Hay momentos en la vida en los que el suelo parece desmoronarse bajo nuestros pies. Esos instantes en los que la enfermedad nos golpea, la familia se fragmenta, el trabajo se vuelve agobiante, y todo lo que creíamos tener bajo control se desmorona.
Cuando alguna de estas consecuencias nos sucede, es fácil caer en el abatimiento. Pero sentirse abatido es una opción, no es algo que nos impongan.
La vida no viene con un manual, no se adapta a nosotros, no nos espera ni nos avisa de lo que va a suceder, simplemente sucede y a veces lo hace de una manera tan cruda que nos sacude la mente y el corazón.
He vivido situaciones complicadas, como la actual de tener que enfrentarme al cáncer desde hace unos años. No es solamente un desafío físico, es una batalla mental, emocional y hasta os diría que espiritual. Pero también es una de las lecciones más valiosas que la vida me ha ofrecido.
Una de las lecciones que he aprendido es que la manera de como actuamos con lo que nos sucede, no define quiénes somos, pero sí nos define como somos.
Podemos optar por quedarnos abatidos en el suelo, lamentándonos, esperando que algo o alguien nos rescate o podemos decidir levantarnos, sacudirnos el polvo mirar hacia adelante y decir: “Esto no me detendrá. Esto me hará más fuerte.”
Y no me refiero a una fuerza falsa o fingida, os hablo de una fuerza auténtica. Esa que surge de la aceptación, de ser genuino, de permitirte sentir, de ser uno mismo. Esa fuerza mental que nos impulsa a vivir con más conciencia y más gratitud.
Mi hija me dijo hace unos años: “Papa, hemos nacido para ser felices” y me lo grave en mi mente. Desde ese instante tuve claro que ser feliz es una actitud, incluso cuando el camino duele y te lleve a estar abatido.
La clave para conseguir esta actitud está en la mente, en entrenarla, en recordar cada día quién eres y por qué mereces levantarte. En no ocultar nuestra personalidad, nuestras heridas o nuestras locuras. Porque ahí, en esa parte auténtica y libre de nuestra personalidad, es donde reside nuestra fuerza y nuestra identidad.
¡¡Una identidad única, irrepetible y genuina…y es que sentirse abatido es una opción…no una imposición…!!
