El presidente de la Asociación de Empresas de Distribución de Alimentos, Bebidas y Limpieza de Baleares (ADED), Tolo Servera, analiza el estado del sector en un momento marcado por la inflación, la falta de conductores, la movilidad y las protestas antiturísticas. Advierte de la necesidad de tomar medidas contra el alquiler turístico ilegal y pide evitar alarmas innecesarias sobre el turismo, del que depende toda la economía balear.
-¿Cómo valora lo que llevamos de temporada?
-Pues con el turismo tenemos un problema en esta comunidad: hablamos demasiado cuando tendríamos que intentar crear calma. Cuando se habla tanto, cada uno cuenta su historia y al final da la sensación de que la temporada no va tan bien como realmente va. Vendrán tiempos muchísimo peores que ahora, pero repito, todo esto es una sensación que estamos creando: que si hay saturación, que si no la hay, que los restaurantes son caros, que no hay gente… Todo esto no es bueno.
-¿Sobre qué productos está notando más el impacto de la inflación?
-Nosotros nos dedicamos a la alimentación. Hay una serie de productos que tuvieron grandes subidas debido a las producciones, por ejemplo, el café, el cacao, el azúcar, etc. Aunque ahora se han estabilizado. Fue el caso del aceite de oliva, pero ahora está bajando. Es decir, los productos que sufren grandes subidas de golpe, siempre por malas cosechas o algo parecido, después se acaban estabilizando. No hay grandes contratiempos de precio en lo que es alimentación.
-Usted se quejó de la falta de conductores hacia empresas públicas. ¿Están notando competencia desleal?
-La competencia es totalmente desleal y me parece increíble que a los que dirigen la maniobra política les dé igual. Nosotros, y otros muchos sectores, tenemos grandes problemas para poder tener chóferes o repartidores. Cuando los hemos formado, cuando han aprendido, resulta que hay un concurso de la EMT, del TIB, de EMAYA o de cualquier empresa pública que paga mejor.
En estas empresas se trabaja de otra forma y nos quitan los chóferes. Este problema ya lo he hablado con algún conseller. Parece que lo entienden, pero al final siguen haciéndolo.
-¿Cómo se han vivido las recientes manifestaciones antiturísticas? ¿De qué modo repercuten en su sector?
-Mal, por supuesto. El turismo es lo más sensible que existe, y hay gente que cree que el turismo lo aguanta todo. No es así. El turismo es fácil de entender: es una familia, una persona que decide pasar unos días agradables, porque nadie se va de vacaciones para estar peor que en su casa.
Si en un destino hay mal servicio, si el hotel o su alojamiento está en mala situación, si hay manifestaciones en la calle, todo esto después se magnifica. En Baleares nuestro éxito se ha basado en los últimos 100 años en el boca a boca. El que venía aquí se iba satisfecho y contaba a su familia la experiencia vivida en nuestra isla. Ahora empieza a ir al revés, y esto es muy delicado. Me parece increíble que no se tomen medidas.
"El turismo es lo más sensible que existe, y hay gente que cree que el turismo lo aguanta todo"
¿Cómo se ha recuperado su sector después de la pandemia?
Bien, está totalmente normalizado. Se pasó muy mal, lógicamente, el primer año, 2020. El 2021 fue peor todavía y, en 2022, empezamos a respirar. Hoy esto está ya totalmente superado.
-¿Qué solución ve a la problemática de la masificación turística?
-Soluciones habrá que buscarlas. El problema es que no hacemos absolutamente nada —que no sea traumático— para arreglarlo. El mayor ejemplo que no entiendo es cómo los últimos cinco o seis gobiernos no han sabido atajar lo que es el alquiler turístico en plurifamiliares.
Esto es la causa primera del malestar del ciudadano, porque en la finca donde habita, donde vive, tiene un piso para vivir, no para que se convierta en una pensión. Sin embargo, algo que debería ser de voluntad política, de tomar medidas, no solo no se hace, sino que casi se potencia. Estoy hablando de alquiler turístico en plurifamiliares.
