martes. 07.02.2023

Respetar es vencer

Llevamos ya muchos meses sometidos a una pandemia de alcance mundial que ha alternado de forma importante nuestras vidas, nuestros hábitos, nuestras relaciones personales.

 

El agotamiento que colectivamente sufrimos es perceptible y tiene puntuales demostraciones públicas como algunas protestas que se han vivido en estos últimos tiempos, como la protagonizada esta semana en Palma por personas del sector de bares y restaurantes.

 

La incertidumbre sobre el futuro, la difícil situación económica de mucha gente (demasiada), el cansancio que provocan las continuas limitaciones en nuestro quehacer cotidiano, el miedo, pero también la voluntad de algunos grupos minoritarios de sacar provecho de esta difícil encrucijada, conducen o pueden conducir a episodios que no deberían producirse, que no tienen que repetirse, como sucedió en Palma con el intento de una minoría de acceder al Parlament.

 

Aunque podamos comprender la preocupación, la impotencia e incluso la indignación de quienes protestaban, creo que tampoco debería de haberse producido la propia manifestación ya que estaba prohibida por motivos sanitarios, en el marco de una situación en que se está intentando evitar todo tipo de aglomeración.

 

Ello me lleva a la reflexión que quisiera compartir, el respeto a las normas de convivencia de que nos hemos dotado, el respeto a la legalidad, el respeto al estado de derecho, en definitiva, es una de las bases de toda democracia.

 

Esta idea de respeto a las normas es la única que puede frenar los contagios en este momento, este es un hecho sobre el que cabe insistir, precisamente si las medidas restrictivas han tenido que endurecerse en nuestra Comunidad (al igual que está haciendo el resto del país y la mayoría de estados de nuestro entorno), obligando a algunos sectores económicos a cerrar, es porque las medidas que se habían adoptado hasta ahora han resultado insuficientes, y no porque no funcionasen sino por el sistemático incumplimiento de una minoría, seguramente, pero que resta efectividad a las restricciones, dada la facilidad de contagio que caracteriza al COVID19.

 

Ahora mismo, a pesar de la vacuna, el mejor sistema para evitar fallecimientos, UCIs llenas o el colapso del sistema de salud son las restricciones, la reducción de los contactos personales, por tanto de las relaciones sociales más allá de las imprescindibles.

 

Fuimos capaces de reducir la extensión del virus con un largo confinamiento, adaptándonos a unas condiciones peores que las actuales, demostramos que podíamos hacerlo. Ahora tenemos que seguir reduciendo los contagios mientras se administra la vacuna.

 

La vacuna nos dio esperanza pero, seamos realistas, pasará un tiempo hasta que consigamos colectivamente la inmunidad. Por eso es clave tomar conciencia de que lo más importante sigue siendo cumplir con las medidas que se adopten, sólo de este esfuerzo colectivo podremos mejorar la situación actual.

 

Los gobiernos adoptan las medidas adaptándose a la realidad cambiante en que nos tiene inmersos el COVID19, están haciendo frente a una pandemia como no se había visto jamás, y si se adoptan sistemas de restricciones flexibles, como el sistema de niveles del Govern de les Illes Balears, se hace para poder compaginar el control de los contagios con nuestras actividades habituales.

 

Cuanto más preocupante sea la situación sanitaria más duras serán las restricciones. Deberíamos ser todos conscientes de ello y no creer que se debe a la ideología del gobierno de turno, pues basta levantar la cabeza y observar a nuestro alrededor para darse cuenta de que se han tenido que tomar medidas muy duras independientemente del color político de cada administración.

 

En nuestro caso las medidas que está tomando el Govern son duras pero se deben a que se está velando por nuestra salud, al priorizar la salud se intenta salvar vidas, se intenta no colapsar la sanidad y, también, garantizar que nuestra comunidad pueda seguir desarrollándose económicamente.

 

Para tomar estas medidas, a veces impopulares, duras, hay que tener valor. Y si tienen un coste económico hay que esperar políticas que apoyen al tejido productivo y a trabajadoras y trabajadores, precisamente esto es lo que se ha hecho desde marzo: ERTEs por fuerza mayor, medidas específicas para fijos discontinuos, ayudas para las empresas como las adoptadas por Consell y Govern el mes pasado y diferentes ayuntamientos, aplazamientos de impuestos, eliminación de tasas de ocupación de vía pública, etcétera.

 

Por tanto, respetar las normas es vencer. Respetarnos a nosotros mismos, respetar a las personas con las que convivimos, eso es respetar las normas. Hemos visto demasiadas veces justificar el incumplimiento de las normas en base a la libertad individual, una contradicción de la que un filósofo de la talla de Kant ya nos dio una de las claves: “el derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertada de todos.” Eso es lo que hacen los gobiernos cuando adoptan medidas, cuando legislan: garantizar la convivencia.

 

El derecho, las normas de que nos hemos dotado, son las que garantizan la convivencia. La autonomía de cada persona tiene que ser compatible con la autonomía y libertad del resto de personas con las que convive, precisamente para garantizar la continuidad de la comunidad. Eso es lo que se espera de cada uno de nosotros, como ciudadanos miembros de una comunidad: que cumplamos con las normas de que nos hemos dotado para garantizar nuestra convivencia.

 

Con este espíritu, de convivencia, de respeto a las normas por compartir un objetivo común como comunidad, venceremos al virus, y venciéndolo ganaremos el anhelado retorno a nuestra vida plena.

Respetar es vencer
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