sábado. 03.12.2022

Soluciones y agravios de una ciudad colapsada

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Entrados en octubre, ya en pleno otoño, este mes debería traernos algunos signos de tranquilidad, después de un verano intensísimo donde la normalidad nos ha devuelto algunos episodios agobiantes, olvidados durante 2020 y 2021, relacionados en mayor o menor medida con la vuelta de los millones de turistas que ya recibíamos antes de la pandemia. Nada, por otra parte, que no haya vivido en París, Bruselas o Madrid, por citar las ciudades que he visitado por diferentes motivos este verano.

Uno de los agobios que no nos abandonan, es el del tráfico, especialmente conflictivo en los accesos a Palma

Sin embargo, uno de los agobios que no nos abandonan, es el del tráfico, especialmente conflictivo en los accesos a Palma. A estas alturas del año, culpar al turista de las aglomeraciones diarias de la Vía de Cintura suena a chiste. Desconozco las bondades y resultados que defienden aquellos que decidieron reducir la velocidad a 80 km/h por nuestra circunvalación, al igual que establecieron el insoportable límite de 30 km/h en muchas zonas de Palma. Pero una cosa está clara, la situación recuerda cada vez más a la que padecen (y he padecido) diariamente los conductores en las grandes ciudades.

A expensas de conocer los beneficios de tales reducciones, lo que la mayoría de los conductores sí hemos notado es el aumento de las multas derivadas de tan draconianas restricciones. Personalmente, no he sido muy sancionado, si bien la conducción se ha convertido en un ejercicio de gran tensión para evitar ser ‘cazado’ por alguno de los múltiples radares distribuidos por Palma y las carreteras de la Isla.

Y me siento afortunado porque, además de haber esquivado hasta el momento el ‘multómetro’ en el que se ha convertido la capital balear, tampoco soy de los afectados por sanciones no notificadas por error del Ayuntamiento que, al no haber sido abonadas, han multiplicado sus cuantías. ¿Y qué pueden hacer estos sorprendidos contribuyentes? De entrada, pagar. Y pagar rápido para que las multas no sigan creciendo con los consiguientes recargos burocráticos.

Una vez parado el golpe (abonando cuantías que multiplican exponencialmente la sanción inicial), los afectados están organizándose para presentar una demanda conjunta ante la Administración, no pidiendo una compensación ni nada parecido, sino simplemente intentando que se les reconozca el derecho a pagar las correspondientes multas en sus cuantías iniciales.

Una labor titánica, tanto por el sobrecoste que conlleva como por la dimensión del oponente. David contra Goliat. Veremos en qué acaba tamaña injusticia.

Vuelve a la palestra el proyecto del tranvía al aeropuerto

Mientras esto sucede, mientras los vecinos de Palma nos preguntamos qué ha pasado para soportar atascos diarios en las principales arterias y accesos de la ciudad, vuelve a la palestra el proyecto del tranvía al aeropuerto. Personalmente, soy usuario y defensor de esta oferta de transporte público en aquellas ciudades donde existe (la última en Bremen, Alemania), así que espero que de una vez por todas los palmesanos también la tengamos a nuestro alcance, más pronto que tarde. Dejamos para otra ocasión cómo se resolverán las conexiones desde la estación central del tranvía hacia los distintos barrios periféricos de Ciutat.

Un transporte público eficiente, cercano y que no te deje tirado media hora es algo que se antoja aún más complicado que la llegada del tranvía

Con tranvía o sin él, es innegable que Mallorca en particular, y Baleares en general, no pueden asumir más vehículos -casi uno por habitante de media en las Islas, contando los menores de edad, según datos del Govern- con las infraestructuras que tenemos. Y dado que éstas tampoco pueden seguir creciendo porque nuestro territorio es limitado, las soluciones pasan por alternativas como el transporte público. Pero un transporte público eficiente, cercano y que no te deje tirado media hora (o más en fin de semana) es algo que se antoja aún más complicado que la llegada del tranvía. Aunque, si éste finalmente se pone en marcha, todo es posible.

Soluciones y agravios de una ciudad colapsada
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