La historia del Hotel Sant Jordi es también la historia de la transformación turística de Playa de Palma. Desde una pequeña pensión de 35 habitaciones inaugurada en los años 60 hasta convertirse en un establecimiento de cuatro estrellas orientado a la calidad y la rentabilidad, la empresa familiar ha vivido todas las etapas del turismo mallorquín. Su director general, Tomeu Pons, analiza los retos actuales del sector: la necesidad de seguir renovando el destino, la dificultad para encontrar personal cualificado, el acceso a la financiación, la dependencia del mercado alemán y la creciente importancia de la venta directa.
-¿El Hotel Sant Jordi es una empresa familiar con una larga trayectoria en Playa de Palma. ¿Cómo fueron sus orígenes?
-Nuestra historia comenzó en los años 60, cuando a mi padre le ofrecieron construir una pequeña pensión en un solar que pertenecía a la familia de mi madre. Mi padre era policía y mi madre regentaba una carnicería, por lo que ninguno de los dos tenía experiencia en el mundo turístico. Aun así, junto con una hermana de mi madre, decidieron emprender esta aventura.
El establecimiento abrió en 1964 con 35 habitaciones. Los primeros clientes fueron turistas escandinavos. Dos años después realizamos una primera ampliación y, posteriormente, otra en 1970, hasta alcanzar las 95 habitaciones. Así continuó el negocio familiar hasta que tomamos el relevo la siguiente generación.
-¿Cómo fue su incorporación a la empresa?
Empecé muy joven. Pasé por el bar, la recepción y diferentes departamentos del hotel. Descubrí que me gustaba este sector, estudié Turismo y, desde el año 2000, dirijo personalmente el establecimiento.
-¿Cómo ha evolucionado el hotel desde entonces?
-Hemos vivido etapas muy diferentes. Aprendimos que un hotel que no invierte y no se moderniza acaba quedándose atrás. El problema es que estas inversiones requieren mucho esfuerzo económico y los resultados no son inmediatos.
Hace unos años decidimos apostar por una reforma integral aprovechando la normativa de reconversión de zonas maduras. Reducimos el número de habitaciones para ganar calidad, pasamos de tres a cuatro estrellas y mejoramos considerablemente el producto. Hoy contamos con 119 habitaciones y una oferta mucho más orientada a la calidad que a la cantidad.
-¿Son un ejemplo de la transformación que ha experimentado Playa de Palma durante la última década?
-Creo que sí. Durante los últimos diez años los hoteleros hemos realizado un esfuerzo inversor enorme. La mayoría de establecimientos han pasado de dos y tres estrellas a cuatro estrellas, e incluso han aparecido numerosos hoteles de cinco estrellas. Sin embargo, la transformación no puede limitarse a los hoteles. El visitante no solo ve el establecimiento; también ve el entorno. Necesitamos una mejora global del destino.
-¿Qué aspectos considera prioritarios?
-La oferta complementaria, las zonas verdes, la movilidad, los aparcamientos, la seguridad y los servicios públicos. También necesitamos estabilidad normativa.
No podemos depender de que cada cambio político implique nuevas reglas del juego. Las empresas necesitamos saber cuáles serán las condiciones de los próximos diez años para poder planificar inversiones a largo plazo.
-La financiación es uno de los grandes desafíos para acometer estas reformas. ¿Cómo fue su experiencia?
-La inversión fue muy importante y tuvimos que recurrir a financiación bancaria. Hipotecamos prácticamente todo para sacar adelante el proyecto.
Además, tuvimos la mala suerte de que la reforma coincidió con la pandemia. Si la pandemia hubiera llegado un año antes, probablemente no habríamos realizado la inversión. Afortunadamente, las ayudas públicas y la colaboración de las entidades financieras como BBVA y en concreto algunas personas del banco, nos permitieron superar aquella situación.
-Usted destaca la importancia del factor humano en la empresa.
