lunes. 15.08.2022

Las 10 conductas ideales de los directivos en 2020

En los años 70 y 80 se valoraba del ejecutivo, entre otras cosas, su agresividad, entendida como su capacidad de resistencia tanto física como mental, su dinamismo y su agilidad para resolver problemas.

 

Se apreciaba y valoraba el papel de 'duro'. Había que provocar y adaptarse a los cambios, el personal de toda la vida se resistía y el recién llegado, el ejecutivo joven y agresivo, tenía que ser la espoleta que revolucionara y pusiera en movimiento al resto de la organización.

 

Pero han pasado los años y las organizaciones se han ido adaptando al cambio. Los mandos, jefes y directivos ya conocen y practican habitualmente esta actitud de cambio constante, ya no es necesario ese revulsivo externo. El mercado es, en sí mismo, el motor que propicia el cambio de las personas que trabajan en las empresas. Hoy al ejecutivo se le valoran, además de su dinamismo y su resistencia física y mental, otras capacidades que en forma de decálogo voy a concretar:

  1. Querer tener éxito. Ser consciente de que uno es contratado no sólo para ocupar unas horas un espacio, un nivel jerárquico o para hacer unas tareas concretas, sino para conseguir los objetivos que se le delegan. Hay que tener la fuerza mental que nos impulse a perseguir el éxito
  2. Saber cómo tener éxito. No basta con querer, con poner todo el esfuerzo físico, mental de tiempo, hay que tener 'know how' es decir, 'saber cómo hacer'. Hoy en día los mercados son cambiantes y la competencia también busca la eficacia. Ello elimina a los que no saben escoger la técnica más adecuada en cada momento. Hay que saber hacer a través del tiempo y aplicar un buen saber hacer distinto en cada momento.
  3. Saber negociar. La consecución de los objetivos lleva a situaciones contrapuestas entre las personas y grupos que rodean. Ello genera conflictos de intereses. El directivo no puede excusarse en las circunstancias, debe resolver los conflictos, y esto solo es posible si se tiene muy claro el objetivo que se persigue, se dominan los argumentos y se controlan las emociones.
  4. Saber escuchar: Entendiendo el escuchar como querer y practicar el hábito de pensar en lo que nuestro interlocutor nos está diciendo, analizando los puntos en que coincidimos y no obsesionándonos en lo que no estamos de acuerdo. Practicar la capacidad de escuchar nos evita tensiones, nos da información, nos ahorra tiempo y nos puede crear coincidencias.
  5. Querer adaptarse a las nuevas tecnologías. Con el fin de seguir satisfaciendo las necesidades de nuestros clientes externos, los que nos pagan las facturas, y los internos, los que dentro de la empresa utilizan nuestros servicios. La formación constante, con la predisposición a cambiar la actitud para ser más útil, es el camino. No olvidemos que el 'management' es la tecnología de dirigir, que también va cambiando para buscar, con su aplicación, el éxito.
  6. Hacerse entender. Organizar la comunicación, saber utilizar las técnicas de la comunicación y escuchar a los muchos callados con éxito, es obligado para el directivo de hoy. Para ello deberá crear un clima amable de atención, pero evitando las confusiones y utilizando argumentos claros y mesurables cuando quiera evitar los malentendidos.
  7. Satisfacer necesidades. Esta es la función de cualquier proveedor, si quiere seguir siéndolo. También el directivo es proveedor de algo, tanto fuera como dentro de la empresa. Su obligación es satisfacer necesidades. Si no lo hace, el mercado abandonará a la empresa y sus clientes internos (jefes, otros departamentos, colaboradores, etc.) le sustituirán.
  8. Buscar la innovación. El mercado está cambiando constantemente fruto de los cambios tecnológicos y de las necesidades. Para seguir compitiendo hay que estar en los cambios. El directivo ha de tener la capacidad de ver las oportunidades. Para ello debe crear un clima de búsqueda de la mejora que nos llevará a la innovación: que la inspiración nos coja buscando mejoras.
  9. 'Hacer hacer' asegurando el éxito. Es decir, delegar. Porque el hacer del directivo incluye el 'hacer hacer' a los demás. Para ello debe saber escoger con quién va a delegar, debe motivar, hacerse entender, saber poner en marcha el plan de acción y el de control correspondientes. No hay que olvidar que el control debe servir para constatar las desviaciones y así poder mejorarlas.
  10. Administrar el tiempo. El directivo de hoy se queja de la falta de tiempo. El del siglo XXII tendrá el mismo tiempo, pero más variables que controlar, para ello debemos analizar cuáles son nuestros 'ladrones del tiempo' y tomar las medidas que nos permitan ahorrarlo.

 

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