miércoles. 24.04.2024

La madrugada del domingo día 26 de marzo, el reloj se tendrá que avanzar una hora: a las dos serán las tres. Y si bien parece claro que el cambio al horario de verano supondrá dormir una hora menos, el debate está abierto sobre la conveniencia de eliminar o mantener esta modificación horaria.

Ahora, un estudio publicado por investigadores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de las Illes Balears y del Programa sobre Energía y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) ha cuestionado uno de los argumentos más utilizados para justificar el cambio al horario de verano, como es el ahorro energético.

En el estudio, publicado recientemente en la revista Tourism Management Perspectives, Jaume Rosselló Nadal y Andreu Sansó Rosselló, de la UIB, y Christoph Graf, de la Universidad de Stanford, estiman que el efecto del cambio de horario de verano supone un ahorro energético insignificante en las Islas Baleares, de entre el 1 y el 4 por ciento en el mejor de los casos.

Los investigadores tienen en cuenta varios modelos que tratan de explicar el consumo diario de energía eléctrica desde el año 2007 hasta el 2017 en cada uno de los subsistemas eléctricos, Mallorca-Menorca e Ibiza-Formentera, y en el conjunto de las Islas Baleares. Una de las aportaciones principales del trabajo es la consideración, por primera vez, de la población flotante en un territorio, que permite descontar la población turística.

El horario de verano se implementó por primera vez en Alemania durante la Primera Guerra Mundial con el objetivo de reducir la demanda de electricidad y poder destinar más carbón a la industria armamentista.

Después de la guerra, el cambio se mantuvo en muchos países industrializados y, definitivamente, se popularizó en todo el mundo durante la crisis energética de los años setenta. Desde entonces, se ha mantenido con la creencia de que las fábricas, y, por extensión, el consumo eléctrico regional, se beneficiaban de este ajuste horario.

Aun así, la práctica de cambiar la hora durante los meses de verano ha sido cada vez más cuestionada y, por eso, la Unión Europea ha decidido poner fecha de caducidad a este cambio horario. Los estudios que han tratado de encontrar evidencia sobre el supuesto ahorro energético no han sido contundentes a la hora de ver la evidencia empírica del ahorro energético que implica el cambio horario de verano. Incluso, en algunos casos, se ha descubierto que el efecto del cambio horario era contraproducente.

En cualquier caso, se tiene que tener en cuenta que los estudios se llevan a cabo en lugares concretos y utilizan metodologías diferentes, por lo cual la diversidad de resultados no es nada extraña.

El estudio de la UIB y la Universidad de Stanford ha tomado como referencia las Islas Baleares como ejemplo de sociedad de servicios (en contraposición a las sociedades industriales, supuestamente más beneficiadas con el cambio horario), pero se ha tenido que enfrentar a la dificultad de considerar la población flotante del archipiélago.

Con el uso de diferentes versiones de modelos de regresión de series temporales y estrategias LASSO, los resultados muestran que el establecimiento del horario de verano no supone en algunos modelos un cambio estadísticamente significativo en el consumo eléctrico y que, en el mejor de los casos, este ahorro estaría entre el 1 y el 4 por ciento. Además, el supuesto ahorro energético sería prácticamente inexistente incluso en los días y semanas posteriores al cambio, tanto en el mes de marzo como en el de octubre.

El cambio al horario de verano en Baleares, un fiasco en ahorro energético