-Siempre he creído en las personas. Antes de valorar cualquier operación o acuerdo, me fijo en quién tengo delante. Tenemos proveedores que llevan más de 50 años trabajando con nosotros y otros que han permanecido más de dos décadas. Son relaciones construidas sobre la confianza y el trato personal.
-Uno de los problemas recurrentes del sector es la falta de personal. ¿Cómo lo viven ustedes?
-Es un problema generalizado. Necesitamos una mayor profesionalización del sector, más formación y más cualificación.
Pero, sobre todo, necesitamos resolver el problema de la vivienda. Hoy la vivienda es la principal dificultad para atraer y retener trabajadores en Mallorca. Si una persona no puede permitirse vivir aquí, es muy difícil que quiera desarrollar una carrera profesional estable.
-¿Cómo gestionan su plantilla?
-Contamos con entre 36 y 37 trabajadores. Aproximadamente el 80% reside en Mallorca y una parte importante lleva muchos años con nosotros. Intentamos fidelizar al personal ofreciendo estabilidad. Por eso abrimos cerca de diez meses al año. Si únicamente abriéramos durante la temporada alta, probablemente ganaríamos más dinero, pero preferimos prolongar la actividad para ofrecer más meses de trabajo a nuestros empleados.
-El mercado alemán sigue siendo fundamental para Playa de Palma. ¿Qué peso tiene para ustedes?
-En Playa de Palma el mercado alemán continúa siendo mayoritario y, en nuestro caso, representa aproximadamente la mitad de la clientela anual.
También trabajamos con británicos, españoles, franceses, holandeses y otros mercados internacionales. Incluso hemos observado un crecimiento llamativo de visitantes coreanos en los últimos años.
-Hace unos años decidieron reducir la dependencia de los turoperadores. ¿Por qué?
-Principalmente por rentabilidad. El modelo tradicional garantizaba ocupación porque vendías con mucha antelación, pero limitaba tu capacidad de adaptación a la demanda.
Con la venta directa tenemos más libertad para fijar precios y gestionar nuestra comercialización. Es cierto que genera más incertidumbre, pero también mejora significativamente los ingresos.
Desde que apostamos por este modelo hemos incrementado la facturación año tras año. El problema es que el aumento de costes —personal, proveedores, impuestos y suministros— dificulta que ese crecimiento se traduzca en una mayor rentabilidad.
-¿Le preocupa la situación económica de Alemania?
-Me preocupaba más hace un año. Evidentemente seguimos atentos a la evolución económica y a la incertidumbre internacional, pero por ahora los niveles de ocupación siguen siendo muy altos y las reservas mantienen un buen comportamiento.
-¿Ha cambiado la forma de viajar del turista?
-Muchísimo. Antes las vacaciones eran un lujo; hoy son una necesidad para muchas personas. También han cambiado los hábitos de reserva. Antes se reservaba con muchos meses de antelación; ahora las decisiones se toman mucho más cerca de la fecha del viaje.
Además, el turista es mucho más exigente. Ya no busca únicamente sol y playa. Quiere mejores hoteles, mejor gastronomía, experiencias auténticas y actividades personalizadas.
-¿Qué demanda actualmente el visitante que llega a Mallorca?
Busca experiencias. Quiere descubrir la isla de otra manera: rutas guiadas, naturaleza, cultura, gastronomía y actividades específicas adaptadas a sus intereses. El sol y playa siguen siendo fundamentales, pero ya no son suficientes por sí solos. El cliente actual exige más calidad y más valor añadido.
-También ha expresado su preocupación por el estado de la playa.
-Sí. Creo que debemos encontrar soluciones sostenibles para la pérdida de arena y para la conservación del litoral. Además, considero que la Playa de Palma necesita más diversidad en algunos de sus servicios. No todo tiene que ser homogéneo. La variedad y la diferenciación pueden enriquecer mucho más la experiencia del visitante y aportar valor al destino.
