domingo. 19.07.2026

Romario y el socialismo

Algunos aún recordamos a Romario de Souza, aquel delantero del que se decía que parecía un jugador de dibujos animados.

El otro día tuve la oportunidad de charlar con otro conocidísimo ex jugador, en la gala por el centenario de la Federación de Fútbol balear. La conversación derivó hacia la política y la economía: contó una anécdota donde alguien le preguntó si no le parecía injusto que en un mismo vestuario los jugadores no cobraran lo mismo. ¡Al contrario! -respondió mi interlocutor. Estaban agradecidos a los mejores, a los que más cobraban, porque al ser tan buenos, hacían jugar y ganar más al resto.

Me pareció un gran ejemplo para ilustrar el gran debate de nuestro tiempo: la mentalidad socialista sólo se fija en la desigualdad. Hay quien entra en un vestuario y sólo ve diferencias salariales, mientras otros ven al juzgador capaz de cambiar un partido.

Una mentalidad más abierta observa y comprende los motivos de esas diferencias: el trabajo cualificado de un artista no es equivalente al de los demás. Aporta algo distinto, y esa genialidad le hace merecedor de mayor recompensa. Pero ello no perjudica en realidad a sus compañeros, ni supone ninguna afrenta. Al contrario: poder contar con un jugador que marca la diferencia mejora a todo el equipo. Les permite ganar más partidos y más dinero.

Es lo que explicaron grandes economistas como Frederic Bastiat o Henry Hazlitt: en economía, tan importante es lo que se ve, como lo que no se ve. Una mirada superficial ve lo evidente: que Romario gana mucho más dinero que el resto de sus compañeros. Pero para considerar los motivos de ello y las consecuencias que tendría intentar cambiarlo, hace falta imaginación. Lo fácil es fijarse en cuánto gana una estrella. Lo más difícil, y lo importante, es entender por qué lo gana y qué ocurre alrededor de ese talento.

Si no contásemos con Romario por no pagarle lo que el mercado le ofrece, el equipo sería peor. Y si igualásemos por decreto lo que cobran todos los jugadores, se generarían distorsiones inevitables. Romario perdería incentivos para jugar mejor que sus compañeros. Probablemente evitaría darlo todo y arriesgarse a lesionarse, si total a medio gas lo haría tan bien como los otros. O se quedaría en Brasil y no habría venido al Barcelona.

Lo mismo ocurre fuera del fútbol, El mismo razonamiento es extrapolable a toda la economía. Empresas punteras por su IA, ganan mucho dinero, sí. Pero es la recompensa por su trabajo extraordinario, que las enriquece a ellos, pero también a toda la sociedad, que puede disponer de sus productos. Si las desmembrásemos y repartiéramos sus activos entre todos, no estaríamos mejor, sino mucho peor.

Para que la economía funcione es fundamental entender que no se trata de un juego de suma cero: no es una tarta que repartir. Es el proceso por el que se hacen las tartas, todos sus ingredientes, y sólo después se reparten. Mucho más importante que repartir las tartas por procedimientos más o menos arbitrarios, es garantizar que existan los incentivos para hacerlas y mejorarlas permanentemente.

La prosperidad no nace del reparto de la escasez, sino de la capacidad de crear riqueza, mejorar lo existente y premiar el esfuerzo y el talento.

Facilitemos que surjan muchos nuevos Romarios, y disfrutemos de su juego. Sólo así la humanidad desplegará todo su potencial.

Romario y el socialismo