Una de las cosas que más disfruto de mi profesión es que cada día tengo la oportunidad de aprender. Y no solo de números o estrategias empresariales, sino del pulso real de esta isla. Esta semana, en el Foro EDM dedicado a la regeneración del sector agroalimentario, volví a escuchar —y sobre todo a sentir— la voz de un sector esencial que, sin embargo, parece invisible para muchos: el de los productores locales.
Mallorca no sería lo que es sin su campo. Es uno de sus grandes atractivos. La imagen de Mallorca no sería la que es sin sus almendros, sus olivos, sus viñas. Tampoco lo seria sin la sobrasada o la ensaimada, alimentos eternos que cruzan generaciones y representan un elemento promocional brutal. No sería la que es Mallorca sin sus quesos, sin unos vinos con tantos y tan diferentes matice, sin el aceite que embotella siglos de sabiduría.
Pero este patrimonio tan rico y tan nuestro se tambalea. Y no por falta de calidad, ni de amor al oficio, sino por falta de apoyo real y coherente. Y no, no soy pesimista sino realista. Por que no es momento de echar la vista a un lado para más tarde lamentarnos. Por una vez seamos previsores, anticipémonos... tengamos una estrategia de futuro.
Los productores nos lo dijeron claro: falta relevo generacional. Falta mano de obra. Sobra burocracia. Falta una estrategia que les permita vivir con dignidad
Los productores nos lo dijeron claro: falta relevo generacional. Falta mano de obra. Sobra burocracia. Falta una estrategia que les permita vivir con dignidad. Y sobre todo, falta que nos lo creamos, desde las instituciones hasta quienes cada día llenamos la cesta de la compra.
Porque el gran problema no está solo en el campo, está también en nuestras decisiones cotidianas. Hemos normalizado correr por los pasillos del supermercado, buscando la oferta más barata, sin preguntarnos de dónde viene ese tomate perfecto o ese aceite en oferta. Y con cada compra, votamos por un modelo.
Elegir producto local no es un capricho, es un acto de responsabilidad. Es apostar por sostenibilidad, por calidad, por salud, por cultura. Es cuidar el paisaje que tanto nos gusta fotografiar. Es hacer posible que la ensaimada siga teniendo manteca hecha aquí, y no una versión industrial que solo se parece en la forma.
No se trata de idealizar al pequeño productor ni de demonizar al que importa. Se trata de equilibrar. De valorar lo que tenemos. De entender que detrás de cada botella de vino, de cada queso o de cada tarro de miel, hay personas que luchan cada día por mantener viva una forma de vida, y con ella, nuestra identidad.
Los políticos tienen una responsabilidad clave: reducir trabas, invertir en formación, crear incentivos estables y eficaces, y conectar de una vez el sector agro con el turístico, que sigue sin incorporar de forma estructural el producto local en su oferta. Pero nosotros, como consumidores, también tenemos una tarea pendiente: comprar con conciencia, sabiendo que el precio no lo es todo.
Consumir local no es solo una moda ni una etiqueta bonita. Es mirar a los ojos a quien cultiva tu comida. Es apostar por el futuro de nuestra isla. Es decidir qué tipo de economía queremos y qué valores nos representan.
En Economiademallorca seguiremos alzando la voz por un campo que no solo alimenta, sino que construye comunidad, territorio y cultura. Ojalá este foro no se quede en palabras, sino que marque el inicio de una acción real y compartida. Porque cuidar el producto local es cuidarnos a todos.
