Dicen que diez años no son nada. Lo dicen los tangos y también esas sobremesas navideñas que empiezan con turrón y acaban con debates económicos inesperadamente intensos, cuando otras cuestiones como el futbol o la política lo permiten. Pero para un medio digital especializado en economía, nacido en una isla y con vocación de incomodar cuando toca, diez años son mucho. Muchísimo. Son casi un milagro… incluso en Navidad.
Cuando Economiademallorca.com dio sus primeros pasos, aún había quien dudaba de que la economía interesara a alguien más allá de los despachos, los consejos de administración o los cuñados mejor informados de cada comida familiar. Diez años después, aquí seguimos, cerrando otro ejercicio, sumando una década completa y demostrando que hablar de economía no solo es necesario, sino cada vez más imprescindible.
Como manda la tradición de estas fechas, toca hacer balance. Y el de la economía balear, al menos en la superficie, invita a un brindis moderadamente optimista. Cerramos el año con empleo en máximos, actividad intensa y una temporada turística que, una vez más, ha resistido mejor de lo que pronosticaban los más pesimistas… y casi tan bien como esperaban los más optimistas. No es poco en un mundo que parece decidido a no darnos demasiadas certezas como regalo de fin de año.
Eso sí, conviene no confundir el ambiente festivo con la complacencia. Bajo las luces de Navidad y los buenos datos coyunturales, la economía de Baleares sigue acumulando retos estructurales que no se resolverán con doce uvas ni con buenos propósitos para enero. Dependencia excesiva, falta de vivienda, problemas de productividad y una presión regulatoria creciente siguen formando parte de la carta a los Reyes Magos que año tras año nadie parece leer del todo.
A todo ello se suma una incertidumbre internacional que no entiende de calendarios. Conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, tipos de interés que cambian de humor más rápido que el tiempo en invierno y una transición energética tan necesaria como mal gestionada dibujan un escenario global poco dado a la tranquilidad. Puede que aquí el sol siga brillando, pero las decisiones se toman en un contexto cada vez más volátil.
Y en medio de este escenario, conviene insistir —una Navidad más— en la defensa de una figura que rara vez recibe regalos en el debate público: el empresario. Ese actor fundamental al que algunos siguen mirando con recelo, como si crear empresas fuera un pecado y no una condición básica para el bienestar colectivo. El empresario real, el que arriesga su patrimonio, crea empleo, paga impuestos incluso en años malos y vuelve a intentarlo cuando las cosas no salen, sigue siendo uno de los grandes motores del progreso de nuestra sociedad.
En Baleares lo sabemos bien. Sin empresarios no habría habido transformación económica, ni modernización, ni oportunidades para miles de trabajadores. Defender su papel no significa idealizarlo, sino reconocer su función y exigirle, al mismo tiempo, responsabilidad, compromiso y visión de futuro. Algo muy parecido a lo que pedimos al nuevo año cada vez que brindamos por él.
En estos diez años hemos vivido crisis financieras, récords turísticos, pandemias, debates eternos y modas conceptuales que duraron menos que un polvorón en una mesa de despacho. Hemos aprendido que la economía no es una ciencia exacta, pero sí una disciplina que exige rigor, memoria y una cierta dosis de humildad. Tres virtudes muy recomendables también para el cambio de año.
2026 no llegará con soluciones mágicas bajo el brazo. La economía balear seguirá enfrentándose a desafíos complejos: vivienda, capital humano, sostenibilidad real y un modelo de crecimiento que necesita más calidad y menos eslóganes. Y lo hará en un entorno internacional tan imprevisible como el resultado de algunas cenas navideñas.
Por eso, más que nunca, hacen falta medios económicos independientes, críticos y pegados a la realidad. Medios que expliquen, contextualicen y no confundan el ruido con el análisis. Medios que entiendan que la economía no va de ideología, sino de consecuencias.
Diez años después, Economiademallorca.com sigue creyendo en lo mismo. En explicar la economía sin complejos, en dar voz a quienes crean riqueza y empleo y en señalar lo que no funciona, incluso cuando no es lo más cómodo para estas fechas. Y sobre todo, creemos en ser cercanos. Esn estar a vuestro lado.
Cerramos el año, cerramos una década y abrimos un nuevo calendario con la convicción de que la economía, como la vida, no va de certezas absolutas, sino de decisiones razonables en tiempos inciertos. Reiteramos el mismo compromiso que asumimos el primer día: explicar la economía sin complejos, defender la iniciativa empresarial y contar lo que pasa, incluso cuando no es cómodo. Y de trabajo constante, incluso cuando el resto está de vacaciones.
Seguimos. Porque diez años no son nada… pero tampoco son poco.
Y porque, pase lo que pase, el año que viene la economía volverá a estar en la mesa.
Felices fiestas, buen cierre de año y próspero ejercicio económico para todos.
