miércoles. 19.06.2024

La publicidad me hace odiar tu marca

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Si algo está en boca de todo directivo moderno que se precie es el término “propuesta de valor”. Adjetivos como “disruptivos”, “cercanos”, “innovadores” son un imprescindible en nuestras presentaciones y páginas web pero, ¿cuántas de esas empresas transmiten valor en sus medios? ¿cuántas se atreven con algo completamente diferente? ¿Cuántas han inventado realmente algo único?

Quizá, de todos estos adjetivos el que más me exaspera es “de diseño”, como si todos los productos no se diseñaran. Otra redundancia de tantas, léase la ironía.

Un típico muro contra el que me enfrento a la hora de tomar las riendas de un proyecto de marketing digital en mi agencia Ximbomba (www.ximbomba.com) es esa necesidad imperiosa de hacer uso de las estrategias de publicidad más estandarizadas. Aunque tengamos presente el inbound marketing, esos micro-viejismos siguen aflorando como herencia cultural en nuestra sociedad. Y lo noto en la necesidad de generar contenido en medios sociales publicitando reiteradamente nuestros productos.

Tenemos claro lo que queremos para nosotros. No nos gusta la publicidad en general. No nos gusta que nos interrumpan. No nos gusta el diseño de producto por que sí, como un “admírame y punto”. En una sociedad cada vez más fugaz, no nos gusta dedicar nuestro tiempo a algo que no nos interesa.

Y en el caso de sentir cariño por una marca, sabemos que del amor al odio hay un paso y no nos gusta que nos asedien con contenidos de marca.

En definitiva, no nos gusta todo aquello que no nos aporte. Y sabiendo esto, ¿por qué seguimos cometiendo los mismos errores?

Seguimos anunciando nuestros productos y servicios en general sin personalizar la experiencia, seguimos mostrando imagen de producto virgen que no aportar a la comunidad, seguimos enviando tropecientos emails por semana y taladrando en rrss. Seguimos vendiendo lo mismo de la misma manera. Oiga, la creatividad se tiene que hacer así y así.

Citando una de las frases que más me gustan de Tolo Gomila, reconocido empresario de las islas con el que tenemos el placer de trabajar en la agencia, “la objetividad no está in house”. Muchas veces no podemos ver un error con claridad, quizá porque estemos demasiado cerca.

Ya sea sorprendiendo al que no lo necesita, dando alas al que lo desea e informando solo a quién lo precise, la cosa es tan simple como pensar en aquello que de verdad te gustaría ver y hacerlo.

Si algo aprendí en el arte de la seducción es que de nada te va a servir pretender ser algo que no eres. Sería absurdo pretender ser el más guapo, el más listo o el más moderno siendo del montón, pero seguro que somos geniales en otros aspectos que pueden decantar la balanza. No hay valor más importante que el de ser real para conectar con alguien. La clave está en potenciar aquello en lo que eres bueno, aquello que te hace destacar. De esa manera, el no tan agraciado es gracioso, el no tan macarra es bondadoso y el no tan extrovertido es un mundo por descubrir, consiguiendo todos su anhelada cita.

La publicidad me hace odiar tu marca