Esta entrevista forma parte de la iniciativa Marca Baleares, impulsada por la agencia Disset para poner en valor el trabajo de las marcas de las islas, y que cuenta con el apoyo de Economiademallorca.com como media partner.
La Mallorca 312 es hoy uno de los grandes eventos cicloturistas internacionales, pero su origen fue tan sencillo como auténtico. Tal como explica su CEO y fundador, Xisco Lliteras, todo empezó en Artà, con un grupo de amigos y una idea clara: crear una prueba ciclista que estuviera a la altura de la isla y de su manera de hacer las cosas. Junto a su socio, el exciclista profesional Miquel Alzamora, organizaron en 2010 una primera edición modesta, con 199 participantes y un solo coche de apoyo. Quince años después, más de 8.000 ciclistas de unos 70 países viajan cada abril a Mallorca para vivir la experiencia.
Desde el primer momento, Lliteras tuvo claro que la prueba debía reflejar los valores de Baleares. Profesionalidad, belleza, respeto por el entorno y pasión por el detalle han marcado la evolución de la Mallorca 312, que ha crecido de forma constante sin perder su esencia. “La prueba no existiría sin el espíritu de la isla”, subraya. El paisaje, la luz, la gente y la forma de entender la vida forman parte inseparable de la identidad del evento.
Para el fundador, la marca Baleares representa excelencia, sensibilidad y carácter. Una manera de hacer las cosas con gusto, cuidando el entorno y poniendo atención en cada detalle. Esa filosofía es la que, según explica, se traslada a la organización de la Mallorca 312, donde cada edición se revisa minuciosamente para mejorar aspectos clave como la seguridad, la sostenibilidad, el voluntariado y la atención al participante. El objetivo es que cada ciclista viva una experiencia completa y memorable.
Lo que diferencia a la Mallorca 312 de otras pruebas cicloturistas del mundo es, en palabras de Lliteras, la combinación de reto, paisaje y emoción. Recorrer 312 kilómetros por la Serra de Tramuntana y el Pla de Mallorca es una experiencia que va más allá del esfuerzo físico. Es también un desafío personal y emocional, reforzado por la implicación de voluntarios, vecinos y organización. No hay rivalidad, sino compañerismo y comunidad. Cada participante afronta su propio reto, pero todos comparten un mismo sentimiento.
El impacto del evento trasciende lo deportivo. Celebrada en abril, antes del inicio de la temporada alta, la Mallorca 312 tiene un efecto directo en hoteles, restaurantes y comercios de la isla. Pero su mayor valor está en la proyección internacional de Mallorca como destino deportivo de calidad. Durante meses, imágenes del evento recorren medios y redes sociales de todo el mundo, generando una promoción que Lliteras califica de “impagable”. Además, muchos participantes regresan posteriormente con sus familias, contribuyendo a la desestacionalización del turismo.
Los valores que la Mallorca 312 quiere transmitir son claros: esfuerzo, respeto y comunidad. Completar la prueba supone un reto personal enorme, pero también una vivencia colectiva basada en la convivencia y el cuidado del territorio. El objetivo, afirma Lliteras, es que cada ciclista cruce la meta con la sensación de haber formado parte de algo más grande que una simple carrera.
Como mensaje final, el CEO de la Mallorca 312 anima a otras marcas de Baleares a confiar en sí mismas y en su origen. Para él, la autenticidad es la clave del crecimiento sostenible y de la proyección internacional. La Mallorca 312 es, según concluye, un ejemplo de que desde las islas se pueden crear proyectos globales si se combinan pasión, coherencia y respeto por la identidad propia.
