sábado. 18.07.2026

Déjà vu de resiliencia empresarial

sergios
sergios

Llevo semanas pensando, desde el estallido del conflicto en Oriente Medio (¿conflicto?, o lo que se entienda, que aún deben explicarnos qué demonios está sucediendo allí), que esta crisis geopolítica y sus consecuencias ya las hemos vivido no hace mucho tiempo, concretamente tras la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022. Una guerra -aún hoy- inexplicable que conlleva problemas con los suministros a escala global, subida de precios, etc. e imágenes de barbarie y sufrimiento difíciles de entender.

Precisamente, hace 4 años empezaba mi colaboración en el digital Economía de Mallorca, y uno de mis primeros posts tenían que ver con la incomprensible decisión de Putin de apropiarse territorio ucraniano: “Papá, ¿qué pasa en Ucrania?”, escribía por entonces, ante la incredulidad de mis hijos de lo que estaba ocurriendo. En aquel texto, aún en plena recuperación de la pandemia del COVID, señalaba: “Tras dos años de crisis económica, que ha afectado especialmente a nuestro principal motor económico, el turismo, las grandes cadenas y asociaciones hoteleras ya advierten de la negativa influencia que un conflicto bélico puede causar en la próxima temporada, cuyas previsiones eran magníficas hasta hace unos días”. Palabras perfectamente reproducibles en estos momentos.

Se repite la historia. Cuatro años después, en un 2026 que arrancaba en calma, enfocado en la transformación económica proyectada en Baleares para conjugar mejor el progreso que generan nuestras empresas con el bienestar social de los residentes, en un abrir y cerrar de ojos todos estamos pendientes de lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz.

Las consecuencias del estallido de la guerra ruso-ucraniana llevaron la inflación a superar el 10% en España durante el verano de 2022, una espiral inflacionista que costó muchos meses ir corrigiendo. En el escenario actual, que presenta importantes diferencias respecto al vivido hace 4 años, aún es pronto para evaluar hasta dónde nos llevará la pugna por el petróleo y el gas que surge de Irán. De momento, ya vemos los primeros signos (gasolina, billetes de avión) de que los delirios expansivos de Trump están afectando de nuevo a nuestros bolsillos.

Caprichos del destino, al poco de iniciarse la invasión rusa en Ucrania me incorporé a la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB), desde donde ya pude comprobar de primera mano la capacidad de resiliencia de los empresarios para adaptarse a una situación tan compleja como inesperada.

Cuatro años después, la presidenta de la patronal balear, Carmen Planas, acaba de renovar con un respaldo mayoritario su mandato al frente de la organización que defiende y da voz a miles de empresas de Baleares, grandes, medianas y pequeñas, además de los sufridos autónomos. Desde mi privilegiada perspectiva como miembro de su equipo, tengo la plena certeza que todos ellos, pequeños y grandes emprendedores, volverán a poner lo mejor de sí mismos para que la crisis internacional que nos azota vuelva a sortearse sin afectar, en gran medida, la velocidad de crucero que atraviesa la economía balear desde hace varios ejercicios.

Durante el tiempo que llevo trabajando mano a mano con el tejido empresarial de estas Islas he conocido a un sinfín de empresarios, hombres y mujeres con empeño, gran valor y una capacidad de trabajo dignos de admirar. Afortunadamente, la visión que la sociedad tiene de ellos va mejorando, como señalan recientes informe independientes. Más en nuestro Archipiélago, cuya positiva valoración supera la media nacional: el 60% de los ciudadanos de Baleares confía en las empresas.

Si la gente pudiera verlos en su día a día, ese porcentaje sería seguro mucho más elevado. En un Mundo tan globalizado que repite una y otra vez los errores del pasado, los empresarios de este país volverán a ponerse al frente, dar la cara y la respuesta necesaria. Solo hay que escucharlos. Estamos en buenas manos.

Déjà vu de resiliencia empresarial