domingo. 26.07.2026

Hay empresas que celebran un aniversario mirando hacia atrás. IPRoom ha decidido utilizar sus 20 años de historia para hacerse una pregunta distinta: qué quiere construir a partir de ahora.

La compañía mallorquina, especializada en soluciones de telecomunicaciones para el sector hotelero y con actividad internacional, ha alcanzado una dimensión que le permite empezar a pensar más allá de la operativa diaria. El aniversario no se plantea únicamente como una celebración, sino como el momento en el que la empresa quiere formalizar una nueva etapa: la construcción de una estrategia propia de responsabilidad social corporativa.

Y el primer paso de ese recorrido pasa por la cultura. La colaboración con el Festival de Música de Cap Rocat representa, en este sentido, mucho más que una acción vinculada al aniversario. Es la primera expresión visible de una nueva manera de entender la empresa. Una compañía que, después de dos décadas centrada en crecer, consolidarse y responder a las necesidades de sus clientes, empieza también a preguntarse qué puede devolver al entorno que la ha acompañado durante estos años.

«Estamos en un punto de madurez de la empresa», explica Juan Antonio Tortella, director financiero de IPRoom. La frase resume el momento en el que se encuentra actualmente la compañía. El crecimiento ha dejado de ser el único objetivo. Ahora aparece una segunda preocupación: qué hacer con la dimensión alcanzada.

La respuesta de IPRoom se articula alrededor de tres ejes. La cultura, el apoyo a organizaciones vinculadas especialmente al ámbito de la discapacidad intelectual y la voluntad de generar un impacto positivo en los territorios donde desarrolla su actividad.

La conexión con el festival tiene también una raíz familiar. La familia Tortella ha mantenido históricamente una relación cercana con la música clásica y la ópera, una sensibilidad que hizo especialmente natural el acercamiento a un proyecto cultural de estas características. Pero la decisión de colaborar con Cap Rocat no responde únicamente a una afinidad personal. «Nos pareció una forma de cumplir la mayoría de edad», resume Tortella.

La compañía ha decidido que sus 20 años sean algo más que una cifra redonda. El aniversario se convierte en una oportunidad para abrir una nueva puerta: no limitarse a la operativa empresarial, sino participar en proyectos que aporten valor a la comunidad.

En el caso del Festival de Música de Cap Rocat, además, la compañía se incorpora a un proyecto que ya ha alcanzado una dimensión propia. IPRoom no entra en una iniciativa que está buscando todavía su identidad, sino en un festival que se ha consolidado como una de las grandes propuestas culturales de Mallorca.

Para IPRoom, la cultura se convierte así en la primera pata visible de una estrategia que quiere consolidarse en los próximos años.

De celebrar 20 años a empezar a devolver

Las otras dos líneas de la estrategia tienen un componente más directamente social. Por un lado, el apoyo a organizaciones vinculadas especialmente al ámbito de la discapacidad intelectual, una realidad que la familia Tortella conoce de cerca. Por otro, la voluntad de generar un impacto positivo en los territorios donde la empresa desarrolla su actividad. Este último punto conecta directamente con el modelo de negocio de IPRoom.

La compañía trabaja en distintos destinos internacionales y, en muchos casos, sus equipos permanecen durante meses en los países donde se desarrollan los proyectos. La relación con esos territorios, por tanto, no termina cuando finaliza una obra.

La empresa ya ha desarrollado de forma natural algunas prácticas en esta dirección. En los destinos donde trabaja, IPRoom ha formado a profesionales locales que posteriormente han podido continuar desarrollando su carrera en el ámbito del mantenimiento hotelero. También ha mantenido la relación con equipos locales con los que ya había trabajado años atrás.

No se trata, según explica el director financiero, de construir una acción de responsabilidad corporativa artificial, sino de ordenar y dar una estructura a una manera de trabajar que ya formaba parte de la compañía. El aniversario sirve precisamente para eso: para poner nombre a una nueva etapa.

