¿Es el mar solo un decorado para las vacaciones de verano? ¿O es, quizá, ese lugar donde los vientos dictan el compás, y cada maniobra nos enseña a observar, adaptarnos y dejar atrás el ritmo frenético de tierra firme? Para Quim, fundador de Vela Nómada, la respuesta es clara: "Navegar no es solo izar velas, es aprender a vivir".
Nos sentamos a conversar con el propietario de la empresa de alquiler de veleros Vela Nómada en Palamós, corazón de la Costa Brava, para entender por qué cada vez más personas encuentran en la navegación a vela algo mucho más profundo que un simple paseo a bordo de un velero.
-Quim, Vela Nómada lleva años ofreciendo experiencias a bordo. ¿Qué mueve a una persona a alquilar un velero en lugar de quedarse en tierra?
-Es otro mundo. En tierra tienes horarios, ruidos, obligaciones. En el mar estás sujeto al viento, a las mareas, al ritmo de la naturaleza. Quién alquila un velero busca dejar atrás la prisa y cambiarla por la serenidad que da estar a bordo, gobernar el timón, trimar las velas, escuchar cómo el casco corta el agua. Es una conexión real con la naturaleza.
Mucha gente piensa que todo esto es un lujo solo al alcance de unos pocos. ¿Es así?
Ese es uno de los grandes errores. Si reúnes un grupo de amigos o familiares, alquilar un velero puede costar lo mismo, o incluso menos, que unas vacaciones en un hotel. Pero lo importante no es solo el precio, es la vivencia. Fondear en una cala solitaria, cocinar a bordo, turnarse para las guardias nocturnas si haces travesía… Son recuerdos que no tienen comparación.
¿El público habitual es un usuario con experiencia navegando?
Para nada. Muchos clientes y clientas no han pisado nunca una cubierta. Algunos quieren aprender lo básico, diferenciar un génova de una mayor, saber cuándo rizar una vela o practicar las distintas maniobras. Otros solo quieren relajarse mientras un patrón profesional se encarga de todo. Nosotros adaptamos la experiencia al nivel y las ganas de cada tripulación.
-Para quienes se inician en el mundo de la vela, ¿Qué recomendarías?
-La Costa Brava es perfecta, calas resguardadas, previsiones de viento y ola fiables, distancias razonables para llegar a los destinos navegando a vela... Las Baleares también son fantásticas en ese sentido. Pero, sinceramente, lo importante no es tanto la carta náutica como la actitud con la que zarpas.
-¿Y cómo se manejan los riesgos del mar? Porque desde tierra, puede imponer mucho respeto.
-El respeto es fundamental. Antes de salir, siempre hay que estudiar el parte meteorológico, trazar una derrota clara, y revisar que todo en el velero esté listo para navegar. En cubierta, cada uno tiene su rol, y la seguridad está por encima de todo. Como decimos los patrones, si crees que ya deberías haber rizado vela, probablemente llegas tarde.
-¿Qué es lo que más te ha enseñado el mar?
-Que no puedes imponerle tu voluntad. En tierra creemos que lo controlamos todo, pero en el mar, el viento y la ola tienen la última palabra. Navegar me ha enseñado a ceder, a ser paciente, a trabajar en equipo. A bordo, nadie es más que nadie, el patrón puede dar órdenes, pero sin una tripulación atenta, no se llega a buen puerto.
-¿Cómo ves el futuro del chárter náutico en España?
-Está creciendo porque cada vez más personas buscan experiencias genuinas, no solo turismo de postal. Pero tenemos que hacerlo bien, respetar los ecosistemas, evitar fondeos masivos que destrozan los fondos marinos y concienciar a quién quiera introducirse. Si no cuidamos el mar, lo que hoy nos maravilla será solo un recuerdo para quienes vengan después.
