La Fundación Qube, especializada en la gestión de bioincubadoras y con más de una década de experiencia en proyectos biotecnológicos y biosanitarios, estudia la implantación de una bioincubadora en Mallorca como una apuesta estratégica para fortalecer el ecosistema de innovación y contribuir a la transformación del conocimiento científico en actividad económica.
A lo largo de su trayectoria, el modelo desarrollado por la Fundación Qube en el Qube Technology Park de Tres Cantos (Madrid) ha acompañado a 40 empresas y se ha consolidado como un referente en la conexión entre ciencia, empresa e inversión especializada.
La experiencia de un operador especializado en bioincubación resulta clave para reducir las barreras que afrontan los proyectos innovadores en sus primeras fases, en un sector marcado por altos costes de entrada, largos plazos de desarrollo y una regulación compleja. Contar con un entorno preparado desde el primer día permite reducir tiempos, costes y riesgos, y facilita
que los proyectos avancen sin perder oportunidades por falta de infraestructuras o capacidades adecuadas.
Cuando la infraestructura crea ecosistema: la experiencia de Tres Cantos
La experiencia en bioincubación pone de relieve el potencial económico de este tipo de infraestructuras. A partir de modelos comparables, una inversión inicial en torno a los 5 millones de euros permitiría dimensionar una bioincubadora de aproximadamente 5.000 metros cuadrados. Más allá de la inversión directa, el mayor impacto se produce a través de la actividad
de las empresas incubadas, cuya inversión inducida puede llegar a multiplicar por diez la inversión inicial.
La experiencia del Qube Technology Park de Tres Cantos ilustra un modelo de bioincubación concebido como infraestructura tractora, basado en la especialización, la gestión profesional y la colaboración público-privada. En este caso, el sector público facilitó la infraestructura y el riesgo operativo se compartió con agentes privados, contribuyendo a posicionar el territorio
como un nodo reconocido de innovación biomédica.
En palabras del presidente de Qube Science Park, Andrés König, «innovar no es solo tener una buena idea, sino contar con el lugar adecuado para desarrollarla. La ciencia y la tecnología necesitan, además de talento, infraestructuras preparadas desde el primer día: laboratorios operativos, espacios flexibles, servicios especializados y un entorno de colaboración que permita avanzar con agilidad». König subraya que «en estos entornos no solo se investiga, sino que se crean startups, se desarrollan patentes, se generan alianzas y se acelera la transferencia de conocimiento hacia el mercado».
En los últimos años, este modelo de bioincubación se ha consolidado en varias comunidades como parte de sus estrategias de innovación. Cataluña, Madrid, Navarra, la Comunidad Valenciana o el País Vasco han apostado por infraestructuras especializadas que, en colaboración público-privada, han impulsado la creación de startups, la atracción de inversión y la transferencia de conocimiento.
Baleares ante el reto de completar su ecosistema biotech
Baleares cuenta con una base científica sólida, centros de investigación, personal científico altamente cualificado, así como proyectos con potencial de transferencia. Sin embargo, carece de infraestructuras específicas para acompañar el emprendimiento biotecnológico y biomédico en sus fases iniciales, lo que dificulta la consolidación de proyectos y favorece su traslado a otras
regiones.
Desde el ecosistema de innovación balear se viene señalando la oportunidad de reforzar la conexión entre investigación y empresa. La gerente del Clúster Biotecnológico y Biomédico de las Islas Baleares (BIOIB), Zara Pons, destaca que «en Baleares existe un gran potencial innovador y avanzar en infraestructuras como una bioincubadora permitiría crear las condiciones
necesarias para que esa innovación se traduzca en actividad económica en el propio territorio».
Esta oportunidad se alinea con la estrategia balear en materia de ciencia e innovación, plasmada en la Ley de la Ciencia de 2022, y con el objetivo del Ejecutivo de elevar progresivamente la inversión en I+D hasta el 2 % del presupuesto autonómico. Una apuesta clara por el conocimiento que sitúa a la bioincubación en el centro del debate sobre el futuro económico y científico del
archipiélago.
