miércoles. 28.09.2022

Malditos empresarios

 

El rol de los sindicatos ha quedado en el entredicho en esta crisis. Cuando en un primer encuentro el máximo representante de UGT de Baleares no tiene mejor táctica que de espetar al empresariado que se ha lucrado con el sudor de sus trabajadores y que los empresarios deben y pueden afrontar las perdidas millonarias causadas por las restricciones que sufre nuestro sector de la restauración con las ganancias de años pasados, queda en evidencia que personas como Lorenzo Navarro, máximo representante de UGT en Baleares se han quedado en las trincheras de la primera guerra mundial.

 

Cuando se mira al empresario como ese lobo que hay que abatir, o como esa vaca a ordeñar en lugar de mirarlo como el caballo que tira del carro, como dijo Winston Churchill, deja claro que el y la organización que representa se han quedado anclado en el pasado, sin aportar nada al diálogo social y mucho menos a los afiliados que representa.

 

En lugar de proteger y fomentar el empleo, lo que debería de ser su mayor motivación, lo que hace es poner en peligro el empleo ya que en la lucha de sobrevivencia en la cual se encuentra nuestro sector y muchos otros, cualquier peso añadido, cualquier piedra adicional en el camino, ya sea en forma de aumento salarial u otra, hacen que el tejido empresarial y con él las posibilidades de mantenimiento de empleo menguan aún más.

 

Reivindicar derechos está muy bien y tienen el deber de hacerlo. Pero con sentido común y visión. ¿Quien atiende estos derechos cuando la empresa que supuestamente debe de atenderlos se ve abocada al cierre definitivo gracias a que los gobernantes progresistas y comunistas, grandes mecenas de los sindicatos, faltan a la constitución la cual indica en su artículo 33.3: “Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por la ley”?

 

Hablar del hambre y de derechos básicos está muy bien cuando uno tiene la barriga llena. Háganse autónomos un par de años y luego hablemos nuevamente. Chupar del bote sin hacer sacrificio alguno por los que uno representa son palabras vacías de contenido. Muchos de los empresarios hemos puesto de nuestra parte para ayudar a miembros de nuestros equipos a sobrevivir. ¿Ustedes pueden decir lo mismo?

 

Además, UGT le recrimina al sector de la restauración que no se les deja tener representación sindical, que no tienen a penas representación en nuestro gremio, echando la culpa a los empresarios, como no. Queda evidente su falta de autocrítica y capacidad de reflexión.

 

¿Quizás no son lo suficientemente atractivos? ¿Quizás no han sabido adaptarse? ¿Quizás aporta más valor el trato humano, cercano, empático y sincero de estos supuestos negreros que somos? ¿Quizás no han sabido aportar valor real a sus afiliados?

 

Somos vasos comunicantes. Los empresarios hemos ido aprendiendo a lo largo de los siglos que hay que cuidarse mutuamente, que el primer y más importante cliente es el interno, quiero decir el equipo humano con cual uno trabaja. Si, hemos hechos muchos errores, ha habido explotación y la sigue habiendo. Pero en un grado muy menor y residual. ¿Hay que luchar contra ello? Si, con toda la fuerza y diría juntamente con todos aquellos empresarios que buscamos hacer bien las cosas. Porque si nos cuidamos mutuamente, velamos por los intereses de cada uno, tenemos muchas más oportunidades de éxito. Un win-win en el cual se demuestra esa presión hidrostática que nos enseñan los vasos comunicantes.

 

Si a lo contrario estamos ante un empresario o un líder sindical de la vieja escuela - ese último, por su impacto como agente social con un alcance mucho más dañino que esa oveja negra de empresario - causamos justamente lo contrario de un win-win. Perdemos todos. Los vasos comunicantes funcionan cuando nadie le mete mano. No obstruyamos es flujo del agua con ideas arcaicas porque el daño que se provocaría parece escaparse de la comprensión de las mentes privilegiadas de muchos progresistas.

 

Estamos todos en el mismo barco, remando en la misma dirección para salir del fango en el cual nuestros dirigentes políticos nos han dejado. Si algunos siguen esclavos de sus dogmas de tiempos fortuitamente pretéritos, ajeno a la solidaridad, la cooperación, la trasparencia, a la sostenibilidad laboral-social-empresarial, bájense en la próxima parada por favor. En los tiempos que corren, más que nunca, no nos podemos permitir no remar al unísono en ese barco que se llama futuro

Malditos empresarios
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