sábado. 18.07.2026

Apostemos por la tecnología

Pasadas ya dos semanas del aciago 29 de octubre que inundó decenas de municipios de la provincia de Valencia y Castilla-La Mancha con la lamentable pérdida de vidas humanas e incontables daños materiales, resulta aún muy complicado escribir sobre lo ocurrido sin tener la impresión de que nadie de los que no hemos estado allí podemos hacernos una idea real de la dimensión de la catástrofe. Me quedo con la solidaridad infinita y el apoyo innegable de todo el pueblo español con los damnificados.

De todo lo leído, visto y escuchado en estas dos semanas, huyendo de la demagogia tan propia ante las desgracias y, por supuesto, de la inexplicable batalla política por la culpabilidad, me gustaría detenerme en la tecnología, un sector que también ha sido utilizado por unos y otros.

Hace años tuve la ocasión de comprobar de cerca el trabajo que desarrollan quienes dirigen la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), especialmente en Baleares, y no puedo decir otra cosa que su dedicación, en muchos casos por vocación, y profesionalidad están fuera de toda duda.

Los ciudadanos cada vez disponemos de más herramientas y canales para recibir las predicciones del tiempo, consumimos horas y horas de televisión en los espacios meteorológicos, cuyas audiencias son magníficas, y también tenemos a nuestro alcance los avisos y alertas, más o menos o restrictivas, en función de la gravedad o la intensidad de lo que se avecina… Pero incluso los técnicos, con todos los datos que manejan, a veces no aciertan, principalmente porque la meteorología no es una ciencia exacta. Y porque las tormentas, DANA’s, temporales o huracanes son violentos y, en ocasiones, devastadores. Contra ellos y la fuerza de la naturaleza, poco se puede hacer… salvo predecirlos.

Y ahí entra la tecnología y el trabajo no sólo de los técnicos de la AEMET y otras agencias especializadas, sino de todas aquellas empresas o start ups recientes que apuestan por la innovación y el desarrollo para estudiar y anticiparse a los fenómenos atmosféricos. 24 o 48 horas después de la catástrofe valenciana tuve la ocasión de escuchar a un empresario mallorquín que se dedica a la innovación tecnológica, con programas de predicción y alerta temprana que está exportando a nivel internacional, quejarse de los pocos recursos o de la reducción de los mismos que dedican las Administraciones Públicas en nuestro país. Y qué pena -decía, y ahí me sumo- que tengan que reconocerse el talento y las herramientas made in Spain fuera de nuestras fronteras.

Sin ir más lejos, estos días ha venido a mi memoria uno de los premiados en la Gala CAEB 2024 celebrada en el Estadio Mallorca Son Moix el pasado octubre: el físico Carlos Alonso, co-fundador y CEO de Meteoclim, “start-up especializada en meteorología, climatología y cambio climático, con una dilatada experiencia en el desarrollo, uso y explotación de los modelos atmosféricos, climáticos e hidrológicos de última generación”, reza su presentación. Centra su trabajo en “definir los objetivos y encontrar las variables más idóneas para que nuestros pronósticos y predicciones sean fiables y precisas”. Y, para el que no lo sepa, es una spin-off de la Universitat de les Illes Balears.

Estos días Carlos Alonso ha sido requerido por varios medios para comentar cómo se pudo mitigar (si es que había opción), los efectos de la DANA sobre Valencia, Castilla-La Mancha y parte de Andalucía. Seguro que no ha descubierto América ni se ha querido poner medallas, nuestros emprendedores no buscan eso; habrá defendido y explicado que se debe apostar por los proyectos innovadores, que crean “modelos de predicción atmosféricos, climáticos e hidrológicos, incorporando la tecnología más avanzada a todas nuestras soluciones para empresas públicas y privadas”. Estos proyectos son los que nos deben ayudar a enfrentemos al próximo zarpazo del cambio climático, pudiéndonos anticipar al peligro real y, seguramente, salvar vidas.

Durante el mes anterior a la Gala CAEB no dejé de consultar ni un solo día a través de tres aplicaciones diferentes la previsión del tiempo para aquella tarde de octubre: el evento lo organizamos al aire libre. De lluvia segura a un mes vista, a medida que avanzaba septiembre la tranquilidad y el buen tiempo para el ‘Día D’ se fueron imponiendo. Con el plan B descartado días antes y una mínima remotísima probabilidad de lluvia, una única nube negra que pasó por encima de nuestras cabezas media hora antes de la Gala hizo que, hasta el pitido inicial, los nervios - ¿y si llueve? - no se desvanecieran. Porque la meteorología, por mucho que avancemos en las predicciones, nunca será una ciencia exacta. Aun así, no nos queda otra que apostar por los que saben.

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