Los paseos marítimos de las ciudades costeras suelen ser lugares emblemáticos, con encanto, donde se combina el ocio -gastronómico y nocturno- con el ambiente familiar, de paseo de fin de semana o de lugar de paso para deportistas anónimos. Una mezcla multidisciplinar que los convierten en visita obligada tanto para residentes como turistas. El nuestro, el Passeig Marítim de Palma, no es una excepción, pero lleva ya demasiado tiempo adormecido…
Primero fue la pandemia, que afectó de forma global a todo el mundo, a todos los sectores empresariales, a todos nosotros de forma individual, en nuestra vida diaria, pero que fue especialmente dramático con la restauración y el ocio nocturno como espacios cerrados, sin ventilación, donde se acumulaba mucha gente. Primer golpe duro a los empresarios, también del Passeig Marítim.
Sin tiempo para asimilar las pérdidas y la salida gradual consecuencia de la COVID-19, se anunciaron el inicio de las obras promovidas por la Autoridad Portuaria de Baleares para la principal arteria marítima de la capital balear. Era finales de 2022, hace ya dos años. Durante todo este tiempo el Marítim se ha abierto en canal, se ha reformado y ampliado completamente la zona peatonal interior -ahí donde conviven hoteles, restaurantes, bares de copas y otras empresas-, se ha reordenado repetidamente el tráfico, se ha embellecido con nuevo mobiliario y vegetación (aún por crecer) y ahora se está actuando sobre la zona más próxima al mar. Han sido dos largos años donde numerosos negocios se han quedado por el camino. Los balances empresariales, ya maltrechos por la pandemia, no han aguantado tanto vaivén, tanto cierre y tan prolongada incertidumbre.
Los negocios del Passeig Marítim han sufrido dos veranos de penalización por la reforma integral que se lleva a cabo, un cambio que empieza ya a vislumbrarse y que dejará una primera línea de Palma ampliamente renovada, con más espacio para el peatón, apetecibles terrazas, prácticamente el mismo tráfico (dos carriles por sentido) y, eso sí, una alarmante falta de aparcamiento.
El asunto del parking es una de las recurrentes demandas que llegan desde las patronales empresariales de restauración y ocio nocturno, que de nuevo han visto como la campaña de Navidad no está cumpliendo sus expectativas por diferentes factores como “las obras, la falta de aparcamiento y la ausencia de iluminación y decoración navideña”, lo que ha afectado “especialmente a las reservas para grupos y eventos festivos”, se quejan los empresarios, hastiados de tanto contratiempo. Y no les falta razón, especialmente con la imposibilidad de aparcar, una cuestión primordial que por el momento no tiene solución.
En principio, el final de las obras, que ahora se concentran en la zona junto al mar, está previsto para el próximo mes de mayo, pasada ya la Semana Santa 2025, lo que debería permitir que el Passeig Marítim de Palma empezara a recobrar el dinamismo que siempre tuvo, que lo situaba como lugar imprescindible de paso para todos los vecinos de la capital, el resto de mallorquines y los millones de turistas que nos visitan. Además, el próximo verano también verá la luz el nuevo Club de Mar, una reforma integral del complejo náutico-comercial que se está levantando de forma espectacular en la parte final del Muelle Pelaires.
Todo un lavado de imagen que convertirá el Passeig Marítim de Palma en una arteria de vanguardia, de las mejores del Mediterráneo, como siempre ha sido y seguirá siendo. Y que volverá a invitarnos a todos a regresar con más frecuencia, como hacíamos antaño, a esta emblemática zona de la capital balear. Pero, para que los residentes optemos de nuevo por nuestro añorado Marítim, el que disfrutamos de jóvenes hasta altas horas de la madrugada, el que paseamos con nuestros hijos o el que elegíamos en incontables ocasiones para comidas o cenas con amigos o familias, es necesario que se dé solución a la eliminación de las más de 1.000 plazas de aparcamiento que ha engullido la reforma.
Se puede discutir más o menos si el ambicioso proyecto se podría haber realizado de otra forma, reduciendo tiempos o espacios afectados, pero lo que genera un gran consenso es que la evidente falta de aparcamiento es el principal hándicap post reforma, un gran obstáculo que las autoridades deberán afrontar sin más dilación para que el Passeig Marítim recobre el esplendor que todos ansiamos.
