España: el único país donde ser empresario es sospechoso
Mientras en Estados Unidos el emprendedor es un héroe, aquí preferimos aplaudir al funcionario y mirar de reojo al que crea empleo.
En España, decir que eres empresario es como anunciar en una boda que eres inspector de Hacienda: de repente, todos se ponen nerviosos y cambian de tema. Al otro lado del Atlántico, en cambio, la misma frase provoca sonrisas, palmaditas en la espalda y hasta la inevitable historia de “yo también tengo una idea para un negocio”. Allí, el emprendedor es un héroe moderno; aquí, muchas veces, un sospechoso habitual.
No siempre fue así… bueno, en realidad, casi siempre lo fue. Durante décadas, la figura del empresario estaba asociada al patrón con despacho de madera oscura, teléfono fijo con cable en espiral y una colección de contactos políticos capaces de abrir cualquier puerta (y cerrar cualquier competencia). El problema es que esa imagen se nos quedó pegada como chicle a la suela.
En este país, hablar de dinero sigue siendo más incómodo que discutir de política en la cena de Navidad. Si a un empresario le va bien, el comentario habitual no es “qué mérito tiene”, sino “algo malo habrá hecho”. En Estados Unidos, el éxito se mide en la capacidad de generar ideas y ganancias; aquí, a menudo, se tiende a ocultar esta información para no tener que dar explicaciones de que lo has conseguido de manera honrada.
Y mientras tanto, hemos elevado al funcionario a la categoría de superhéroe nacional. No por vocación de servicio, sino por el “superpoder” de la estabilidad: sueldo puntual, horario fijo y riesgo cero. En otros países, los jóvenes sueñan con crear su propia start-up; aquí, con aprobar una oposición. Y no hay nada malo en ser funcionario, pero… si el único riesgo que asumes es que te cambien de mesa, quizá no estemos fomentando precisamente una cultura emprendedora.
La escuela tampoco ayuda. Nos educan para sacar buenas notas y no cometer errores, no para asumir riesgos ni vender una idea. Y ni que decir de la mayoría de medios de comunicación… si un empresario sale en portada, suele ser debido a un escándalo, un ERE o un juicio, rara vez por una historia inspiradora.
Porque, nos guste o no, en España ser empresario todavía es, para muchos, un defecto de carácter… y eso, más que
Por si fuera poco, emprender aquí es un deporte de riesgo extremo. Trámites infinitos, normativas cambiantes y una fiscalidad que parece diseñada para recordarte que quizá no fue tan buena idea dejar ese trabajo estable y jugarte tu patrimonio. Y si tu empresa fracasa, olvídate de la medalla al aprendizaje: aquí la etiqueta de “fracasado” viene en tinta permanente.
Así que tenemos la tormenta perfecta: un pasado que nos dejó desconfianza, un presente que nos empuja a la seguridad y un futuro que, si no cambiamos la mentalidad, seguirá aplaudiendo al que consigue plaza y mirando con sospecha al que crea empleo. un problema de economía, es un problema de autoestima colectiva.
Porque, nos guste o no, en España ser empresario todavía es, para muchos, un defecto de carácter… y eso, más que un problema de economía, es un problema de autoestima colectiva.
Un saludo
