sábado. 18.07.2026

Las terrazas, también en invierno

El año ha empezado económica y laboralmente hablando en Baleares como se cerró el anterior: la excepción nacional que no sólo no destruye empleo en temporada baja, sino que el paro anual sigue descendiendo en los meses de menor actividad económica en las Islas. Nos situamos en pleno empleo prácticamente todo el año, aunque no todos los sectores ‘disfrutan’ de la bonanza económica con la misma alegría.

Entre los que atraviesan sinsabores están el Comercio -principalmente el pequeño y el tradicional- como la Restauración, por diferentes motivos. En general, las pymes y los autónomos, los benditos y maltratados autónomos, siguen conviviendo mensualmente con problemas de personal, excesiva burocracia, aumento de costes laborales, energéticos, etc. Para colmo, tiendas y restaurantes han padecido un mes de enero donde la lluvia y el mal tiempo no nos han abandonado, perjudicando notablemente su actividad empresarial.

Durante las últimas semanas, las asociaciones AFEDECO (patronal de empresarios de Comercio) y Restauración CAEB vienen advirtiendo de los problemas que afectan a ambos sectores. “No somos pesimistas, pero sí que hay mucha precaución”, ha manifestado recientemente a Última Hora el presidente de la patronal de Restauración, Juanmi Ferrer, para asegurar que a pesar del avance de la apertura de la planta hotelera y los buenos datos turísticos que se anunciaron en Fitur las expectativas en el caso del sector restauración, en concreto, son “más moderadas” porque continúan los obstáculos ya referidos que se han agrandado durante las últimas temporadas. Ferrer ha calificado el pasado mes de enero de “nefasto y un febrero en la misma línea”.

Para colmo, las fiestas de Sant Antoni y Sant Sebastià, muy populares en la Isla y que generan mucha actividad entre bares y restaurantes durante el mes de enero, han venido pasadas por agua. En el caso de la patrona de Palma, acabó por suspenderse su día más importante por mal tiempo para disgusto de miles de jóvenes… y de empresarios de varios sectores.

Recientemente he disfrutado de un fin de semana en Madrid, con un clima inestable y bajo un intenso frío, sorprendiéndome una vez más la capacidad de la ciudad para ofrecer espacios de ocio al aire libre con terrazas perfectamente habilitadas y abarrotadas de gente disfrutando del invierno en la calle. A diferencia de la capital de España, muchas terrazas en Palma -y otros rincones de la Isla- desaparecen durante los meses de invierno, cuando la capital balear y la Isla en su conjunto disfrutan de un clima habitualmente moderado que debería permitir su uso y disfrute los doce meses del año. Nuestra particular forma de ser -la del mallorquín que ‘hiberna’-, tampoco ayuda. Nos cuesta un mundo sortear los meses de invierno y nos encerramos cuando la meteorología no acompaña. Un comportamiento que, obviamente, también afecta a las tiendas y el pequeño comercio.

Ver las terrazas llenas cuando arrecia el frío, algo que no sólo es propio de Madrid, sino que también ocurre en otras ciudades españolas (por no hablar del resto de Europa) con inviernos más duros que el que tenemos a la vera del Mediterráneo, me ha dado envidia sana y permitido reflexionar en cómo podemos ayudar a los restauradores y comerciantes en su particular lucha diaria.

Desestacionalizar nuestra economía también depende de estos sectores, además de los hoteleros, como la restauración que ha anunciado una contención de los precios para este año, lo que también es de agradecer. Por parte ciudadana, es hora ya de quitarse la pereza, aceptar la lluvia y el aire frío y vivir las terrazas también en invierno.

Las terrazas, también en invierno