lunes. 28.11.2022

Cantando bajo la lluvia

Aunque algunas de las medidas aparentes de su “decálogo urgente para el cambio” ya se han ejecutado, la ciudad de Palma de Mallorca no ha experimentado la mejoría que aseguraba el pacto de gobernabilidad. Justo al contrario,  el objetivo de pobreza cero, el plan de ocupación digna, el de choque de limpieza viaria y el de potenciación de las rutas gastronómicas, culturales y  las actividades deportivas o de preservación de los barrios con valor diferencial y atractivo turístico están muy lejos de ver la luz. Es obvio que la legislatura acaba de comenzar y, si las tensiones internas no provocan sorpresas inesperadas, aún les resta tiempo suficiente para que pasen de los gestos a la acción, a pesar de que los presupuestos propuestos por el equipo que preside José Hila no anticipen cambios notables de tendencia.


En tiempos convulsos, los gobiernos cohesionados y resueltos son percibidos socialmente como los cimientos de la confianza social y augurio de prosperidad. El titubeo o la inacción sobre los temas prioritarios son el prólogo de mayor incertidumbre y el germen de la recesión. Es imposible predecir las consecuencias que devendrán de la agresión terrorista al régimen de libertades occidental y si nuestra insularidad será salvaguarda de la acción criminal, con todas las consecuencias económicas que pueden derivarse en un futuro nada lejano. Lo que sí está en nuestras manos es atender los criterios acordados tras los comicios, pero fijando prioridades en el interés general y no solo en contentar a una parte del electorado, provocando una tensión permanente e innecesaria. El respeto a la memoria histórica, la laicidad institucional y la convivencia ciudadana no pueden seguir siendo fuente de controversia, que solo conducen a la tensión y el desgaste de un equipo de gobierno y el hastío de sus vecinos.


Debiendo suponer que las elecciones generales desactivarán parte de la confrontación política, la proximidad de los siguientes comicios volverá a desatar el protagonismo partidista, lo que en conjunto puede suponer no menos de un tercio de la legislatura, tiempo que no podemos despilfarrar, desaprovechando las sinergias que precisamos para mantener nuestra competitividad, mejorando la actividad empresarial y la calidad de vida de los palmesanos.


Fue fácil ponerse de acuerdo contra el enemigo común, pero ahora debieran desaparecer las siglas, concibiendo el consistorio en absoluta unidad. La precipitación y las ganas de encabezar un titular no deben seguir provocando declaraciones, que parecen un rosario de intenciones sin más, y entrando en más charcos que el cinematográfico Gene Kelly. Por cierto, las lluvias pronto van a llegar, mientras vemos a través de los imbornales cómo la suciedad y obsolescencia de la red de alcantarillado impedirán aliviar la lluvia acumulada. Eso es prioritario y para eso está el equipo consistorial, no para fiar antes el futuro de los restauradores a un plebiscito inmoral, arrinconar al jefe del Estado o esconder en las catacumbas a Cristo, tan simbólico de nuestras tradiciones como la fiesta de San Sebastián.

 

Cantando bajo la lluvia
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