jueves. 04.06.2026

La épica gesta de 'exprimir' sin piedad al autónomo

opinion
opinion

Voy a empezar por lo obvio: si alguien pensaba que ya habíamos visto lo peor en cuanto a subidas de impuestos y cotizaciones, estaba muy equivocado. Porque el Gobierno, el de Madrid, ha decidido que el autónomo, esa rara especie que aún se atreve a emprender en España, merece una nueva dosis de estímulo negativo. Ojo por que si se cumplen los augurios de la Seguridad Social, en 2026 la cuota mínima subirá a 217,37 euros mensuales (17 más que ahora) y la máxima alcanzará los 796,24 euros, con subidas en todos los tramos intermedios. Una auténtica joya de ingeniería fiscal al servicio del recaudador.

Nos dicen que no hay de qué preocuparse, que todo forma parte de un “sistema progresivo” para que cada cual cotice según sus ingresos reales. Qué bien suena, ¿verdad? El problema es que cuando rascas un poco, lo que hay debajo no es justicia social, sino un sablazo con nombre y apellidos. Porque, a ver, ¿qué lógica puede tener que alguien que factura menos de 670 euros al mes tenga que pagar 217 por el privilegio de poder trabajar? Eso no es progresividad. Eso es una broma pesada. Es como cobrar entrada para poder abrir la persiana del negocio.

El Gobierno defiende que las tres cuotas más bajas quedan por debajo de la mínima de 2022, cuando era de 294 euros. Muy bien, un aplauso. Pero claro, se les olvida añadir que en 2022 el pan, la luz, el alquiler y la gasolina también costaban bastante menos. Y que en aquel entonces aún quedaban ganas de emprender. Ahora, con este nuevo hachazo, lo que se estimula no es la actividad, sino la rendición.

Y por si 2026 no fuera suficiente, lo que viene en 2027 es directamente de órdago. El planteamiento del Gobierno eleva la cuota mínima hasta 234,73 euros mensuales para los que menos ingresen y dispara la máxima a 1.002,49 euros para los que superen los 6.000 euros de rendimiento. Y atención, porque para 2028 la previsión es aún más delirante: de 252,10 euros hasta 1.208,73 euros. Ni en los peores sueños del autónomo más sufrido se contemplaba semejante escalada. Lo que empezó como una “reforma gradual y progresiva” se está convirtiendo en una cuesta arriba sin final.

Porque de lo que estamos hablando aquí no es de “crujir” al gran empresario del IBEX ni de meter mano a las fortunas que duermen en Luxemburgo o cualquier paraíso fiscal al uso. No. Lo que se castiga, una vez más, es al fontanero que madruga, al electricista que se juega la espalda, al panadero que enciende el horno a las cuatro de la mañana o a la tienda de ropa de barrio que sobrevive entre Amazon y los impuestos. Es la vieja costumbre española de disparar contra el que trabaja, mientras se protege al que vive de los demás.

Y lo más grave es que todo esto no es una anécdota: es una declaración de intenciones. El Gobierno, el de Madrid, ha convertido la palabra “autónomo” en sinónimo de “contribuyente de riesgo”. Su objetivo no es incentivar la creación de empleo, sino asegurarse de que nadie escape del radar recaudatorio. La Seguridad Social dice que esta subida es necesaria para mejorar las prestaciones futuras. Claro, siempre la misma historia: te vacían hoy para prometerte el paraíso mañana. Y mientras tanto, el autónomo, que ya paga un 21% de IVA, IRPF, y todo tipo de tasas, se pregunta cómo demonios va a cuadrar las cuentas a fin de mes.

Conviene recordar algunos datos que en el palacio de la Moncloa parecen ignorar. Las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 99,8% del tejido empresarial en España y generan más del 60% del empleo. Casi el 90% de los autónomos tienen entre cero y cinco trabajadores, es decir, son los que sostienen la economía de proximidad, los que hacen girar el engranaje real de este país. Si a ellos se les exprime, el sistema se tambalea. Pero nada de eso parece importar.

Con estas condiciones, ¿de verdad alguien se extraña de que los jóvenes no quieran emprender? Entre la incertidumbre, las trabas burocráticas y el sablazo fiscal, la opción más sensata parece estudiar una oposición y convertirse en funcionario. Porque al menos así sabes que el día 30 te llega el sueldo y no tienes que estar rogando a Hacienda que te deje respirar. La cultura del emprendimiento en España no muere por falta de ideas, sino por exceso de obstáculos.

El resultado de esta política puede ser demoledora: menos autónomos, menos negocios, menos empleo. Cada nueva cuota, cada subida “progresiva”, cada medida de este tipo es un clavo más en el ataúd de la clase media productiva. Y todo bajo un discurso de justicia social que suena bien en los mítines, pero que en la realidad se va a traducir en cierres, despidos y desesperación.

No se trata de negar la necesidad de un sistema de cotizaciones justo. Se trata de reconocer que lo que se está planteando no lo es. Esto no es una reforma, es una emboscada. No incentiva la actividad, la castiga. No protege al pequeño empresario, lo empuja al límite. Y lo peor es que se hace con una sonrisa, con ese aire paternalista del que cree que sabe lo que te conviene mejor que tú mismo.

Así que, sí, enhorabuena al Gobierno por su valentía. No todos los días se atreven a hacer historia asfixiando a quienes sostienen la economía real. Mientras tanto, los autónomos seguiremos pagando, callando y aguantando. Al fin y al cabo, ya deberíamos estar acostumbrados. Pero cuidado: llega un punto en que tanta presión deja de sacar rendimiento. Porque cuando se exprime una naranja seca, lo único que se obtiene es aire.

La épica gesta de 'exprimir' sin piedad al autónomo