De la incertidumbre poscovid a la confianza en el futuro

El momento elegido tampoco es casual. Tras la pandemia, IPRoom afrontó una etapa de incertidumbre en la que, como muchas empresas, se preguntó hasta qué punto el escenario económico podía alterar su trayectoria.

Cinco años después, la lectura es diferente. «De los 15 a los 20 años hemos consolidado el grupo», explica Tortella. La compañía ha mantenido una evolución positiva de su facturación y ha reforzado su estructura hasta alcanzar una confianza que hace unos años todavía no daba por descontada.

La metáfora que utiliza el director financiero es reveladora: IPRoom ha pasado de preguntarse si sería capaz de llegar a la final a saber que tiene argumentos para competir en ella.

La experiencia acumulada durante dos décadas, la especialización y la capacidad para superar distintos ciclos económicos han cambiado la percepción interna de la compañía.

«Siempre hemos sabido que éramos buenos, pero ahora creemos que somos buenos y que tenemos conocimiento, experiencia y liderazgo», resume.

Esa confianza también se refleja en la estrategia de crecimiento. La empresa ha recuperado una línea de negocio vinculada a la electricidad, relacionada con la propia historia familiar, y mantiene su actividad principal en el ámbito de las telecomunicaciones. Al mismo tiempo, observa nuevas oportunidades vinculadas al desarrollo tecnológico, la inteligencia de objetos y la robótica.

El objetivo no es crecer por crecer, sino aprovechar las transformaciones que están modificando la relación entre tecnología, empresas y usuarios.

La especialización de IPRoom puede resumirse en una frase tan sencilla como reveladora: «Hacemos que la gente no se queje de que tiene mala cobertura de WIFI». Detrás de esa formulación aparentemente simple existe una actividad tecnológica cada vez más compleja.

La compañía trabaja para grandes cadenas hoteleras y desarrolla soluciones de telecomunicaciones que afectan directamente a la experiencia del huésped. Conectividad, televisión, telefonía, redes y mantenimiento forman parte de una infraestructura que el cliente final normalmente solo percibe cuando falla.

La empresa ha desarrollado una especialización muy concreta en el sector hotelero, donde la conectividad se ha convertido en un servicio esencial. La experiencia del cliente empieza mucho antes de llegar a la habitación y continúa en cada interacción digital que realiza durante su estancia.

El mantenimiento se ha convertido en una parte esencial de su modelo de negocio. La compañía apuesta por acompañar a los hoteles durante toda la vida útil de los sistemas instalados, con la lógica de que una obra bien ejecutada debe traducirse en el menor número posible de incidencias durante los años posteriores.

Es una filosofía que conecta directamente con la naturaleza familiar de la empresa. IPRoom no plantea sus proyectos con una lógica de corto plazo, sino con la intención de que la relación con el cliente pueda mantenerse durante años. «No pensamos en vender. Pensamos en suceder», afirma.

Una empresa familiar que piensa en el largo plazo

La condición de empresa familiar se ha convertido en uno de los elementos que IPRoom considera más importantes de su identidad. No únicamente por una cuestión de propiedad, sino por la forma de tomar decisiones.

La compañía no trabaja con la lógica de ejecutar un proyecto, maximizar el resultado y desaparecer. El objetivo es construir relaciones que puedan continuar en el tiempo. Una visión que, según Tortella, se traslada tanto a la relación con los clientes como a la manera de entender las inversiones. «No pensamos en el corto plazo», explica. «No pensamos en vender, pensamos en suceder».

La frase resume una mentalidad que también se proyecta sobre el futuro familiar de la compañía. La siguiente generación ya forma parte de la ecuación y eso obliga a pensar en horizontes más largos.

La empresa no se plantea únicamente qué puede hacer durante los próximos años, sino qué estructura quiere dejar preparada para las próximas décadas.

En ese contexto, la responsabilidad corporativa adquiere una dimensión diferente. No es una campaña puntual ni una acción aislada. Es la consecuencia de una empresa que ha alcanzado una determinada madurez y empieza a preguntarse qué significa crecer.

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