jueves. 18.07.2024

Nuestra planta hotelera, de primera

Arrancada oficialmente la temporada con una Semana Santa con cifras de ocupación del 70% en la planta hotelera de Mallorca, no me cansaré de destacar nuestro destino (si no lo defendemos desde casa…) y, en este caso en concreto, la calidad de nuestros hoteles.

Es cierto que tenemos problemas de falta de personal, comunes a prácticamente todos los sectores, o que la inflación está costando mucho dinero a ciudadanos y empresas restando poder adquisitivo desde hace ya más de un año... Así con todo, el esfuerzo de los empresarios hoteleros por mejorar servicios, infraestructuras e instalaciones es digno de alabar.

Especialmente cuando lo comparas con otros destinos y/o ciudades. Valga un ejemplo. Semanas atrás, ya rozando la llegada de las vacaciones de Pascua, un grupo de jóvenes se desplazó a tierras castellanas para participar en un campeonato nacional de danza.

La ilusión y las ganas depositadas por las adolescentes pueden con todo, incluso con la nefasta experiencia vivida en su hotel de alojamiento. No entro en precios y/o categorías, si no en las más elementales normas de atención que brillaron por su ausencia: suciedad, agua fría, horarios inalterables cuando la expedición mallorquina era la única residente o atención al público rayando lo inaceptable (omitiré dar más detalles) son el resumen de la experiencia vivida, un daño colateral que, afortunadamente, no empañó la feliz experiencia.

Pero que me hizo pensar en lo bien acostumbrados que estamos en Baleares, donde exigimos y hemos normalizado que el trato roce la excelencia, como así sucede de forma general.

El ejemplo citado contrasta con lo que disfrutamos en Baleares. Me encanta conocer nuestros hoteles, tengo la suerte de hacerlo a menudo, bien por trabajo o bien por descanso u ocio familiar. Así que hablo desde mi propia experiencia. La última, en Menorca, en un hotel recién restaurado de Mahón donde, con pocos clientes por su reciente apertura, fuimos tratados con total exquisitez, amabilidad y, especialmente, me agradaron las ganas de trabajar y cuidar a la clientela desde la dirección al último empleado. Lo que debería ser un mínimo común denominador del sector hotelero en general, pero que no apreciamos lo suficiente cuando se convierte en normalidad.

Son muchos los pequeños hoteleros, los empresarios que se la juegan cada temporada –dejo a un lado las grandes cadenas, nuestros referentes en Baleares y que se diversifican por medio Mundo, que también son ejemplos y que ya disfrutan de un reconocimiento universal-, los que han apostado o apuestan por renovar sus complejos, como comentaba anteriormente. Y los que permiten que seamos los propios residentes los que también disfrutemos de su calidad, de la gastronomía o de los privilegiados accesos a nuestras costas que muchos de ellos cuidan concienzudamente.

Y, por si esto no fuera suficiente, están empecinados en lograr alargar la temporada, en apostar por la tan manida desestacionalización, palabreja utópica de realidad posible. Así fue en 2022, con una temporada alta que llegó hasta mediados de noviembre, quizás por las ganas de la primera temporada post Covid, pero que parece que ha tenido continuidad este año, con aperturas masivas desde marzo. Lo podremos comprobar a finales de este prometedor 2023.

Los empresarios están dispuestos. Si conseguimos mayor conectividad en los meses de temporada baja, si la oferta complementaria también se adapta, se renueva y ofrece un servicio acorde con el cambio de ‘look’ hotelero, si apostamos también por el turismo cultural, deportivo y/o gastronómico de forma decidida de una vez por todas… nuestro destino puede llegar a ser top durante 9 o 10 meses al año.

Sin excluir categorías, tenemos los ingredientes para dar por fin ese salto de calidad de la mano de la economía circular que genera tanta unanimidad entre los distintos actores sociales. Este cambio de mentalidad que durante tanto tiempo nadie se atrevió a liderar nos permitirá seguir siendo referentes turísticos, un modelo a seguir… sin morir de éxito.

Nuestra planta hotelera, de primera