Los datos son inaceptables. Casi el 40% de la oferta turística vacacional en Mallorca es ilegal. Repito: cuatro de cada diez alojamientos no cumplen la ley. Y lo dice oficialmente una institución como el Consell de Mallorca con datos de un estudio. Esto no es un problema menor. No se trata de una anécdota. Es un escándalo en toda regla. Un marronazo en el que hasta ahora ningún político se ha querido mojar de verdad.
Seamos serios ¿Alguien puede imaginar que el 40% de los supermercados, de las constructoras o de los talleres funcionaran sin licencia, al margen de la ley? Sería impensable. Entonces, ¿por qué lo hemos permitido en el turismo vacacional? ¿Porque durante años se ha mirado hacia otro lado?. ¿Porque ha habido pasotismo?. ¿Porque ha faltado coraje político?. Ah. Y no me sirve la excusa de siempre de que no había recursos para controlarlo todo. Esta legislatura se han contratado inspectores a mansalva y los resultados se estan viendo. Ahora resulta más temerario que nunca tener una propiedad vacacional sin licencia. La que te puede caer encima es para arruinarte la vida.
Este descontrol que estamos padeciendo es un varapalo para la credibilidad de Mallorca como destino. Y además, da la razón al sector hotelero, que lleva años con controles exhaustivos y continuos (como debe ser) mientras veía cómo parte del mercado vacacional se expandía sin freno, sin cumplir normas sanitarias, laborales o urbanísticas. Unos han jugado con todas las cartas encima de la mesa y una parte importante de los otros lo han hecho con barajas marcadas.
Lo que está haciendo ahora el Consell, lanzándose a la caza del ilegal vacacional, es incómodo políticamente pero imprescindible. Yo particularmente lo aplaudo. Y es que como he dicho antes ya no caben excusas ni medias tintas. Toca actuar sin miramientos y cortar de raíz este despropósito.
La pregunta es clara: ¿qué pasará cuando se desmantele lo ilegal? ¿Cuántas plazas desaparecerán? ¿En cuánto se reducirá la capacidad de acogida de la isla? Y, sobre todo, ¿por qué hemos llegado hasta aquí? La saturación turística no ha caído del cielo. Se ha alimentado precisamente de este descontrol.
Que nadie me malinterprete. No se trata, ni mucho menos de demonizar el alquiler vacacional. Esta oferta puede y debe convivir con la hotelera. De hecho son complementarias. El destino gana con esta variedad alojativa, pero solo si se respetan las mismas reglas. Y aquí está la clave: igualdad ante la ley. Nada más, nada menos.
Mallorca no puede seguir construyendo su futuro turístico sobre la ilegalidad. O ponemos orden de una vez o hipotecamos nuestra isla. Y ya hemos perdido demasiado tiempo.