Esto es de sentido común: no debería existir de ninguna manera. El otro día una periodista dijo de forma muy sabia: “El hecho de que yo tenga una lavadora en mi casa no quiere decir que pueda poner una lavandería. El hecho de que yo tenga una cocina en mi casa no quiere decir que pueda tener un restaurante”. Los pisos y las casas son para vivir.
Esto se ha ido de las manos. No sé qué grandes intereses ocultos debe de haber detrás, pero no se ataja. Y estamos viendo, no solo aquí, sino en todo el mundo, que se está persiguiendo y tomando medidas contra el alquiler turístico.
-La problemática de la movilidad es un lastre para su sector…
-Por supuesto, pero yo procuro separar lo que son realidades de lo que son presentimientos. En mi sector, un repartidor que iba a Cala Ratjada —lo más lejos de Palma— tardaba una hora en llegar. Después hacía su trabajo y otra hora en volver. Ahora tarda como mínimo una hora y media en llegar. Es decir, se pierde muchísimo tiempo en las carreteras.
La movilidad depende de en qué momentos y en qué zonas. Es verdad que está complicado, pero que alguien me diga alguna ciudad del mundo o alguna zona donde la movilidad no esté complicada. Aquí lo está, repito, en puntos muy estratégicos.
En invierno, cuando no hay turistas, en zonas de colegios, en entradas a Palma, todos sabemos que hay un porcentaje muy alto de gente que vive fuera y trabaja en Palma cada mañana, y todo esto crea saturación. Se ha puesto sobre la mesa en muchas ocasiones el tema de aparcamientos disuasorios con bus lanzadera, así como aparcamientos subterráneos. Los últimos creo que los hizo Joan Fageda. Entonces, bueno, lloramos mucho y los que tienen que dar solución a los temas, no lo dan.
" Se pierde muchísimo tiempo en las carreteras"
-Al principio de temporada hubo una notable falta de productos lácteos. ¿Se ha avanzado en este asunto?
-Sí, esto fue un tema muy puntual. Hubo faltas de grasa y demás. Los mercados hoy están, lógicamente, movidos por intereses, pero están muy interrelacionados.
En Alemania, por decir algo, si falta leche, repercute en toda Europa. Entonces, al principio de año hubo una falta de producto graso, sobre todo en mantequillas, pero se fue solucionando y ahora está totalmente estabilizado. Pero vamos, que mañana faltará otra cosa. Esto ya sabemos que va a ser así.
-Economía de Mallorca cumple 10 años. ¿Cuáles cree que son los principales retos a los que se ha enfrentado la economía en esta década?
-El reto en la economía de Mallorca o de Baleares es el mismo: si no entendemos claramente que vivimos y dependemos al 100 % del turismo… Ya quedó muy claro durante la pandemia. En 2020 no hubo turismo. En 2021 hubo muy poco.
El agricultor, al que a veces le han hecho creer que vivía al margen del turismo, no vivía al margen. No había turismo y no podía vender sus productos. Entonces, el principal reto de estos últimos diez años debería haber sido poner en orden todo aquello que está desordenado, que es lo que ya hemos hablado.
Afortunadamente, tenemos un atractivo como destino turístico tan potente que, a pesar de las barbaridades que estamos haciendo en este sector, seguimos estando entre los punteros a nivel mundial. Y hay que tener muy claro: nuestro turismo es familiar, vacacional. Y en esto lo sabemos hacer mejor que nadie, sin que las administraciones ayuden a que esto mejore.
-¿Cuál ha sido el papel de Economía de Mallorca dentro de la sociedad balear?
-Yo creo que cualquier medio de comunicación es básico, siempre y cuando sea veraz, que no esté para confundir y que contraste opiniones. Yo he vivido lo que era el periodismo de hace 25 o 30 años, cuando no se publicaba ninguna noticia que no estuviera verificada.
En este caso, Economía de Mallorca entiendo que es profesional y se dedica a lo que se dedica. No habláis de sucesos, habláis de economía, por eso creo que vuestra aportación es importante.
