jueves. 18.04.2024

Emilio Innobar y su cocina de fusión

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El cocinero Emilio Castrejón llegó a Palma de Mallorca con una dilatada experiencia culinaria en la mochila. Y con el tiempo su cocina ha quedado determinada por dos circunstancia personales. Su origen mexicano y sus doce años de experiencia en Japón. A la cocina “nikkei”, esa fusión de cocina peruana y japonesa tan popular, Emilio le ha añadido sus raíces mexicanas y también las costumbres mediterráneas adquiridas. Le dio un nombre, “fine fusión”, y apostó por él. Y dio en el clavo.

 

El restaurante está situado en los bajos de una enorme casa señorial mallorquina. Antiguos arcos y columnas de piedra se mezclan con una decoración sencilla y moderna. No hay carta al uso ni menú degustación sino simplemente catorce platos que casi nunca cambian. El inconveniente de la poca variación se contrarresta con la ventaja de tener los platos muy trabajados.  Una especial atención merece la carta de vinos. Más de cien referencias entre vinos, cavas y champanes. Aunque hay que lamentar la poca presencia de vinos locales. Con tan solo 14 platos Emilio Innobar ha conseguido convertirse en un referente en la ciudad. Todos están pensados para compartir. Y van desde los 19 euros el más barato a los 45 el más caro.

 

 

El primer plato elegido es el ceviche de langostinos. Un ceviche peruano clásico al que Emilio le ha dado su particular toque de color mexicano. Ahí están las tortas de maíz en forma de nachos y  el picante de la guindilla.

El segundo plato es el bogavante en salsa de tamarindo. Abierto en dos mitades. La carne de las de las pinzas del bogavante ya viene extraída, compacta, entera, perfecta. Sabia unión la del crustáceo con la salsa de tamarindo y también la base, fresca y ácida, de tomate y cebolla aliñada.

 

 

Luego viene la ternera Koreana que recuerda mucho a la ternera con salsa de ostras. Los trozos, tanto de solomillo como de pimiento y cebolla, son grandes y están salpicados de semillas de sésamo y de soja.

 

Todos los platos del restaurante Emilio Innobar, incluido el postre, tienen algo en común. Buena presentación del plato y muy buena imagen visual. En la imagen juega un papel relevante la paleta de colores de los platos. Son platos coloristas, atractivos a la vista, seductores. Los sabores están muy definidos y potenciados. Y el producto es de calidad.

 

Emilio ha sido inteligente. En sus inicios apostó por un estilo propio, su “fine fusion”, muy innovador en aquel momento, y desde entonces le ha sido fiel. Ha hecho una reducida selección de platos que domina a la perfección y que hoy día son sus señas de identidad.

Emilio Innobar y su cocina de fusión