sábado. 18.07.2026

La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo ella

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Después de casi 40 años en el sector hotelero, he aprendido que las tormentas no solo llegan del cielo, a veces irrumpen en forma de crisis económicas, de mercados que se enfrían, de modelos de distribución que se transforman de la noche a la mañana o de temporadas que, por mucho que las prepares, simplemente no salen como esperabas. Pero también llegan tormentas, sin previo aviso, en la vida personal.

Recuerdo cuando pasamos del fax al e-mail y parecía una revolución, cuando los teléfonos móviles se convirtieron en herramientas inseparables y lo siguen siendo a día de hoy, cuando los portátiles sustituyeron a los grandes PCs de sobremesa, cómo los tour operadores tradicionales dieron paso a la venta directa online, cómo las OTAs transformaron el mapa de la intermediación y cómo hoy el big data y la inteligencia artificial están redibujando, otra vez, las reglas del juego.

Cada cambio fue y es un terremoto que removió y remueve certezas, pero también una oportunidad para quienes nos atrevimos a “bailar” mientras llovía.

En nuestra profesión, aprender a bailar bajo la lluvia, significa no rendirse cuando el presupuesto no acompaña, cuando el mercado cambia o cuando los clientes ya no reaccionan igual. Significa mantener la serenidad, confiar en el equipo, creer en el valor del producto y, sobre todo, seguir liderando con pasión.

He visto hoteles renacer tras temporadas duras, equipos que en la adversidad se hicieron más fuertes y proyectos florecer justo cuando el entorno parecía más incierto. He comprobado que las mejores estrategias no se crean en días soleados, sino en medio del ruido, del miedo, del caos, porque es ahí donde nacen las decisiones valientes.

Pero no hablo solo desde lo profesional, la vida también me ha puesto frente a tormentas que me obligaron a parar, a respirar y a reconstruirme. El nacimiento de mi hijo con problemas en los uréteres y los riñones, un divorcio, el cáncer o la pérdida de mi padre.

En cada una de esas "tormentas" comprendí, con una lucidez que solo da el dolor, que la frase "La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo ella", no es una metáfora bonita, es una verdad vital, es decidir bailar, incluso cuando el suelo tiembla bajo tus pies.

Hoy sigo caminando con la misma pasión por la hotelería, por los equipos y por seguir creciendo cada día, tanto en lo personal como en lo profesional. He aprendido que ninguna tormenta dura para siempre, pero lo que sí permanece y nos define, es la huella que dejamos: la resiliencia, la actitud y las ganas de seguir adelante.

Que llueva si tiene que llover, pues cada gota que me cae encima, me recuerda que sigo vivo, que sigo aprendiendo y que todavía queda mucho por disfrutar.

Y tú, ¿cómo enfrentas tus propias tormentas? ¿Esperas a que escampe o ya has aprendido a bailar bajo la lluvia?

La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo ella