sábado. 18.07.2026

Bella Hora acaba de abrir sus puertas en Inca con una propuesta que va más allá del fitness tradicional. Bajo la dirección de Caterina Vilaire como CEO, este nuevo club apuesta por un concepto integral de bienestar donde el entrenamiento, la salud, el trabajo, la gastronomía y la experiencia emocional se entrelazan para redefinir cómo vivimos el tiempo y el cuidado personal. En un contexto como Mallorca, donde la calidad de vida es esencial, Bella Hora se presenta como un espacio que reivindica el “lujo silencioso” desde una mirada más consciente, pausada y humana.

-Bella Hora acaba de abrir sus puertas en Inca con un concepto innovador. ¿Cómo nace la idea de este proyecto y qué necesidades detectaste en el mercado?

-Bella Hora nace de una inquietud personal y profesional: la de crear un espacio donde el bienestar se entienda de una forma más completa y más humana, muy vinculado al tiempo, a cómo lo vivimos y a cómo queremos sentirlo. En un entorno como Mallorca, donde la calidad de vida forma parte del ADN, sentíamos que faltaba un espacio que pusiera en valor ese ‘lujo silencioso’ desde una forma más consciente. No solo centrado en el entrenamiento, sino en la experiencia en su conjunto: el entorno, el ritmo y la pausa.

Más que cubrir una necesidad concreta, Bella Hora nace con la intención de aportar una nueva forma de vivir el bienestar.

-¿Qué define exactamente el modelo de Bella Hora y qué lo diferencia de otros gimnasios tradicionales o incluso de los centros boutique que están emergiendo?

-Bella Hora es, ante todo, un club. Un lugar donde el bienestar no se divide, sino que se vive de forma natural, donde el entrenamiento, el cuidado personal y la restauración conviven con sentido.

No buscamos ser más intensos ni más exclusivos, sino más coherentes. Hay una intención detrás de cada detalle: en los espacios, en el trato, en cómo se siente el tiempo dentro del club. Queremos que venir a Bella Hora no sea una obligación, sino ese momento del día que apetece, que esperas, que formas parte de tu rutina sin darte cuenta.

- El sector del fitness ha evolucionado mucho en los últimos años. ¿En qué momento se encuentra actualmente la industria de los gimnasios, especialmente en Baleares?

- Estamos en un punto de transición interesante. El concepto de fitness, tal y como lo entendíamos antes, ha ido perdiendo peso para dar paso a algo mucho más amplio: el wellness, que hoy es el que realmente marca el rumbo. Ya no se trata solo de entrenar o de una cuestión estética, sino de cómo vives, cómo te cuidas y cómo te sientes en tu día a día.

En Baleares, además, hay una sensibilidad creciente hacia ese bienestar, muy ligada a la calidad de vida. Esto abre la puerta a propuestas más cuidadas y con identidad, pero también nos obliga a ser más exigentes con lo que ofrecemos.

"En Baleares hay una sensibilidad creciente hacia ese bienestar, muy ligada a la calidad de vida"

- Bella Hora apuesta por la calidad y la experiencia. ¿Qué tipo de servicios ofrece el centro y cómo se integran para aportar valor al cliente?

-El proyecto se articula por cuatro pilares muy claros. Por un lado, el entrenamiento, donde el personal training —que es uno de nuestros grandes focos— convive con una propuesta cuidada de clases dirigidas y boutique, como cycling, barre o pilates reformer.

Por otro lado, el departamento de salud, con fisioterapeutas y nutricionistas, acompaña a cada persona en todo su proceso, desde la prevención hasta la recuperación, entendiendo el bienestar como algo que se cuida día a día.

Además, contamos con un espacio de coworking, pensado para integrar el trabajo dentro de un estilo de vida más equilibrado, donde poder concentrarse, reunirse o simplemente avanzar en el día sin salir del entorno de bienestar.

Y, por último, Nomon, la parte de restauración, abierta a todos, con menú de diario y opción take away, que se consolida como ese punto de encuentro social y cotidiano, donde la experiencia se alarga más allá del entrenamiento.

Todo está pensado para que el cliente no tenga que “completar” su bienestar fuera. La idea es simplificar: que en un mismo lugar puedas entrenar, cuidarte, trabajar y también disfrutar de un momento social o de pausa.

- Hoy en día, el usuario busca algo más que hacer ejercicio. ¿Qué papel juegan el bienestar, la personalización y la comunidad dentro de vuestra propuesta?

-Son el centro de todo. Entendemos el wellness como algo que va mucho más allá del cuerpo, y por eso cuidamos que la experiencia se adapte a cada persona, a su ritmo y a su momento, sin rigideces ni fórmulas cerradas. Nos interesa que cada uno encuentre su manera de vivir Bella Hora.

