sábado. 18.07.2026

La singularidad menorquina

sergio
sergio

Son incontables las ocasiones que, viviendo en su momento en la Península o ya durante mi carrera profesional desarrollada en Mallorca, compañeros o amigos del resto de España me han preguntado por Menorca, e incluso pedido ‘que me acerque’ a la isla más al norte de Baleares, como si fuese un pueblo o barrio colindante al nuestro… Es decir, sin reparar en la barrera insalvable, mar mediante, que requiere el uso de avión o barco, ni por descontado en las innumerables diferencias que separan a los mallorquines de los menorquines -lo mismo que nos ocurre con los ciudadanos de las Pitusas-.

Siempre que la visito Menorca me resulta impactante, por diversos motivos, empezando por su belleza y/o su (para mi excesiva) tranquilidad. La reciente celebración de la Gala CAEB 2025 en Mahón me ha permitido actualizar estos pensamientos, la mayoría vigentes desde hace mucho tiempo. Porque Menorca es muy particular: es la más aislada de las tres islas principales del Archipiélago balear en cuanto a conexiones aéreas, lleva un ritmo diferente del que presumen sus propios ciudadanos, sigue manteniendo una temporada turística alta de poco más de 4 meses (en Mallorca y también Ibiza se han consolidado mínimo 8), se ha mantenido firme en su apuesta por la carretera general de un único carril, con mínimos desdoblamientos, apenas con reducidas mejoras en algunos tramos… Ni que decir tiene que Mahón y Ciutadella, sus principales localidades, son ajenas al bullicio y colapso más o menos común que vivimos en el resto de las capitales de las Islas, como Palma o Ibiza ‘vila’.

Es decir, nada o poco que ver con los mallorquines o los ibicencos o formenterenses. Eso lo tenemos claro aquí, la mayoría de los que hemos nacido en las Islas o los que llevan mucho tiempo residiendo entre nosotros.

No obstante, buscando conexiones entre ambas islas, que también las hay, estos días he reparado una vez más en el Paseo Marítimo de Mahón, uno de los enclaves más bonitos que recorre el espectacular puerto natural de la capital menorquina. Tan emblemático como poco concurrido (es cierto que no lo visito hace mucho en julio y agosto, pero sí en junio o septiembre, además del resto del año), hace ya años le puso la cruz al vehículo privado -dejando un solo carril, con restricciones y escaso aparcamiento- en favor de los peatones.

Algo similar acaba de ocurrir con la esperada e interminable reforma del Paseo Marítimo de Palma, iniciada por el ya lejano 2022.Tras 3 largos años de obras, el nuevo aspecto ofrece más espacio para el peatón, las familias y los negocios de primera línea (terrazas), arbolado en la zona central y en el lado del mar, carril bici perfectamente armonizado con el entorno… a la par que menos carriles y más estrechos para el vehículo y la eliminación casi total del aparcamiento. Sin embargo, en este caso, ni el arquitecto ni sus valedores parecen haber pensado en el ciudadano de Palma, el que lo debe visitar y disfrutar durante todo el año.

La ausencia de aparcamiento en el Marítimo de Palma -se han suprimido algo más de 1.000 plazas- es un hándicap importante para un residente acostumbrado al uso del vehículo particular. Un problema que sigue sin tener solución una vez inaugurado el proyecto.

Los vecinos de Mahón defienden y conviven al parecer sin problemas aceptando una primera línea del puerto sin apenas tráfico, con amplias aceras y reservada al peatón. La mayoría de los negocios -especialmente los restaurantes- siguen abriendo esos citados 4 meses al año. Ahora veremos cómo evoluciona el comercio y la restauración del Marítimo de Palma con el acceso restringido al vehículo privado tras resistir -los que han podido- tres años de obras, inconvenientes y una importante reducción de ingresos.

La singularidad menorquina