Criar un hijo en España en 2025 supone un desembolso que supera los 335.000 euros, según revela un estudio elaborado por Raisin. La cifra incluye desde los gastos básicos en alimentación, educación y sanidad, hasta los derivados de ocio y celebraciones, abarcando todo el periodo de dependencia económica hasta la emancipación.
El informe detalla que el gasto medio asociado a un niño asciende a 335.837 euros, mientras que en el caso de una niña se sitúa en 330.277 euros. La diferencia se explica principalmente por la edad de emancipación: las mujeres tienden a independizarse antes que los hombres, lo que reduce el tiempo de gasto en el hogar familiar.
El dato adquiere mayor relevancia en un contexto en el que tener hijos es un 62% más caro que hace veinte años. En 2002, criar un menor costaba alrededor de 209.963 euros, una cifra que ha crecido en paralelo al encarecimiento del coste de vida y al retraso en la independencia de los jóvenes.
Menos nacimientos y más envejecimiento poblacional
La inversión que supone tener descendencia se produce en un momento especialmente delicado para la demografía española. Según el último informe del INE, el número de nacimientos en 2023 fue de 320.656, el nivel más bajo desde que existen registros en 1941. Paralelamente, las personas de 65 años o más representan ya más del 20% de la población total, un récord histórico.
La dificultad de emancipación también marca la diferencia. Los hombres han adelantado ligeramente su edad media de independencia, pasando de 31,3 a 30,5 años en el último año, mientras que en las mujeres se mantiene estable en 29,4 años.
Un desafío para las familias
Aunque calcular con exactitud el gasto de la crianza es complicado y depende de múltiples factores, este tipo de estimaciones permiten dimensionar la carga económica que asumen los hogares. Con salarios que no siempre crecen al ritmo de la inflación, muchas familias destinan un porcentaje significativo de sus ingresos a cubrir los costes de tener hijos.
La combinación de costes crecientes, precariedad laboral juvenil y baja natalidad plantea un reto social y económico que condicionará el futuro de España.
