La empresa familiar balear no solo sostiene el empleo y la actividad económica del archipiélago; también encierra fortalezas estructurales que explican por qué su supervivencia es una de las más altas de España. Esta es una de las conclusiones más llamativas del informe 2025 de la Cátedra Banca March de Empresa Familiar, el primer análisis integral realizado sobre la EF en la comunidad, basado en datos económico-financieros de más de 7.400 empresas.
Entre los resultados que habían pasado desapercibidos hasta ahora destaca una paradoja reveladora: el tejido familiar balear es menos tecnológico y menos internacionalizado que la media española, pero aun así supera de forma consistente a la empresa no familiar en rentabilidad y estabilidad financiera. Solo el 2,2% de las empresas familiares de las islas operan en sectores de alta intensidad tecnológica —frente al 4,5% nacional— y el 90% no realizan actividad exterior. A pesar de ello, su rentabilidad económica es claramente superior, con un 4,9% frente al 3,6% de las no familiares.
Esta capacidad de generar rendimiento sin depender de la exportación ni de sectores punteros se apoya en un rasgo definitorio: la concentración del capital. El informe señala que el 93% de las empresas familiares de Baleares tienen un único accionista con control mayoritario, una cifra muy superior al 76% registrado en el conjunto de España. Este modelo de propiedad favorece decisiones rápidas, visión de largo plazo y una gestión patrimonial orientada a la estabilidad.
La prudencia financiera constituye otro de los pilares del desempeño empresarial. Las empresas familiares presentan niveles de endeudamiento más bajos que las no familiares (47,7% frente a 53,2%), lo que reduce la exposición a riesgos y les otorga mayor margen de maniobra en ciclos económicos adversos. Esta estrategia conservadora no limita su rendimiento, sino que lo potencia: el retorno financiero para los propietarios alcanza el 10,5%, notablemente superior al 7,9% de las compañías no familiares.
El informe también evidencia que la falta de internacionalización, lejos de penalizar a estas empresas, convive con una tasa de supervivencia extraordinaria. En Baleares, el 81,5% de las empresas familiares continúan activas, una cifra que supera ampliamente la media nacional y es la más elevada de todo el arco mediterráneo. La combinación entre conocimiento profundo del mercado local, gobernanza estable y prudencia financiera parece compensar la escasa actividad exterior.
Otro aspecto relevante es la eficiencia operativa. Aunque las empresas familiares tienen menos activos por empleado que las no familiares, logran extraer mayor rendimiento de ellos. Esta eficiencia se hace especialmente visible en compañías de tamaño mediano y grande, donde la rentabilidad económica supera en más de dos puntos porcentuales a sus equivalentes no familiares. El estudio concluye que las EF baleares “hacen más con menos”, un fenómeno particularmente significativo en un tejido empresarial dominado por micro y pequeñas empresas.
El análisis sectorial añade otra capa a esta radiografía. Comercio, construcción y hostelería concentran más de la mitad de las empresas familiares de Baleares, configurando un modelo empresarial muy vinculado al turismo y los servicios. Al mismo tiempo, la presencia en industrias tecnológicas y actividades de alto conocimiento sigue siendo escasa. Los autores del informe advierten que este desequilibrio supone un reto estratégico en un contexto de transición digital acelerada.
Pese a ello, el modelo empresarial balear proyecta una notable fortaleza. La combinación de control accionarial, endeudamiento reducido, conocimiento del entorno económico y capacidad de generación de rentabilidad sitúa a la empresa familiar como una pieza central del desarrollo regional. La cuestión a futuro no es si este modelo funciona —los datos lo confirman—, sino si será capaz de evolucionar hacia sectores de mayor valor añadido sin renunciar a sus ventajas tradicionales.
El informe de la Cátedra Banca March aporta, en definitiva, una lectura distinta del papel de la empresa familiar: lejos de ser un actor únicamente cuantitativo por su peso mayoritario en el tejido empresarial, se revela como un modelo eficiente, rentable y resistente. Un modelo que, aunque poco internacionalizado y escasamente tecnológico, constituye uno de los principales amortiguadores económicos de las Islas Baleares.
