Porque no todos los tiburones muerden, algunos simplemente nadan con calma, seguros de sí mismos, alimentándose de lo que realmente importa, como el tiburón ballena. Y es que, el tiburón ballena, no caza, no persigue, no intimida, se alimenta filtrando el océano con paciencia y en el mundo comercial esa actitud es oro. No hay que gritar para ser escuchado ni presionar para convencer, el verdadero poder está en la tranquilidad que inspira confianza.
He aprendido que los clientes no quieren depredadores, quieren aliados, alguien que los entienda, que sepa esperar, que no venda humo, sino soluciones y eso solo se consigue cuando tu energía deja de centrarse en “atacar” y pasa a centrarse en comprender.
Cada día recibo decenas de correos, propuestas y oportunidades “únicas” pero, como el tiburón ballena, he aprendido a filtrar, pues no todo lo que pasa frente a ti es comida y, en ventas, decidir a quién dedicar tu tiempo es la diferencia entre flotar o hundirte. Filtrar no es rechazar, es cuidar tu foco, tu energía y tu estrategia, porque cuando sabes qué te alimenta de verdad, el océano se vuelve mucho más amable.
Una de mis ilusiones o deseo es nadar junto a un tiburón ballena en medio del mar o del océano, desde el respeto y con el miedo que ello me producirá al estar en una situación que jamás he vivido ni experimentado con anterioridad.
Porque puedes ser elegante, profesional y aun así nadar en aguas profundas. Ser comercial no significa transformarte y ser lo que no eres, debajo del traje seguimos siendo personas que conectan con personas y esa es la venta más auténtica de todas.
Ser un tiburón no tiene por qué ser algo negativo, depende de qué tipo de tiburón elijas ser y yo prefiero ser como el tiburón ballena: grande, tranquilo y constante.
Porque vender no es devorar, es fluir y el océano siempre recompensa a quien sabe nadar con calma.
