lunes. 20.07.2026

Trabajar duro en los momentos de calma

jaime garcia article

Llevo unos días reflexionando sobre la relativa tranquilidad que, en los últimos meses, están viviendo los mercados financieros. Y cómo los diferentes acontecimientos que nos rodean, varios conflictos tanto bélicos como comerciales, parecen estar pasando casi de puntillas.

Pero no nos relajemos porque todo es aparente. Los mercados financieros se parecen a la vida, al tiempo, al mar: no son lineales ni estables. Viven momentos de tranquilidad y de nervios; de calma y de tensión; de subidas y de bajadas. Es la conocida como volatilidad, que va siempre acompañada por la incertidumbre.

No sabemos cuándo ni cómo llegará. Pero la experiencia nos indica que, en un momento u otro, la inestabilidad en los mercados financieros volverá de nuevo. Como surgen las borrascas tras periodos de anticiclón. Como crecen nubes cargadas de lluvia tras días de cielo radiante.

Inevitablemente, siempre que hago esta reflexión, viene a mi mente una charla del navegante Unai Basurko a la que asistí hace años. ¡Menudo tipo! ¡Ha navegado por todos los océanos en solitario! ¡Ha dado la vuelta al mundo en vela y sin motor! ¡Él y su barco! Nada ni nadie más. Todo un ejemplo de fuerza física y mental.

Al caso, en aquel encuentro, Basurko insistía en la necesidad de la preparación en tiempos de tranquilidad. De hecho, afirmaba que los momentos de calma chicha era cuando más trabajaba: organizaba y preparaba su barco de cara a afrontar futuros mares embravecidos.

Aunque nuestro impulso nos lleve a relajarnos, es muy importante no bajar la guardia en estos momentos de sosiego. Disfrutémoslos, pero no nos relajemos en exceso, aprovechemos para prepararnos. Es lo que, como asesor financiero, recomiendo siempre a mis clientes: que durante estos periodos reorganicen sus finanzas y, sobre todo, que lo hagan bien. Un bien que va acompañado de muchos matices.

Porque cuando lo que está en juego es algo tan importante como nuestro futuro no debería bastar con un “parece que…” o “me han dicho que…” o “he visto en la tele que…”.

Se requiere de estrategia, análisis y experiencia. De leer lo que nos indican la brújula y el mapa y saber qué camino tomar. Con cabeza y tranquilidad. De profesionalidad. De ahí la importancia de contar con el apoyo de un buen asesor financiero de confianza que nos ayude a tomar buenas decisiones. Que nos ayude a estar tranquilos en los momentos de zozobra, cuando arrecia el temporal.

Precisamente por ello, un buen asesor no descansa cuando el mar está calmo. Revisa las velas, refuerza el casco, analiza la ruta. Prepara el barco para que, cuando lleguen los vientos contrarios, el barco navegue firme y con dirección. Sin perder de vista sus metas. Ya sean la jubilación, los estudios de los hijos, cambiar de coche o comprar una vivienda.

Trabajar duro en los momentos de calma