jueves. 04.06.2026

En un contexto de creciente presión turística y debate sobre la sostenibilidad del modelo económico balear, la ecotasa que se aplica en las Islas Baleares desde 2016 se sitúa, a día de hoy, entre las más reducidas de Europa. A pesar de ser un destino con una afluencia masiva de visitantes cada año, las tarifas del impuesto turístico balear —denominado Impuesto de Turismo Sostenible (ITS)— continúan muy por debajo de las que aplican capitales como Ámsterdam, Roma, Berlín o incluso Barcelona.

 

Actualmente, el ITS oscila entre uno y cuatro euros por persona y noche, en función de la categoría del alojamiento y de la temporada turística. Además, a partir de la novena noche de estancia, la tasa se reduce a la mitad, y durante la temporada baja —de noviembre a abril— se aplica un descuento del 50 %. Los menores de 16 años están exentos del pago, lo que también contribuye a moderar su impacto sobre determinados perfiles de visitantes.

 

En marzo de 2025, el Govern balear presentó un plan de medidas para contener el turismo en temporada alta que incluía una propuesta de incremento puntual de la ecotasa durante los meses de junio, julio y agosto. La intención era que el tramo más bajo, de un euro, pasara a 2,5 euros, mientras que el tramo superior, de cuatro euros, se elevase hasta seis euros por persona y noche. También se planteaba aumentar la tasa a los cruceristas, que pasaría de los dos a los seis euros diarios. Esta medida iba acompañada de una suspensión temporal del impuesto en enero y febrero, así como del mantenimiento de las tarifas actuales durante los meses intermedios.

 

Sin embargo, la propuesta fue rápidamente descartada tras el acuerdo presupuestario entre el Partido Popular y Vox. La formación de ultraderecha condicionó su apoyo parlamentario a la retirada de cualquier medida que implicara un aumento de la presión fiscal sobre el turismo. Finalmente, el Govern renunció a la subida, manteniendo congelada la ecotasa en los niveles actuales.

 

Esta decisión ha reforzado el carácter moderado de la fiscalidad turística en las islas. Si se compara con otros destinos europeos, la diferencia es clara. Ámsterdam, por ejemplo, aplica una tasa del 12,5 % sobre el precio total de la reserva, lo que equivale a una media de 18,45 euros por noche. En ciudades griegas como Atenas, Rodas o Heraclión, el impuesto medio alcanza los 8,17 euros diarios, mientras que Berlín ha incrementado su tasa hasta un 7,5 % del coste neto del alojamiento a partir de 2025.

 

En Italia, Milán ha fijado su tasa máxima en siete euros por noche para los hoteles de cuatro y cinco estrellas, mientras que Roma y Florencia aplican tarifas de hasta diez euros por noche en alojamientos de alta categoría. Incluso dentro del territorio español, Cataluña —y especialmente Barcelona— ha apostado por una fiscalidad más exigente, con un recargo municipal que puede elevar la tasa final por encima de los cinco euros por noche.

 

La ecotasa balear, pese a su moderación, ha permitido recaudar más de 400 millones de euros desde su entrada en vigor. Estos fondos se han destinado a proyectos de restauración ambiental, mejora de infraestructuras hídricas, conservación del patrimonio histórico y otras actuaciones en clave de sostenibilidad. No obstante, su cuantía no ha variado desde hace años, mientras que el contexto turístico y medioambiental ha cambiado profundamente.

 

Expertos y agentes sociales coinciden en que el mantenimiento de esta tasa en niveles bajos no responde únicamente a criterios de competitividad turística, sino también a una lógica de equilibrio político. La retirada de la propuesta de subida, condicionada por Vox, es un claro ejemplo de cómo la gobernabilidad puede marcar el rumbo de políticas claves en un territorio donde el turismo representa un pilar esencial de la economía.

 

Lo cierto es que, mientras otros destinos europeos ajustan sus políticas fiscales para hacer frente a los costes del turismo masivo, Baleares conserva un margen amplio para una eventual revisión al alza de su ecotasa. Comparado con los casi 20 euros que puede costar pasar una noche en Ámsterdam solo en tasas, o los diez euros de Roma, el impuesto turístico balear sigue siendo notablemente inferior.

 

Este diferencial, unido a la presión creciente sobre los recursos naturales y los servicios públicos, alimenta un debate que, aunque aplazado, probablemente volverá a escena en los próximos meses.

Baleares mantiene una de las ecotasas más bajas de Europa pese al auge del turismo