miércoles. 24.06.2026

La cultura del esfuerzo en los tiempos de la inmediatez

Vivimos tiempos extraños. Muy extraños, Nunca habíamos tenido tantas oportunidades, tanta información al alcance de la mano y tanta capacidad para conectar con el mundo. Y, sin embargo, cada vez tengo más la sensación de que estamos perdiendo algo esencial: la cultura del esfuerzo.

En los últimos meses he tenido ocasión de conversar con muchos empresarios de Mallorca. Personas que han levantado negocios desde cero, que han pasado crisis económicas, temporadas malas, noches sin dormir y decisiones difíciles. Empresarios de sectores muy distintos, pero todos con una reflexión común: lo que más cuesta encontrar hoy no es talento, sino actitud. Y no hablan únicamente de formación.

Hablan de valores. Valores como la constancia, el sacrificio, la disciplina, la responsabilidad o el orgullo por hacer simplemente las cosas bien hechas. Valores que durante décadas permitieron levantar empresas familiares, generar empleo y construir una sociedad más próspera. Valores que no entienden de ideologías ni generaciones, pero que sí parecen haberse debilitado en una sociedad dominada por la inmediatez.

Porque hoy vivimos en una época donde muchas veces se nos vende que todo debe llegar rápido, fácil y casi sin esfuerzo. El éxito inmediato. El dinero rápido. La satisfacción instantánea. Y mientras tanto, el trabajo silencioso, el aprendizaje lento y la perseverancia parecen haber perdido prestigio social.

Es evidente que las nuevas generaciones afrontan problemas muy reales y muy graves. Negarlo sería profundamente injusto. El acceso a la vivienda en Baleares se ha convertido en el principal muro para miles de jóvenes. Hoy, emanciparse es casi un lujo. Algunos estudios apuntan a que apenas uno de cada tres jóvenes baleares entre 25 y 29 años logra independizarse, atrapados entre salarios insuficientes y unos alquileres desorbitados.

Y, sin embargo, precisamente por eso necesitamos recuperar una mentalidad basada en el esfuerzo y la construcción de futuro. Porque ningún territorio puede prosperar únicamente desde la resignación.

La economía balear sigue mostrando fortaleza. El PIB continúa creciendo por encima de muchas regiones europeas y el empleo mantiene cifras récord. Pero detrás de esos datos también aparecen señales preocupantes: problemas de productividad, dificultad para encontrar profesionales cualificados y una excesiva dependencia de determinados sectores.

Y aquí surge una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué sociedad queremos construir dentro de diez o quince años? Porque si educamos a generaciones enteras pensando que el esfuerzo no merece la pena, que emprender es demasiado arriesgado o que fracasar es algo vergonzoso, estaremos hipotecando nuestro futuro económico y social.

Necesitamos volver a transmitir que equivocarse forma parte del camino. Que fracasar no es perder; perder es ni siquiera intentarlo. Que las grandes empresas no nacen de la comodidad, sino de la capacidad de resistir, adaptarse y volver a levantarse.

Baleares necesita más emprendedores. Más jóvenes capaces de transformar una idea en un proyecto. Más personas dispuestas a asumir riesgos, a innovar y a crear valor. Y eso no se consigue únicamente con ayudas públicas o discursos institucionales. Se consigue desde la educación, desde las familias y desde la cultura colectiva.

Hay que fomentar el espíritu emprendedor en los colegios, en los institutos y en la formación profesional. Hay que explicar a los jóvenes que crear una empresa también puede ser una forma de transformar la sociedad. Que generar empleo tiene un enorme valor social. Que levantar un negocio desde cero exige sacrificio, sí, pero también puede convertirse en una de las experiencias más enriquecedoras de la vida.

Durante demasiado tiempo hemos transmitido la idea de que el objetivo máximo era encontrar estabilidad y comodidad. Y aunque ambas cosas son legítimas, una sociedad que pierde el hambre de crecer, de innovar y de esforzarse acaba entrando lentamente en decadencia.

El progreso nunca ha sido fruto de la casualidad. Siempre ha nacido de personas inconformistas, trabajadoras y perseverantes. Tal vez ha llegado el momento de volver a reivindicarlo sin complejos.

Porque el futuro de Baleares no dependerá únicamente del turismo, de la inversión extranjera o de las cifras macroeconómicas. Dependerá, sobre todo, de los valores sobre los que decidamos construir nuestra próxima generación.

La cultura del esfuerzo en los tiempos de la inmediatez