se aisló del resto de Europa y, aunque se activaron los seis umbrales de emergencia (el llamado sistema de deslastre), nada pudo frenar el colapso. A las 12:33:33, España y Portugal estaban a oscuras.
Choque de versiones entre eléctricas y autoridades
Mientras el comité técnico sigue sin conclusiones claras, las grandes eléctricas agrupadas en Aelec (Iberdrola, Endesa, EDP...) han alzado la voz. En un comunicado reciente, exigen que se investiguen las violentas variaciones de tensión detectadas no solo ese día, sino también en fechas anteriores, como el 22 y el 24 de abril. Alegan que dichas oscilaciones provocaron desconexiones automáticas en infraestructuras críticas como la refinería de Cartagena o líneas ferroviarias de alta velocidad.
Desde Red Eléctrica lo niegan tajantemente: los parámetros de tensión estaban dentro de los márgenes legales y no hay evidencia de que esas oscilaciones estén relacionadas con el apagón. También subrayan que cada día tiene una configuración distinta de red, por lo que no se puede establecer una correlación automática.
La política entra en juego
Como era de esperar, la tormenta ha llegado a las instituciones. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha tenido que dar explicaciones en el Congreso. Y la ministra Aagesen ha comparecido tanto en la Cámara Baja como en el Senado. A pesar de las presiones de los grupos parlamentarios, el Ejecutivo insiste: el volumen de datos a analizar es colosal y no habrá conclusiones serias hasta dentro de meses.
Sin embargo, la falta de respuestas ha obligado al Senado a aprobar ya una comisión de investigación, mientras el Congreso se prepara para hacer lo mismo esta semana, con propuestas impulsadas tanto por el Gobierno como por la oposición.
¿Y ahora qué?
La península ibérica vivió un apagón masivo que nadie ha podido explicar aún. Un mes después, entre informes técnicos, reproches políticos y silencios incómodos, sigue faltando lo más importante: saber por qué ocurrió y cómo evitar que vuelva a repetirse.
El cero eléctrico del 28 de abril no solo apagó la luz. Encendió todas las alarmas sobre la fragilidad de un sistema que, aunque moderno y avanzado, demostró que también puede caer sin aviso... y sin culpables a la vista.