Hablar de comunidad a día de hoy es inevitable. No buscamos forzarla, sino crear el contexto ideal para que surja. Espacios donde coincidir, compartir rutinas, alargar un café o simplemente sentirse parte de Bella Hora. Porque al final, el concepto wellness también tiene mucho que ver con cómo te sientes y con las personas que lo compartes.

- Uno de los elementos diferenciales es la incorporación del restaurante Nomon. ¿Cómo encaja este espacio gastronómico dentro del concepto global de Bella Hora?

-Nomon es una extensión natural del proyecto. Entendemos que el bienestar también pasa por lo que comes, pero también por cómo y con quién lo haces. No es solo un restaurante, es un punto de encuentro. Un lugar donde alargar la experiencia, donde quedarse después de entrenar o donde venir incluso sin entrenar. Forma parte de esa idea de club abierto y vivo. Es, en cierto modo, donde Bella Hora se abre a todos.

- ¿Qué perfil de cliente tenéis en mente y cómo está respondiendo el público desde la apertura?

-Bella Hora atrae a un perfil muy diverso, pero con algo en común: una sensibilidad hacia el cuidado, el entorno y la forma de vivir el día a día. Hay una base muy marcada de cliente local, con esa personalidad mallorquina más pausada, cercana y fiel a sus rutinas, que valora los espacios donde se siente cómodo y bien cuidado.

Al mismo tiempo, conviven residentes internacionales que han elegido la isla como estilo de vida y que buscan propuestas cuidadas y con identidad. Esa combinación enriquece mucho el proyecto y eleva también el nivel de exigencia.

Además, contamos con un formato day pass que nos permite abrir Bella Hora a personas que están de paso o que quieren conocer el concepto de forma puntual, lo que también aporta dinamismo y nuevas conexiones al espacio.

La acogida está siendo muy positiva. Estamos viendo que la gente entiende el concepto, conecta con él y, poco a poco, lo hace suyo. Y eso, al final, es lo más importante.

"Bella Hora atrae a un perfil muy diverso, pero con algo en común: una sensibilidad hacia el cuidado, el entorno y la forma de vivir el día a día"

- Emprender con un concepto innovador siempre implica riesgos. ¿Cuáles han sido los principales retos a la hora de poner en marcha Bella Hora?

-El principal reto ha sido dar forma a algo nuevo, partiendo de referencias que no venían tanto del sector, sino de un universo más artístico y cultural: desde escritores y libros, hasta el mundo de la moda, la hotelería o incluso lo culinario. Tenía muy claro el imaginario, pero trasladarlo a un espacio real, funcional y coherente ha sido, probablemente, el mayor handicap del proyecto.

Como ocurre en muchas obras, los tiempos se alargaron más de lo previsto y llegó un momento en el que era importante poner una fecha. Por eso optamos por una apertura soft, que nos ha permitido evolucionar el proyecto de forma progresiva, con una puesta en escena cuidada y beneficiosa tanto para el cliente como para nosotros.

A partir de ahí, todo ha sido un proceso constante de toma de decisiones, buscando siempre el equilibrio entre la visión y la realidad operativa. Cuando un proyecto es tan transversal, todo está conectado y requiere mucha coordinación.

- Mirando al futuro, ¿qué perspectivas de crecimiento tenéis? ¿Contempláis expansión a otras localidades o nuevos servicios?

-Ahora mismo el foco está en el presente. Estamos muy centrados en consolidar Bella Hora en Inca y en seguir afinando la experiencia en cada detalle. Somos una empresa familiar, con distintos proyectos en marcha, y eso también nos ha enseñado a priorizar bien dónde ponemos la energía en cada momento.

Por eso, hoy nuestra atención está aquí, en hacer que Bella Hora funcione, que se entienda y que se viva tal y como la hemos imaginado. Creemos en un crecimiento natural, que sea consecuencia de hacer bien las cosas, siendo fieles a esa forma de entender el tiempo.

- A nivel personal, ¿qué te ha motivado a liderar este proyecto y apostar por un modelo de negocio tan diferencial en el sector fitness?

-Mallorca tiene una identidad muy marcada, pero también un gran potencial para seguir evolucionando. Siempre he tenido la sensación de que necesitas salir, actualizarte, ver qué se cuece, y es al volver cuando realmente valoras lo que te aporta vivir aquí. Sin embargo, son muchas las cosas que llegan más tarde, y eso, lejos de ser un inconveniente, también forma parte de su encanto: la pausa, el ritmo propio.

Bella Hora nace, en parte, desde esa reflexión: desde la idea de crear espacios que estén a la altura de lo que buscas fuera, pero sin perder esa esencia, ese tempo más calmado que define cómo se vive aquí.

Por eso creo que hacen falta proyectos que aporten una mirada nueva, con sensibilidad local y una visión internacional, capaces de sumar y elevar sin romper con lo que ya existe. Más que un proyecto, es una forma de entender cómo queremos vivir.

Vilaire: "En Bella Hora no buscamos ser más exclusivos, sino más coherentes”