Con la siempre esperada llegada de los Reyes Magos cerramos un año más unas fiestas navideñas resumidas entre celebraciones, deseos, previsiones y, cómo no, mucha nostalgia. Son días que personalmente siempre he disfrutado muchísimo, desde las diferentes etapas en las que la ilusión, la diversión descontrolada o el cambio de roles entre padres e hijos van amoldando una Navidad y Fin de Año que siempre dejan un gran poso.
El final de 2025 arrancó con un mensaje de su Majestad el Rey en Nochebuena donde destacaron dos palabras que resultan hasta casi mágicas en los tiempos que corren: confianza y convivencia. Sobre ellas he pensado estos días.
A nivel global debemos confiar en que se pongan fin de una vez por todas a situaciones cada día más incomprensibles como la prolongada guerra en Ucrania, a punto de alcanzar su cuarto año de sinsentido. Leía recientemente que las bajas de militares rusos pueden haber alcanzado ya el millón de personas… y Putin y los suyos siguen desafiando al Mundo sin pestañear porque afirman que van ganando el conflicto. Como si alguien ganara entre tanto horror y odio. La (al parecer) imposible convivencia en paz y libertad de Rusia con las ex repúblicas soviéticas es el extremo de la incapacidad de algunos gobernantes de encontrar fórmulas de entendimiento y convivencia que no sean la de llevar la muerte y destrucción a su alrededor.
Si ponemos la vista en nuestro país, de cara a este recién iniciado 2026 el Rey Felipe VI reclamó altura de miras a nuestros políticos, que dejen de echarse los trastos a la cabeza e insultarse públicamente. Para que confiemos en ellos y den ejemplo de convivencia democrática, deben centrarse de una vez en los problemas reales de la gente. Entre las series más relevantes que nos dejó el año pasado destaca Anatomía de un instante, que describe de forma sensacional uno de los episodios más oscuros de nuestra democracia como fue el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981. La clase política de entonces apostó por la convivencia, una clase magistral de saber estar que casi medio siglo después vuelve a dejar en evidencia a nuestros actuales dirigentes, más pendientes de su supervivencia personal que de cumplir con las obligaciones para las que fueron votados.
Y si ponemos el foco en lo local, nuestro territorio y la capital balear, la citada convivencia parece algo más estable en la parte pública, sin grandes alardes, aunque no exenta de momentos también crispados entre la ciudadanía. Uno de éstos se ha vivido en el mercadillo navideño de Sa Faixina, lugar privilegiado en el centro de Palma. Como he dicho, soy defensor a ultranza de las fiestas navideñas, y todo lo que sea diversión, color, luz, alegría, familia… Cuando por toda España y parte de Europa se animan las calles con este tipo de reclamos comerciales que, además, ayudan al maltrecho comercio autóctono, aquí una pequeñísima minoría de ciudadanos - ¿10? - ha intentado boicotearlo en defensa de ‘lo nostro’ y nuestras ¿invadidas? costumbres. Visité el mercadillo para comprobar esa ‘terrible invasión’ constatando que sí, que había casetas típicas de productos alemanes, como también otras con oferta mallorquina y de otras partes de nuestro territorio nacional. Ningún drama.
Valga mi aprecio y confianza hacia todos aquellos empresarios del comercio, el tradicional y el de nuevo cuño, que se esfuerzan para que los demás vivamos la Navidad tanto en nuestros hogares como en la calle, que es de todos, y que estando viva hace que la vida y en especial estas fiestas sean más felices para todos.
Los comerciantes, la mayoría de ellos autónomos, despidieron el 2025 con la noticia de la congelación de las cuotas este 2026. No es toda la ayuda que necesitan, ni mucho menos, pero al menos sí un ligero alivio fuertemente peleado desde la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA). Y, ESTO SÍ, es una medida que piensa en el bienestar de los ciudadanos. Confiemos, como dijo el Rey, que lleguen muchas más de éstas a lo largo del recién estrenado 2026.
