domingo. 19.07.2026
Con motivo del inicio de la temporada 2025, Economiademallorca.com entrevista a Toni Mir, CEO del grupo Cap Vermell, que lidera uno de los complejos hoteleros de lujo más destacados de la isla. Hablamos sobre perspectivas económicas, turismo de calidad, sostenibilidad, formación y la geopolítica internacional que, sorprendentemente, también afecta al sector hotelero mallorquín.

 

-Empezamos temporada 2025. ¿Con qué ánimo abre Cap Vermell Grand Hotel este año? ¿Qué perspectivas manejan?

-Abrimos con mucha ilusión, aunque cuesta cada vez más renovarla. La situación internacional y el entorno empresarial no ayudan, pero aquí seguimos. Creo sinceramente que 2025 va a ser un mejor año que 2024 para nosotros. Aunque la temporada va a ser más corta y comprimida, hemos conseguido atraer más grupos, más buyouts –es decir, empresas que ocupan todo el hotel durante unos días–, y eso nos da mayor estabilidad.

 

-¿Cuáles serán las principales apuestas del grupo esta temporada? ¿Se mantiene la apuesta por la gastronomía y el deporte?

-Absolutamente. La gastronomía es uno de nuestros pilares. Volvemos a contar con Roca, un producto ya muy consolidado que nos posiciona de forma única. Poder venir un fin de semana y disfrutar de una experiencia gastronómica de dos estrellas Michelin gracias al restaurante Voro no es algo común ni en Mallorca ni en el mundo. Y también seguimos apostando por el deporte: volvemos a esponsorizar el torneo de pádel Legends, de la fundación de Guardiola, y el evento Battle of Stars con globos aerostáticos. Además, el desfile de moda que hacemos cada año ya tiene fecha: será el 23 de agosto.

- ¿Y en cuanto al público local? ¿Tenéis planes específicos para residentes?
-Sí. Nuestro objetivo es seguir rompiendo la barrera mental que aún tienen muchos residentes: que los hoteles no son para ellos. Desde que arrancamos con el restaurante temporal Roka, creo que hemos cambiado esa percepción. Queremos que los mallorquines vengan, disfruten, vivan el hotel como suyo. Y lo hacemos con condiciones especiales, ofertas adaptadas y, sobre todo, con una atención muy cercana.

 

-¿Cómo veis el contexto turístico actual, con tanta tensión geopolítica?

-Es una situación volátil. En pocas horas puede cambiar todo. Lo que está haciendo la administración Trump con los aranceles puede tener un efecto importante a medio plazo. Hemos notado un aumento de demanda de producto europeo en EE.UU. justo antes de la aplicación de esos aranceles. Yo creo que el verdadero impacto se notará en el tercer trimestre. Aún así, nuestra temporada turística puede salir beneficiada, porque el segundo trimestre es cuando el consumidor decide sus vacaciones. Y ahí aún no se notará el golpe económico.

 

"El verdadero impacto de los aranceles de Trump se notará en el tercer trimestre del año"

-¿Y hacia qué mercados estáis mirando ahora mismo con más atención?
-Estados Unidos sigue siendo nuestro principal mercado extranjero, pero Corea del Sur ha sido una sorpresa muy positiva. Tenemos cada vez más clientes asiáticos, y eso refuerza nuestra idea de que Mallorca debe mirar hacia Oriente. Siempre he defendido que Palma podría ser un hub ideal entre Europa, América y Asia. Tenemos un aeropuerto con capacidad de crecimiento real, a diferencia de Madrid o Barcelona. Solo falta voluntad política.

-En cuanto a la economía local, ¿os afecta la presión fiscal actual?

-Lo que vivimos ahora los empresarios ya no es presión fiscal, es expolio. Los empresarios nos enfrentamos a una situación fiscal asfixiante. Y atraer talento en estas condiciones es muy complicado. La vivienda es un problema enorme en Mallorca, y eso también repercute en el sector. Nosotros apostamos por la formación y los valores para retener a nuestro equipo. La gente que trabaja aquí lleva la camiseta del hotel con orgullo. Crear un entorno sano es mi prioridad.

Lo que vivimos ahora los empresarios ya no es presión fiscal, es expolio

-¿Cómo estáis afrontando este año la gestión del personal en el hotel, especialmente en un contexto tan complejo como el actual?

-En nuestro caso hemos tenido la suerte de mantener una plantilla muy estable. El 60% del equipo repite cada temporada, y eso en un cinco estrellas gran lujo es un lujo en sí mismo. Aun así, el sector sigue sufriendo una falta de relevo generacional y de formación específica, sobre todo en cocina y sala. Lo que tampoco ayuda es la reciente reducción de la jornada a 37,5 horas semanales. En nuestro caso, eso significa perder el equivalente a 10 personas al año en horas efectivas. Es una medida que se ha planteado sin tener en cuenta las particularidades de sectores como el nuestro, donde la temporada es intensa pero concentrada. No estamos en contra de mejorar la calidad de vida del trabajador, al contrario, pero las soluciones deben ser realistas y aplicables.

-Cap Vermell lleva tiempo con un discurso claro sobre sostenibilidad. ¿Cómo se traduce eso en la práctica?

-La sostenibilidad no puede ser solo un eslogan, tiene que vivirse. En nuestro caso, todos los vehículos del hotel son eléctricos desde hace tres años. Hemos reducido drásticamente el uso de plásticos, mejorado el sistema de climatización para ahorrar energía y medimos nuestra huella de carbono cada temporada. Pero más allá de eso, creo que la sostenibilidad también es social: cuidar a tu equipo, al entorno, al producto local. Nuestro cliente de lujo no solo lo valora, lo exige. Y está dispuesto a pagar más si sabe que está contribuyendo a algo positivo. Por eso también defendemos que la ecotasa tiene sentido… siempre que se gestione con transparencia y eficacia.

"Los residentes somos los primeros responsables de la saturación"

-Se habla mucho últimamente de saturación turística. Desde el segmento del lujo, ¿cómo lo vivís vosotros?

-Nosotros no formamos parte de la masificación, pero sí sufrimos sus consecuencias. Cuando se aplican medidas generalistas, a veces se castiga al que más cuida el entorno. Nuestro cliente no viene en masa, no congestiona playas ni centros urbanos, pero sí se ve afectado si la experiencia global en la isla empeora. Y además, seamos honestos: los residentes también tenemos nuestra parte de responsabilidad. La Vía de Cintura, por ejemplo, se colapsa en pleno invierno, sin turistas. No se puede achacar todo al visitante. Los residentes somos los primeros responsables de la satuación. El problema es estructural: falta planificación urbanística, movilidad ineficiente, infraestructuras obsoletas… No podemos seguir hablando de saturación sin actuar sobre lo básico. El turismo de lujo, bien gestionado, no es parte del problema: puede ser parte de la solución.

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