Pocas industrias están cambiando tan rápido como la automoción. La irrupción de las marcas chinas, la electrificación acelerada, las nuevas normativas europeas, la digitalización y el auge de la movilidad por suscripción han alterado en apenas unos años un negocio que durante décadas parecía moverse a un ritmo mucho más previsible.
En medio de esa transformación, la mallorquina One Motors ha elegido un camino poco habitual: crecer despacio y con 'seny', proteger su reputación y priorizar la relación con el cliente por encima de las oportunidades que puedan surgir en cada momento.
“Nunca nos han gustado las inversiones desmesuradas. Hemos ido paso a paso”, resume su CEO, Lluís Pol. “Al final, lo que ponemos en juego es nuestro nombre, y eso obliga a ser prudente”.
Una empresa profundamente mallorquina
La conversación deriva rápidamente hacia Mallorca. Pol habla del Festival Cap Rocat y, casi sin darse cuenta, acaba describiendo la manera en la que entiende también su empresa. “No somos mucho de patrocinios ni de grandes campañas, pero cuando aparece algo que tiene un valor patrimonial especial para la isla, nos gusta colaborar. No hay tantas cosas verdaderamente especiales en Mallorca”.
Esa es la razón por la que One Motors decidió convertirse por segundo año consecutivo en benefactor del festival impulsado por la Fundación Madina Mayurqa. Más que una acción de marketing, la compañía lo entiende como una forma de apoyar un proyecto cultural que considera singular dentro del panorama balear.
La misma idea aparece una y otra vez durante la entrevista: la importancia del arraigo, de las relaciones personales y de una forma de hacer empresa donde la palabra dada sigue teniendo valor.
El sector más imprevisible de las últimas décadas
Pol define el momento actual de la automoción con una expresión sencilla: “Está totalmente disruptivo”. A la presión regulatoria europea se suman las exigencias en materia de emisiones, la aceleración de la electrificación y la llegada de nuevos fabricantes internacionales. Todo ello en un mercado como el europeo, donde el crecimiento es limitado y donde cada nueva marca compite por una porción de un pastel que apenas aumenta de tamaño.
“Antes había unas pocas decenas de marcas y ahora aparecen muchas más. Cada vez hay más oferta y el cliente tiene más opciones, pero eso también obliga a todos a ser mejores y a innovar más”.
Para el directivo, además, ha cambiado la propia relación de las nuevas generaciones con el automóvil. Si hace años el coche simbolizaba independencia y libertad, hoy muchos jóvenes priorizan viajar, acceder a una vivienda o disfrutar de experiencias antes que comprar un vehículo en propiedad.
Ese cambio de hábitos explica el crecimiento del renting, de las fórmulas de suscripción y de los servicios de movilidad flexible, que ya representan una parte cada vez más importante del mercado.
Una estrategia distinta ante la ola china
Mientras otros grupos han optado por incorporar rápidamente nuevas marcas procedentes de China, One Motor ha preferido mantener una posición mucho más selectiva. No se trata, asegura Pol, de rechazar la tecnología ni de cuestionar la calidad de esos vehículos. La cuestión es otra: garantizar que el cliente seguirá recibiendo el servicio prometido dentro de cinco o diez años.
“Nos debemos a nuestros clientes. Si una marca no nos sirve bien a nosotros, nosotros no podremos servir bien a nuestros clientes. Y quien da la cara al final somos nosotros”.
La reflexión va más allá de la mecánica. Un automóvil actual incorpora un nivel de software, conectividad y gestión de datos impensable hace una década. Para Pol, la gran incógnita no es únicamente quién fabrica el vehículo, sino quién será responsable de mantener todo ese ecosistema tecnológico durante los próximos años.
Por eso el grupo prefiere apoyarse en fabricantes con una trayectoria consolidada y con una estructura de servicio suficientemente robusta antes de comprometer su propia reputación.
Diversificar sin perder la identidad
One Motors opera actualmente con cinco marcas y ha extendido su actividad más allá de Baleares con presencia en Málaga y Marbella, mercados que la compañía considera muy similares a Mallorca por su perfil turístico, residencial y económico.
La expansión respondió a una idea sencilla: diversificar geográficamente sin perder el foco. En lugar de sumar marcas de manera indiscriminada, el grupo decidió crecer en otros territorios manteniendo una estructura que pudiera seguir gestionando de forma cercana.
“A veces me preguntan cómo hay grupos capaces de llevar veinte o treinta marcas. Yo ya tengo suficiente con cinco. También hay que tener tiempo para vivir”.
La frase, pronunciada entre risas, resume bastante bien la cultura empresarial que describe durante toda la conversación: ambición, sí, pero sin renunciar a cierta calidad de vida y a una gestión controlada.
Del coche en propiedad a la movilidad
Si algo tiene claro el CEO de One Motors es que el negocio ya no gira únicamente alrededor de vender automóviles. Las empresas demandan cada vez más renting, muchos particulares prefieren cuotas mensuales que incluyan mantenimiento y garantía, y surgen nuevas fórmulas de alquiler de media y larga duración que permiten disponer de un vehículo solo cuando realmente se necesita.
“La gente ya no quiere tantas sorpresas. Prefiere saber lo que pagará cada mes y poder adaptarse si su situación cambia”. En ese escenario, el automóvil deja de ser exclusivamente una propiedad para convertirse progresivamente en un servicio. Y esa transformación obliga a los grupos del sector a repensar completamente su papel.
Cap Rocat y la idea de construir algo que permanezca
Quizá por eso la colaboración con el Festival Cap Rocat tiene tanto sentido para la compañía. Pol reconoce que le atrajo precisamente aquello que resulta más difícil de encontrar: un proyecto cultural capaz de convertirse en un patrimonio de la isla y de generar una experiencia verdaderamente singular.
“Es una manera de colaborar con algo que te satisface personalmente y de sentirte parte de algo muy especial”.
En un momento en el que la tecnología acelera todos los procesos y las empresas viven sometidas a una presión constante por crecer más rápido, One Motor parece reivindicar una idea distinta. Que todavía es posible construir una compañía a la mallorquina: con prudencia, con relaciones de largo recorrido y con la convicción de que la mejor inversión sigue siendo aquella que permite mirar a un cliente a los ojos y cumplir exactamente lo que se le prometió.
